domingo, 23 de octubre de 2022

"1917" de Sam Mendes: Un día de dos cabos ingleses en la infinita red de trincheras de la Primera Guerra Mundial

Queridos Cinéfilos:

A las 10:00 de esta noche van a emitir en TVE1, hace meses ya lo hizo TELEMADRID y creo que os circulé un "aviso" de ello, "1917", la última película que vi en un cine, en febrero de 2020, antes de que nos llegara la pandemia a todos, y a algunos también desgracias no menores, sobre la que voy a hacer un rápido comentario para que los que no la conozcáis ya podáis, si os interesara leerlo, decidir si verla o dedicar a otra cosa esas dos horas.

Veinte años después de ganar el Óscar al Mejor Director por "American Beauty", Sam Mendes se pone al mando, en este caso, de un largometraje bélico que tiene lugar en plena Primera Guerra Mundial

Recuerdo que esta película tenía diez nominaciones a los premios Oscar, pero sólo consiguió tres "técnicos": Mejor Fotografía, Sonido y Efectos visuales.

Tuvo más éxito en los Globos de Oro, ya que ganó los de Mejor Película Dramática y Mejor Director, que la rodó excelentemente, simulando hacerlo en un único plano-secuencia a lo largo de toda la acción, con magnífica ambientación y buena interpretación de sus dos protagonistas, en realidad todos los demás personajes son muy secundarios.

Mi opinión es que formalmente es muy buena, aunque como obra integral tengo que bajarle mi nota hasta un 8, fundamentalmente porque  en su guion (que sabéis repetidamente que para Kurosava y, mil escalones de fiabilidad por debajo, para mí es esencial en la calidad global de una película)  hay algunas situaciones y circunstancias muy poco creíbles, como (espero no desvelar nada significativo):

  • Que una muy joven madre  ¿¡continúe viviendo completamente sola con su bebé?! en un pueblo completamente destruido y abandonado por sus habitantes,  en primera línea de combate y en medio de bombardeos artilleros. .
  • Que el piloto de un avión alemán derribado, tras un aterrizaje de emergencia, casi destruyendo el aparato, se levante tan campante, cuando debería tener las piernas rotas o con daños equivalentes, pistola en mano para enfrentarse a dos soldados enemigos armados y sea capaz de...  
La acción se desarrolla durante veintitantas horas en el frente te noreste franco alemán en 1917, donde dos jóvenes cabos del Cuerpo Expedicionario británico, al estar cortadas las líneas telefónicas propias, tienen la misión de atravesar una amplia "zona de nadie" en la línea de fuego para entregar urgentemente un mensaje vital al comandante de un regimiento propio, donde se le ordena  que suspenda un ataque ya previsto que se convertiría en una carnicería al estrellarse contra  una concentración enemiga muy superior. Para mayor dramatismo, en dicho unidad está destinado como oficial el hermano mayor de uno de de los cabos, lo que hace que tenga el máximo interés en llegar a tiempo.

Como suelo hacer, recojo opiniones de varios críticos profesionales:

En ABC, Oti R. Marchante calificó: «1917»: Un milagro de precisión y un prodigio de mirada 

En El Mundo, Luis Martínez: Una película que vibra, tan consciente de la enormidad de lo narrado como atenta a los gestos que configuran la cotidianidad, la emoción y hasta la rabia 


Creo que os gustará.

Buen Cine, Amigos.

Manrique

martes, 11 de octubre de 2022

Arrivederci, Salvo Montalbano

 

Salvo Montalbano, que podría ser primo mío
Bueno, Salvo, no nos queda más remedio que despedirnos porque esta noche nos dejas y supongo que mañana vuelves a tu querida Sicilia, después de haber pasado el largo y cálido verano en España (gracias a una inteligente invitación del ex presidente de RTVE, ahora ya "dimitido" por el Gobierno tras haber conseguido, gracias a tu colaboración, que por primera vez en la historia La 2 haya superado en audiencia a su hermana mayor TVE1 en las noches de los martes, mejorando el share agregado de TVE) donde me consta que te has sentido tan "en casa" como yo lo estuve en tu isla, que tomé por "prima" de Andalucía cuando la descubrí en 2009, según comenté, muy brevemente, aquí.

Quiero agradecerte el  relato de tus casos que nos has regalado durante las largas sobremesas de las cenas que hemos compartido este verano, magníficos para muchos y para mí, no sólo por la resolución de los sudokus de las complejas tramas de los crímenes (como siempre ocurría en "los trabajos de Hércules", aquí me refiero a los del famoso detective belga, pero inglés de adopción, que amadrinó doña Agatha, no al hijo de Zeus) sino destacadamente por el profundo análisis que realizas de la psicología siciliana de los personajes con los que has tenido que tratar en tus casos, resultado del crisol de culturas y espíritus mediterráneos de esa isla, modo de ser y pensar que me resulta muy fácil de entender, y hasta de compartir, probablemente por la consanguineidad debida a mi 50% de herencia andaluza.

Nunca te he preguntado cuáles han sido tus casos favoritos, pero me voy a atrever a hacer mi selección, que aquí desvelo, en orden cronológico, por si los que no los conocen quieren alguna vez  descubrirlos (selección sin considerar el último, que nos desvelarás esta noche, a ver cómo resulta):

    Con Livia, la "original"
  • LA FORMA DEL AGUA
  • EL PERRO DE TERRACOTA
  • MANOS DE ARTISTA
  • LA NOCHEVIEJA DE MONTALBANO
  • EL OLOR DE LA NOCHE
  • DERECHO A RÉPLICA
  • LA PACIENCIA DE LA ARAÑA
  • EL JUEGO DE LAS TRES CARTAS
  • UN NIDO DE VÍBORAS
  • UN DIARIO DEL 43                                                                  

¿Me equivoco si apuesto a que el más entrañable para ti, Salvo, para mí lo es, es el de la Nochevieja cuando, tras resolver un muy siciliano asesinato, con la colaboración de Catarella, consigues que tu fiel asistenta Adelina disfrute de una Cena de Nochevieja acompañada por todos sus hijos, sin que falte Pasquale. Obviamente Catarella y tú mismo también asistís, porque en esa celebración no podías perderte los arancinis de Adelina, para ti ¡¡los mejores del mundo!! El estrambote final de ese capítulo es lo más siciliano y entrañable que puedo imaginar.

Y hablemos de las mujeres que nos has presentado: 

Con Ingrid

  • Me encanta la fresca  picardía de Ingrid, inusual sueca trasplantada a Sicilia, que te echa una mano para resolver algunos de tus casos y seductoramente te tienta … de vez en cuando.
  • Psicológicamente me parecen interesantísimas las asesinas que has descubierto, desde una fiel empleada, sacrificada enamorada y digna de lástima, hasta una rica esposa, ferozmente vengativa por despecho; de la fríamente calculadora que planea y participa en una cruel carnicería, nunca mejor dicho, a la más abyecta y degenerada, que actúa en su entorno familiar. Todas ellas muy sicilianas, acompañadas por un coro de docenas de secundarias, impagables en su verosimilitud.
  • He dejado para la última a Livia, tu culta y muy atractiva novia genovesa, ciertamente nieta del gran director de orquesta  Karl Böhm, supongo que rubia por su herencia austriaca, capaz de mantener contigo diálogos profundos, como cuando te echaba en cara, al final de LA FORMA DEL AGUA, la pregunta/acusación de si te creías Dios, por cómo cerrabas el caso. Te dejó muy pensativo. 

Lo que ahora desvelo a mis colegas, los Cinéfilos que te siguen, porque casi nadie lo sabe en España, es que Livia rompió contigo, harta de que la plantaras en la víspera de viajes de vacaciones o incluso en la antes citada nochevieja por tus casos urgentes. Tú, talludito y amoscado, te has apañado con una nueva novia que, por lo que conozco de ella, me parece a mí desmerece mucho de la anterior. Hasta pienso que la has escogido porque también se llama Livia, pero ésta es mucho más "liviana" y.... Tú verás. Yo recuerdo y añoro a la Livia-Katharina Böhm.

Con Catarella, Fazio y Mimi Augello
Pero no me puedo ni quiero olvidar de tus principales amigos y compañeros: 
  • Del inspector Fazio: Tu leal subordinado capaz de realizar el trabajo de campo, estando permanentemente a tus órdenes, lo que no le impide advertirte, privada y honestamente, cuando cree que vas a cometer un error o un acto presuntamente impropio, como ocurre, por ejemplo, explícitamente en UN NIDO DE VÍBORAS.
  • El subcomisario Domenico Augello, Mimi: Tu segundo, gran amigo y compañero, además  de ser el más simpático y atractivo "Don Juan" de Vigata. Espero que no lea esto su esposa Beba, que como todas las sicilianas es muy celosa, como tú sabes mucho mejor que yo.
  • El singular agente Catarella: Hace falta verlo, fiel, voluntarioso, confunde los apellidos y, asombrosamente, es hábil como tu auxiliar informático, donde tú flaqueas, confiesa.
  • El Dottore Pasquano: Gruñón, pero muy experto forense que  siempre te lanzaba  puyas antes de darte el más preciso dictamen técnico. Tu congénere perfecto para comer cannolis, hasta que hace muy pocos años falleció. ¡Menudo homenaje le hicisteis en la comisaría!
  • Niccoló Zito: Honesto periodista al frente de una humilde cadena local de TV en Vigata, amigo tuyo desde hace muchos años, que te hace favores a demanda, de todo tipo, a través de las ondas para ayudarle a resolver tus casos.
  • Y hasta Don Balduccio Sinagra: Desde luego no amigo tuyo, siendo él un anciano jerarca de la mafiosa familia Sinagra, pero te respetaba y, hasta cierto punto, tú también a él por mantener su particular código ético, lo que, en algunos casos, le convirtió en tu cooperador, no de la Justicia, pero sí de ti y, a través tuya, de ella.
Comiendo los arancini de Adelina, con Pasquale detrás a la izda
Bueno, Salvo, como esta noche es tu despedida definitiva de España, excepcionalmente desde la insulsa  e innecesaria TVE1, no desde La 2, que ha sido siempre nuestro canal, con la emisión del capítulo correspondiente a tu último caso antes de jubilarte, EL MÉTODO CATALANOTTI, pero a las 22:50 y después de una "cosa indigerible" llamada "Momentos Masterchef", que ni siquiera va a incluir ni una sola receta siciliana, desprecio que apuntaremos en el "debe" de la recién nombrada, in pectore e ingrata, nueva presidenta de RTVE, que no me ha invitado al acto (a pesar de que estoy seguro de que soy  el más fiel defensor de La 2 en este Foro y otros muchos ámbitos recomendando sus mejores programas y siendo la serie italiana de tus casos el que más he elogiado en mis comentarios desde 2013, cuando lo descubrí),  me despido de ti ahora y aquí confesándote algo: creo que nos parecemos mucho, no solo por nuestra nula cabellera, entusiasmo gastronómico o afición a la natación (claro que tú, como un señor,  en el Mediterráneo justo a la puerta de tu casa y yo en piscina, pero me he hecho 1700 mts por día este verano, que conste, y a 1400 de altura), eso es lo de menos, nos parecemos porque te entiendo perfectamente y comparto tus decisiones al 99%, quizás no al 100% por cuando te cargaste a aquel maldito y despreciable traficante de órganos de niños por la espalda, claro que sí comprendo que lo hiciste en caliente y cuando él escapaba tras herirte seriamente. Pensándolo bien, a lo peor, yo también lo hubiera hecho.

Arrivederci, Salvo, con mi más fuerte y fraternal abrazo mediterráneo.

Manrique.

PD1. No puedo terminar sin expresar mi frustración por no haber podido homenajear a Andrea Camilleri, en vida. Tu "padrino",  como le corresponde tener a todo siciliano. ¿O era para ti algo más?
Bueno, al menos su obituario ya lo hizo en este Foro Ana Díaz, y también quiero recordar el que le dedicó Pedro García Cuartango en ABC, comentario que suscribo de principio a final, como me suele pasar con casi todos los suyos. DEP, Andrea Camilleri.
 
PD2 (específico para los Cinéfilos): Si queréis ver "a la carta" uno, varios o todos los casos de Montalbano, los tenéis disponibles, gratis y en alta definición, en este enlace de RTVE Play, presuntamente hasta el 31.12.2023, pero como comprobaréis esa fecha general no se corresponde con las muy variadas que se indican para cada capítulo.
Subrayo que, a pesar de que les advertí por escrito, hace ya dos semanas, de que tenían un estúpido error en el título del capítulo 28, que figura en esa web como LA PIRÁMIDE DEL BARRIO en vez del correcto LA PIRÁMIDE DE BARRO, a fecha de hoy siguen sin corregirlo.

viernes, 26 de agosto de 2022

Muerte con pingüino

A mitad de una cualquiera de las olas de calor que hemos sufrido este verano, que nos vienen a confirmar los pronósticos del Panel Internacional sobre el Cambio Climático, he leído esta novela del ucraniano Andrei Kurkov, nacido el Día del Libro en una ciudad que entonces se llamaba Leningrado, en un país que ya tampoco es la Unión Soviética.

¿Por qué entonces digo que es ucraniano? Pues en parte por exclusión. No podemos decir que sea “soviético”, pues ese ya no es el gentilicio de ningún país; en Rusia no está muy bien visto por las autoridades; ha vivido desde joven en distintas ciudades ucranianas y varios de sus libros transcurren en esta república hoy víctima del expansionismo ruso.

La novela tiene muchos aspectos interesantes. En cuanto al ambiente en que se desarrolla, describe muy bien la vida en cualquier país de la antigua URSS una vez se derrumbó el imperio: corrupción generalizada, rápida desaparición de todos los servicios públicos, surgimiento de las mafias, aumento vertiginoso de las desigualdades sociales… Si habéis tenido la suerte de visitar algunas de estas repúblicas lo habréis podido comprobar; si no, aquí podéis leer alguno de mis cuadernos de viaje por la Ruta de la Seda, Rusia o Georgia.

Desde un punto de vista más literario, el pingüino Misha, adoptado por el protagonista durante la liquidación del zoo de Kiev por falta de fondos, sirve de contrapunto humanizado a todas las desquiciadas aventuras por las que pasa el protagonista, un escritor y periodista arruinado y abandonado por su novia, en el que muchos quieren ver un alter ego del propio autor.

La tensión del texto va creciendo, desde el encargo de esquelas de personas todavía vivas a la participación (muy bien pagada) del pingüino en funerales de mafiosos.

El final, tan disparatado como coherente, te deja con ganas de seguir leyendo.


Resumiendo, una obra muy recomendable.

Si queréis saber algo más, ahí van algunos enlaces. Pero nada como leerla.

Leer sin prisa

Blackie Books

lunes, 15 de agosto de 2022

Cidade de Deus

     Acabo de ver (creo que por tercera vez) la película brasileña Cidade de Deus (en español, Ciudad de Dios), dirigida por Kátia Lund y Fernando Meirelles y estrenada en 2002. La película se centra en la guerra entre las bandas de Zé Pequeno y Mané Galinha, desarrollada en una favela de Río de Janeiro llamada «Ciudad de Dios», a lo largo de los años sesenta, setenta y ochenta.

    En 2004 esta película recibió cuatro nominaciones a los Óscar (mejor director, mejor fotografía, mejor montaje y mejor guion adaptado). También fue nominada para un Globo de Oro a la mejor película extranjera

    La película, con ser impactante, violenta, sociológica, tierna y brutal a la vez, me resultó doblemente atractiva por cómo se detectan en ella diversas técnicas literarias utilizadas en su guion. No sé cómo se reparte ese mérito entre Pablo Lins, autor de la novela homónima en la que se basa la película, y Braulio Mantovani, autor del guion. Curiosamente, en 2005 el mismo Meirelles dirigió “El jardinero fiel”, basada en la novela de John le Carre, y en 2008 “Ceguera”, a partir del Ensayo sobre la ceguera de Saramago.

    El arranque de la película, a base de imágenes sincopadas y aparentemente inocuas, nos muestra en muy pocos minutos al protagonista, Buscapé, aspirante a fotógrafo; a las calles y habitantes de la favela, ubicada detrás de la famosa Barra de Tijuca; a las fuerzas antagónicas que, como en las tragedias griegas, muestran dos aspectos de la misma realidad violenta, y a la víctima inocente, una gallina que intenta escapar a su destino. Porque el tema de la película-guion-novela creo que es ese, precisamente, el destino y la lucha perdida de todos los protagonistas por escapar del suyo.

    Después del arranque viene un monólogo del narrador que dosifica una perfecta analepsis hasta situarse veinte años atrás, en la infancia de Buscapé. A lo largo de la historia se pasa revista a muchos de los problemas del Brasil de la época, que perduran en el de hoy por mucho que lo niegue Bolsonaro. La pobreza absoluta, la marginación social y espacial cuidadosamente planificada por el Estado, la descontrolada violencia policial, la desestructuración familiar, la violencia específica contra las mujeres, el tráfico de drogas, la corrupción, las bandas de delincuentes que luchan por el control de las favelas a cambio de una relativa seguridad para sus habitantes, las armas, los niños asesinos…

    Y no pensemos que la novela/película es un simple catálogo inconexo de crímenes y criminales. Cada episodio, cada secuencia, está perfectamente encajado con los demás y sirve para acercar al lector/espectador a una realidad tan difícil de comprender.

    En el transcurso de la historia van apareciendo otros personajes (quizás demasiados), algunos con un pasado duro, todos con un presente intenso y casi ninguno con un futuro feliz.

    Las mismas imágenes del arranque sirven para cerrar la historia, en una revisión que ahora se entiende de una manera diferente.

    

    Si antes o después de ver la película queréis leer la novela en la que se basa, hay al menos una edición en portugués (Companhia das letras, 2002) y otra en español (Tusquets, 2003).

    

    Paulo Lins, habitante de la favela carioca en que transcurre su novela, comenzó escribiendo en los años ochenta como miembro del grupo Cooperativa de Poetas, con quien publicó su primer libro de poemas.

    Tras el estreno de esta película, escribió varios guiones para episodios de teleseries y para un par de películas. En 2012 publicó su segunda novela, Desde que o samba é samba, centrada en el nacimiento de la samba en el Rio de Janeiro de los años 20.

sábado, 16 de julio de 2022

"ASCENSOR PARA EL CADALSO" (1958, dirigida por Louis Malle): Para mí, obra cumbre de la "Nouvelle vague" francesa.


Queridos "Cinéfilos":

¿Por qué os voy a comentar ahora, en una tórrida tarde de sábado en el verano de 2022,  una película francesa de 1958, "Ascensor para el cadalso" (traducción exacta de su título francés,  "Ascenseur pour l'Echafaud") de la que me temo que su nombre no os dice nada al 80% de vosotros?

Por las siguientes razones: 

1. Porque la dirigió uno de los cineastas franceses que más admiro, Louis Malle, autor también de otras magníficas  películas, de las que citaré sólo tres para completar mi propuesta de póker entre las suyas: "Atlantic City" (1980 León de Oro en Venecia y cinco nominaciones al Oscar); "Adiós, muchachos" (1987 León de oro en Venecia y dos nominaciones al Oscar, para mí, excepcional) y "Herida" (1992, una nominación al Oscar, y en mi opinión con una de las más dramáticas/patéticas escenas rodadas en la Historia del Cine que he visto en mi vida: el brutal descenso de Jeremy Irons por una escalera, ¿bajada al Infierno?, para ... prefiero no revelar más). 

Pero esta alabanza mía para Malle no es nueva en este Foro. Ya en  septiembre de 2010 le incluí en una misiva colectiva que envié a mis cuatro genios del buen Cine Francés, que podéis acceder en Carta a François Truffaut, Louis Malle, Eric Rohmer y Claude Chabrol , escrito que acabé con el mejor homenaje posible para ellos, atreviéndome a firmarlo en nombre de los Space Cowboys, con un  Mercy pour le Cinema

Jeanne Moreau, la Amante
2. Porque "Ascensor para el cadalso" ganó el premio Louis Delluc, el más prestigioso de la propia crítica francesa para la mejor película de ese país de ese año.

3. Porque tiene un espléndido guion, para mí ingrediente esencial, y ya sabéis, porque lo escrito muchas veces y ahora lo repito, que el genial director Akira Kurosawa dictaminó que con un mal guion era imposible hacer una buena película.

4. Porque ya en sus primera secuencia incluye una breve conversación telefónica entre dos amantes que es prodigiosamente significativa y con un "componente" francés con el que, lamentablemente, no podemos ni sabemos competir los de otras culturas amatorias.

El Amante 
5. Porque tiene muy buenos intérpretes, destacando, claro está, una inmensa Jeanne Moreau, a la que sumaría Maurice Ronet, como el Amante, a la actriz en el papel de la jovencita florista Veronique, cuyo nombre desconozco, y el siempre sólido Lino Ventura, como el inspector más profesional y menos engreído.

6. Porque me encanta la descripción del ambiente nocturno de esa noche del sábado, en la que la amante busca desesperadamente a su cómplice, física y anímicamente tan cerca de ella, pero diabólicamente tan inaccesible, todo ello reflejado con una eficacísima fotografía  en blanco y negro.

7. Por su extraordinaria BSO, compuesta especialmente para la película  e interpretada nada menos que por el mejor trompetista de jazz de la historia, Miles Davis, con su grupo. 10/10

La joven pareja
 No me resisto a incluir el comentario propio de FilmAffinity sobre esta película: 
"Un jovencísimo Louis Malle -tenía 25 años-, tras codirigir con Bresson "Un condenado a muerte se ha escapado", y con Jacques Cousteau "El mundo del silencio", se estrena en la dirección en solitario con este estupendo policíaco basado en la novela de Noël Calef. Banda sonora del legendario trompetista Miles Davis" 
El Amante con el inspector

8. Final y principalmente para daros la oportunidad de descubrir esta maravilla a los que aún no la conozcáis. Ya avisé a unos pocos por whatsapp, habida cuenta la inminencia, el pasado  domingo 10 de junio que, a las 10 de la noche de ese mismo día, la cadena TCM emitiría esta película en VOS (fundamental para sus no demasiados diálogos,  que "mejoran" en francés).

A partir de aquí, corregido el 17 de julio: 

No sé si el aviso llegó a tiempo para que alguno pudierais verla, pero la buena noticia que os doy hoy es que, según acabo de intentar y comprobar, todos los que tengáis Movistar Fusión, sin necesidad del extra de Cine, podréis  ver esta película cuando queráis por estar disponible en streaming entrando por el Menú Cine, y buscando en "Todo el Cine", sugiero opción ordenar A-Z, "Ascensor para el cadalso", que a fecha de hoy indica que está disponible durante 14 días, esto es, hasta el 31 de julio.

Y los que no tengáis Movistar Fusión,  la encontráis en "Descarga Cine Clásico", web que no he comprobado, pero parece seria al ser https. Eso sí, creo que no la ofrece en VOS sino doblada en español, que ya comenté no es mi opción favorita en esta película. 

Aprovecho para compartir, en su nombre, un regalo del Cinéfilo José Ramón, uno de los Space Cowboys y puntal en nuestro Foro,  para todos los visitantes del mismo. Expertamente opina que las películas clásicas eran mucho mejores que la inmensa generalidad de las actuales, muy especialmente por la calidad de sus guiones, opinión que ha expresado en muchos comentarios aquí publicados y que yo suscribo. Creo que ve unas cuantas cada semana a través de una web gratuita on line, que asegura funciona muy bien Tu Cine Clásico 

Yo no he sido capaz de encontrar, al menos rápidamente, "Ascensor para el cadalso" en esa web y por ello he buscado la otra antes señalada. Pero los que disponéis de Movistar, lo tenéis facilísimo hasta el 31 de julio. Mi consejo: ¡¡No os la perdáis!!

Muy buen CINE, Amigos.

Manrique

martes, 28 de junio de 2022

Catania

   Llegamos a Catania a las tres de la tarde. Aquí todo indicaba que las cosas no eran como en Siracusa: enormes pilas de basura por todas partes, coches aparcados sobre las aceras, bocinazos… Luego nos enteramos de que mientras en Siracusa gobierna una coalición de partidos de izquierda, Catania es un feudo tradicional de la derecha y que la Cosa Nostra y la corrupción se extienden por los servicios públicos.   

   Nuestro apartamento estaba situado frente al castillo normando de Ursino, en su día ubicado al borde del mar pero al que una erupción del Etna, siempre visible en el horizonte, había dejado rodeado de lava y a medio kilómetro de la costa. El barrio, aunque bastante degradado, todavía conserva un alto porcentaje de los vecinos tradicionales, de lo que dan fe los numerosos negocios no turísticos, como ferreterías, funerarias y hasta un talabartero. Varias carnicerías especializadas en carne de caballo tienen también mesas en las que puedes degustar unas albóndigas con tomate o un buen filete. Al día siguiente probamos en una pizzería cercana un contundente pizzoli a cavallo, una especie de pizza doble rellena de carne de caballo picada, queso y aceitunas.

      No puedo dejar de mencionar el local que teníamos justo al salir del portal, el Ristorante da Antonio. Con precios muy asequibles y unos camareros que hacían todo lo posible por entendernos, tenía una carta de vinos con más de cien referencias. La comida, especializada en pescado y marisco, era deliciosa y se notaba que muchos de los clientes eran habituales, por la confianza con que trataban a Antonio, el propietario, que recorría mesa por mesa para solucionar cualquier problema que pudiera surgir.

      Este ambiente de barrio cambiaba radicalmente conforme nos acercamos a la Piazza del Duomo. Las tiendas tradicionales han sido desplazadas por minisupermercados pakistaníes, tiendas chinas de todo a cien y locales de venta de recuerdos.

      Pasamos el día de iglesia en iglesia (cinco en solo doscientos metros en la Via dei Crociferi) y de palacio en palacio, hasta que llegué a odiar el barroco. Esa noche, cuando conseguí dormirme unos minutos entre el petardeo de las motos, los bocinazos y el ruido de las terrazas de los bares, tuve pesadillas en las que me perseguían volutas y dorados.

      Se me han quedado clavadas algunas imágenes insólitas, como la de la momia del cardenal Dusmet, expuesta en una urna bajo un altar lateral de la catedral.  La veneración que sienten por él los habitantes de Catania viene de cuando, en 1886, fue capaz de detener una colada de lava que amenazaba la ciudad utilizando para ello el sudario de Santa Ágata.  

   Otro lugar pintoresco, directamente relacionado con esta santa local, patrona de la ciudad y de toda Sicilia, es la iglesia de Santa Ágata Encarcelada, que se levanta sobre la mazmorra en donde, según el hagiógrafo Santiago de la Vorágine, fue encerrada después de cortarle los pechos por rechazar los deseos libidinosos del emperador Decio. Allí, según el mismo experto, la visitó San Pedro para consolarle y curarle sus heridas. La imagen de Santa Ágata con los pechos cortados y sangrantes es muy frecuente en la iconografía siciliana, mientras que a su traducción española, Santa Águeda, lo habitual es representarla con una bandeja que sostiene sus pechos cortados.   

      Esta devoción a Santa Ágata roza lo enfermizo. Solo en la ciudad de Catania hay tres iglesias dedicadas a ella: la ya citada de Santa Ágata Encarcelada, la Catedral y la Abadía de Santa Ágata.

      El día siguiente, último que pasaríamos completo en Sicilia, decidimos dedicarlo a visitar edificios civiles y hacer algunas compras. Así, recorrimos la Vía Etnea, con el volcán al fondo coronado de humo y llamas, donde compramos ropa, utensilios de cocina y otros artículos más o menos inútiles. Yo entré en una antigua camisería a comprarme una pajarita para mi colección. Mi mujer acabó regalándome una azul, preciosa, y mis otras dos compañeras de viaje una camisa de lino ,entre veladas acusaciones de la dueña, que no encontraba la primera pajarita que me había probado.

      Otro lugar interesante es el teatro romano. Está engastado de tal manera en una de las manzanas del centro de la ciudad que no se ve desde el exterior. Tienes que entrar por un portal de la Vía Vittorio Emanuele para encontrarte con un teatro en bastante buen estado de conservación. En cambio, del anfiteatro no quedan prácticamente restos, ya que fue expoliado sistemáticamente durante siglos para construir otros edificios como la catedral, la cercana iglesia de San Blas y numerosos palacios. 

      Antes de comer, nos metimos en el Castillo Ursino, al lado de nuestro apartamento. Lo más interesante me resultó la planta baja, tanto por los arcos y bóvedas normandas que se conservan como por la sección arqueológica del museo municipal. En cambio, las plantas superiores, dedicadas a exposiciones temporales y a pintores locales de los siglos XVIII y XIX.

      Un episodio curioso de la historia de Catania es la revuelta conocida como “Nun si parti”, no se va (a la guerra), una sublevación antimilitarista muy similar en su motivación a la Semana Trágica de Cataluña de 1919. A finales de 1944, cuando los alemanes habían sido expulsados de Sicilia y de todo el sur de Italia, el rey Vittorio Emanuele III intentó reclutar a varios miles de nuevos soldados, para sumarse a las tropas aliadas que pretendían avanzar hacia el norte de Italia. La mayoría de los jóvenes, hartos de guerras, decidieron no presentarse en los centros de reclutamiento. Fue en Catania donde las protestas pacíficas se convirtieron en una sublevación en toda regla. Los manifestantes incendiaron el ayuntamiento, en la Plaza de la Catedral, y se enfrentaron a los militares que pretendían disolverlos a tiros. Ardieron de paso los archivos municipales, usados para la recaudación de impuestos y el reclutamiento, y el Círculo del Progreso, punto de reunión de la nobleza local.

      Cuatro días después el Ejército logró recuperar el control de la ciudad, pero la rebelión ya se había extendido por muchas ciudades cercanas y las protestas no cesaron hasta dos meses después, con el resultado de docenas de manifestantes muertos, unos cien heridos y miles de detenidos. Aunque anarquistas, comunistas y fascistas han tratado de atribuirse la dirección de estas protestas, parece que el verdadero detonante fue el descontento de los jóvenes con la guerra y con la tradicional falta de perspectivas económicas de la isla.

      Ya era la hora de comer, y qué mejor sitio para celebrar mi cumpleaños que el Ristorante da Antonio, del que ya he hablado. La comida fue excelente y el precio, si no contamos las dos botellas de un buen Nero d’Avola que nos bebimos, no llegó a veinte euros por cabeza. Para rematar la buena impresión que nos hemos traído del local, bastó decirle a Antonio que ese día celebrábamos mi sexagésimo noveno cumpleaños para que me agarrase por un brazo y no me soltara hasta haberme regalado una botella de prosecco, que me entregó entre abrazos y felicitaciones de camareros y clientes.

   Esa misma noche volvimos a celebrar mi cumpleaños, esta vez en el balcón de nuestro apartamento, con mis regalos y el prosecco de Antonio.

   Al día siguiente iniciaríamos el regreso a España, pero esa es otra historia que probablemente nunca cuente…


Otros capítulos:

Per sicula siculorum

La villa romana del Casale

El Valle de los Templos

Eureka

Tras las huellas de Montalbano

Noto

El teatro griego más pequeño del mundo

El teatro griego más pequeño del mundo

   De camino a Catania decidimos desviarnos unos cuarenta kilómetros y pasar por Palazzolo Acreide, una más de las docenas de ciudades barrocas del sudeste de Sicilia. En esta ocasión, lo que nos atraía eran las ruinas griegas de Akrai, que nos habían recomendado unos amigos.

   Ya el aparcamiento nos hizo presagiar que la visita iba a ser de lo más tranquila. Solo dos coches lo ocupaban; uno de ellos era del portero-vigilante-taquillero y el otro de una pareja, las únicas personas que vimos en todo el recorrido. Un gran cambio después de Neápolis, donde la víspera habíamos tenido que compartir espacio con docenas o cientos de visitantes.   

   El teatro no sé si es el más pequeño del mundo, como afirman las guías, pero sí es cierto que solo tiene trece hileras de gradas y veintitrés metros de radio, frente a las sesenta y siete hileras y ciento diez metros del de Neápolis.

   Rodeando el teatro por el este, se llega a una cantera, la Latomia dell’Intagliata. Durante la época romana, cuando la ciudad decayó en importancia y cesaron las tareas de construcción, la Latomia se utilizó como necrópolis. Al fondo de la cantera se encuentran dos catacumbas, a las que se puede acceder sin restricciones y donde se conservan en bastante buen estado numerosas tumbas.   

   Después, con los bizantinos, las catacumbas se convirtieron en viviendas para los más pobres, hasta que la llegada de los musulmanes significó el traslado definitivo de la población al actual Palazzolo Acreide.

   Palazzolo es un sitio demasiado grande para llamarlo pueblo y demasiado pequeño para ser una ciudad. Construido sobre una colina muy empinada, su trazado urbano es un auténtico laberinto, con multitud de callejones que se van bifurcando y que, en muchas ocasiones, acaban en patios sin salida.   

   En la Piazza del Popolo, situada entre la iglesia de San Sebastián y el Ayuntamiento, no es difícil imaginarse al alcalde comunista Peppone y al párroco Don Camilo enfrascados en una discusión de las que tan bien describía Giovanni Guareschi.

De allí salimos para Catania, última etapa de nuestro viaje, pero esa es otra historia que podéis leer pinchando aquí.

Otros capítulos:

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El Valle de los Templos

Eureka

Tras las huellas de Montalbano

Noto

Noto

     Visitar cualquier ciudad con treinta y cuatro grados a la sombra es de locos. A Noto, ciudad barroca donde las haya, llegamos antes de las diez de la mañana para intentar evitar las horas peores. Aparcamos cerca de la plaza del 16 de mayo (no he conseguido averiguar qué sucedió en dicha fecha para que la plaza lleve ese nombre). El termómetro ya alcanzaba los treinta y dos grados. Grupos de turistas desesperados se apiñaban en las escasas zonas de sombra que proyectaban los palacios barrocos. Bajo el único árbol de la plaza, unos jubilados sentados en sillas plegables hacían guardia para que ningún turista los expulsara de su ubicación privilegiada.

   Según la excelente web www.viajealpatrimonio.com , tras el terremoto de 1693, que arrasó todo el valle, el virrey de Sicilia, Juan Francisco Pacheco, designó a Giuseppe Lanza, duque de Camastra, como responsable de la reconstrucción. Pacheco, junto a la alta nobleza siciliana, diseñó un plan integrado. Empezó por no cobrar impuestos a las zonas afectadas, para luego levantar las principales y estratégicas fortalezas defensivas con la ayuda del ingeniero Carlos de Grunenberg. A partir de aquí se centró en las ciudades afectadas, para las cuales había que elegir una de estas opciones: completo traslado, reconstrucción de edificios seleccionados o una solución intermedia con nuevos barrios al lado de un centro reconstruido. En los tres casos, el barroco tardío impregnó plazas, edificios públicos e iglesias dando una total unidad estilística a la región.

   El terremoto fue una oportunidad aprovechada para que los arquitectos y escultores sicilianos desarrollaran por fin un estilo con personalidad propia. Este barroco destaca por su extravagancia con sus máscaras y querubines sonrientes. 

   Algunas ciudades vieron remodelaciones, pero otras como Noto cambiaron de localización completamente. Esto, junto a la concentración de la propiedad, permitió a los arquitectos y urbanistas poner en práctica ideas que ya los renacentistas impulsaron en lugares como Pienza: la ciudad ideal. Amplias calles cortadas en ángulos rectos y diseños radiales partiendo de una gran plaza fueron los dos principios. Los diseños no solo buscaron la estética, sino que intentaron preparar a las ciudades para futuros terremotos. Noto, a unos kilómetros de la todavía en ruinas Noto Antica, fue diseñada por Giovanni Battista Landolina. Este aristócrata local aprovechó para orientar las calles hacia la luz y dividir la ciudad de acuerdo a la jerarquía social: la nobleza en la parte alta, el clero en torno a la plaza, las calles amplias para los negocios y el resto donde pudieran. El edificio más destacado es la catedral, construida a lo largo del XVIII.

   La traza borbónica de la ciudad, perfectamente cuadriculada, nos permitía ver cómo la insolación se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Las calles rectilíneas e interminables me recordaban el barrio de la Magdalena de mi Ferrol natal, construido bajo el mismo rey y prácticamente a la vez que Noto. Hay quienes ven similitudes entre Noto y Puerto Real, pero el centro urbano de esta última ciudad se construyó doscientos años antes que el de Noto y es de inspiración no barroca sino renacentista.

   Por un momento creí encontrarme en el mundo fantástico de la novela “El problema de los tres cuerpos”, de Lixin Ciu, y ya esperaba oír por la megafonía la orden de “Deshidrataos, deshidrataos”, que permitía a los habitantes de aquel planeta sobrevivir a las olas de calor producidas cuando sus tres soles coincidían en el firmamento.

   Un grupo de gente hacía cola frente al Convitto delle arti, una galería en la que anunciaban la exposición “Mitos, heroínas y rebeldes”. La muestra me pareció excepcional, con más de cien obras magníficamente seleccionadas, desde mi adorada Artemisia Gentileschi hasta Yayoi Kusama, pasando por Sofonisba Anguisola, Tamara de Lempicka, Frida Kahlo y Yoko Ono.

   
Me llamó especialmente la atención un busto de terracota de Constanza Piccolomini, obra de Bernini. El escultor sedujo a Constanza tras contratar a su marido como ayudante, pero sus amores terminaron abruptamente cuando Bernini se enteró de que Constanza también era amante de su hermano Luigi. Bernini intentó matar a su propio hermano y envió un sicario para intentar desfigurar la cara de Constanza de una cuchillada.

   El resultado fue más que previsible; el escultor resultó impune pero a ella la condenaron a prisión, de donde salió para regresar a vivir con su marido y convertirse en una gran coleccionista de arte.

    Después de la sombra y el frescor de la galería de arte, salimos al horno del Corso Vittorio Emanuele, que en unos cientos de metros pasa por seis iglesias y tres palacios para terminar en la Porta Ferdinandea, construida en 1838 con motivo de la visita del monarca Fernando II de las dos Sicilias.

   A duras penas recorrimos dos iglesias y un convento antes de comprender que un cuarto de hora más al sol podría provocarnos quemaduras irreversibles. Yo no conseguía sacarme de la cabeza la canción “La bossa nostra” de Les Luthiers con su sol cocinheiro da gente,  por lo que empezamos a buscar un sitio a la sombra en el que tomar una cerveza antes de comer. La tarea parecía imposible. Largas filas de mesas al sol nos guiñaban el ojo, intentando atraernos; las pocas que había a la sombra estaban reservadas para comer. Ni siquiera la promesa de beber algo y dejar la mesa libre en poco tiempo convenció a los camareros y tuve que recurrir a un sargento de carabinieri, que nos señaló una calle y nos indicó que a cien metros había un bar muy agradable. Tenía razón, por lo que varias cervezas y media hora después pudimos emprender el regreso a Siracusa.

   Una buena siesta en nuestro magnífico apartamento nos permitió volver a salir a dar un paseo por las calles más frescas y umbrías de Ortigia, para hacer el tiempo hasta la hora de cenar. Es dura la vida del turista.

   A la mañana siguiente, incansables, nos subimos a un autobús urbano para acercarnos a Neápolis, el barrio que fue nuevo en el siglo III a.C, cuando el tirano Hierón II ordenó construirlo tras la primera guerra púnica. En el autobús no hubo manera de pagar. Cuando le enseñé el dinero al conductor me hizo un gesto de que me sentara; luego le pregunté a un pasajero, que se encogió de hombros y me indicó que no me preocupara. Los que sí se preocuparon de nosotros fueron los demás pasajeros, que nos avisaron antes de llegar a nuestra parada y nos explicaron cómo llegar hasta la entrada del yacimiento.

   Durante el recorrido por las ruinas, unas tres horas caminando al sol con treinta y dos grados a la sombra, me crucé con varios grupos de turistas españoles que encajaban perfectamente en la categoría de “quinitos” que citaban con frecuencia mis compañeros catalanes en un viaje por Vietnam, allá por el año 1993. Son esos turistas que se quejan permanentemente, hasta el punto de que uno llega a preguntarse para qué salen de viaje. El nombre de quinitos procede del catalán, ya que sus expresiones más frecuentes son Quina calor! (¡qué calor!), quina boira! (¡qué niebla!), quin cansament! (¡qué cansancio”) y otras muchas similares para exteriorizar las muchas penalidades que sufren. Uno de los quinitos con que me crucé en Neápolis lo reconocí porque, mientras subíamos una cuesta desde la Latomia del Paraíso, lo escuché decir: ¡Cojones! Aquí el día que no subes diez pisos es como si no estuvieras en Sicilia.

   Quienes vivimos en una ciudad como Cádiz sabemos que el turismo es un coñazo, tanto para el que lo practica como para el que lo recibe. Los turistas circulan en manadas arrolladoras, como una estampida de ñus en el parque de Marai Mara. Visten con una ropa que ofende a la vista, hablan idiomas incomprensibles, comen paella con coca cola y no saben pedir un manchado. Cuando cambio de papel y me pongo a recorrer mundo, compruebo que en todas partes hace más frío o más calor que en Cádiz, que te pasas el día recorriendo monumentos o visitando museos tan insólitos como faltos de interés, que los camareros no saben tirar correctamente una cerveza y que, en general, te cobran más de lo que consideras conveniente, opinión de la que no te saca nadie aunque no tengas ni idea de cuánto costarían en Cádiz las dos raciones de calamares que acabas de tomar. A veces, comprendo a los quinitos.

   Pero no todo eran turistas en Neápolis. Además de los habituales teatros, anfiteatros y templos, lo más singular de este lugar son las llamadas Latomias, cuevas excavadas en las laderas calizas para extraer piedra de construcción y luego usadas como cárceles o lugares de enterramiento. Quizás la más conocida sea la Latomia del Paraíso citada más arriba, actualmente una hondonada de paredes casi verticales, en cuyo fondo crecen naranjos, laureles, acantos y muchas otras plantas. A su sombra la temperatura se reducía casi diez grados, de donde creo que le viene el nombre.

   En una de las paredes de esta hondonada se puede visitar la Oreja de Dionisio, cueva artificial con veintitrés metros de altura y una forma que, según Caravaggio, recuerda al interior de un pabellón auditivo. Cuenta la leyenda que el tirano Dionisio utilizaba la excelente acústica de la cueva para espiar las conversaciones de sus enemigos políticos, encerrados en la misma.

   En la actualidad nunca falta un espontáneo que aprovecha esta acústica para demostrar sus cualidades de cantante. 

Al día siguiente abandonaríamos la idílica Siracusa y viajaríamos a la inhóspita Catania, pero esa es otra historia, que podéis leer pinchando aquí.

Otros capítulos:

Per sicula siculorum

La villa romana del Casale

El Valle de los Templos

Eureka

Tras las huellas de Montalbano

Catania

Tras las huellas de Montalbano

       Ragusa, situada a unos cien kilómetros de nuestra base de Siracusa, es quizás la más bonita de las ciudades del valle de Noto. Quizás por eso Camilleri la eligió como base de operaciones de su comisario Montalbano, del que se encuentran rastros por toda la ciudad. Aunque sería más lógico hablar de “las ciudades”, porque Ragusa tiene tres partes claramente diferenciadas y separadas por barrancos. Está la ciudad que llaman del novecento, con los principales centros oficiales, la estación de ferrocarril y varios grandes edificios de estética fascista; la del settecento, de trazado en cuadrícula y numerosos palacios barrocos, e Ibla, quizás la parte más interesante, en la que palacios e iglesias barrocas se esconden entre las callejuelas de un trazado claramente medieval. En la imagen podemos ver esta zona de Ibla vista desde la ciudad del settecento.

   Dejamos el coche en un enorme aparcamiento subterráneo junto a la estación de ferrocarril y cruzamos todo lo rápidamente que nos permitía el calor la ciudad contemporánea. En la Piazza Libertá (ex-Impero) encontramos un conjunto muy completo de edificios fascistas, que incluían la Casa del Mutilato, la Casa del Combattente, la Guardia de Finanza, el Teatro Ideal y otros edificios oficiales.

      Después de visitar la catedral nueva y varios palacios, nos asomamos al barranco que nos separaba de Ibla, una de las vistas más fotografiadas de la ciudad. A mitad del vertiginoso descenso hacia el puente que permite cruzar el barranco, merece la pena visitar la pequeña iglesia de Santa María de la Escalera. Es de las pocas de Ragusa que conserva partes góticas y renacentistas, anteriores al terremoto de 1693. El 11 de enero de ese año, la tierra tembló durante cuatro minutos con una intensidad de 7,4 en la escala Ritcher y un epicentro muy cercano a la costa sureste. El terremoto y sus tsunamis provocaron 60.000 muertos, incluyendo dos tercios de la ciudad de Catania, y unos 5.600 kilómetros de área afectada, en muchos casos con corrimientos de tierras

   Esta iglesia significó un doble descanso: del agotador recorrido por Ragusa, cuesta arriba y abajo bajo un sol radiante y a treinta y cinco grados a la sombra, y del hartazgo de fachadas ondulantes y tímpanos partidos que me estaba provocando tanto barroco.

   Un buen ejemplo de aquel barroco recargado y omnipresente son estas ménsulas de los balcones del Palazzo Consentini, junto a la Piazza Republicca, donde se iniciaba una fuerte subida que nos conduciría al corazón de Ibla.

   Era mediodía, la temperatura seguía subiendo y esperábamos que un nuevo terremoto no destruyera en las próximas horas el Duomo de San Giorgio, por lo que decidimos que lo más sensato era meterse a comer en la Osteria Imperfetta, ubicada bajo unas bóvedas del siglo XII que habían resistido al terremoto de 1693. El lugar, la comida, el servicio y las bebidas alcanzaban tal grado de perfección que le pregunté a Marco Giudice, su propietario, por qué le había puesto ese nombre. Con una cierta guasa, me contó que era un homenaje a Mónica Vitti, su actriz preferida, considerada en su momento imperfecta por su voz de roquera, su nariz demasiado larga y sus ojos miopes. 

   Se non è vero, è ben trovato, como dijo Giordano Bruno.

   Más repuestos, conseguimos llegar a la plaza de la catedral, donde esperamos a que abriera el Duomo tomando un granizado de frambuesas. Si no hubiera hecho tanto calor, la plaza habría merecido un recorrido por los varios palacios barrocos que la rodean, pero yo me quedé con el Circolo di Conversazione o Caffè dei Cavalieri, uno de los pocos edificios neoclásicos de la ciudad. Era una especie de casino, construido por los nobles locales en 1850 para poder reunirse y charlar sin ser molestados por el resto de ciudadanos. No hace falta que os cuente que no me dejaron entrar a visitarlo.

   El Duomo, con su fachada alta y estrecha que se alza sobre una escalinata de 54 peldaños, impresiona a cualquiera que lo mire desde la plaza. Nosotros pudimos entrar mientras preparaban la nave central para una boda que se celebraría unas horas después. Me imaginé a la madrina, que calzaba unos vertiginosos tacones de aguja, cayendo a cámara lenta por la escalinata, emulando al cochecito de bebé que filmó S.M. Eisenstein en “El acorazado Potemkin”.

   Bajamos la escalera con mucho cuidado, y seguimos descendiendo hasta los jardines Ibleos, desde donde un autobús nos devolvió al aparcamiento.

Al día siguiente visitaríamos Noto, pero esa es otra historia, que podéis leer pinchando aquí.

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Eureka

El teatro griego más pequeño del mundo

Catania

Eureka

     En Siracusa, donde pensábamos dormir cinco noches, tuvimos la suerte de alojarnos en Casa Lucía, un precioso y enorme apartamento ubicado en un edificio barroco muy transformado, en el número 14 de Via Vittorio Veneto. En realidad, Siracusa está formada por tres partes claramente diferenciadas: la isla fortaleza de Ortigia, fundada en el siglo VI a.C y unida a tierra firme por dos puentes; la ciudad griega de Neápolis, que se construyó 300 años después, y la propia ciudad de Siracusa.

   Ortigia, donde se encontraba nuestro apartamento, fue el punto en el que se establecieron los primeros habitantes, procedentes de Corinto. Toda Ortigia está declarada zona de bajas emisiones, como pronto será el casco antiguo de Cádiz, por lo que está muy restringido el uso de vehículos a motor. En los pocos accesos hay cámaras que captan las matrículas no autorizadas y multan automáticamente con cien euros, como bien nos advirtió Alberto, el encantador propietario de nuestro apartamento.

   Solo hay una mínima parte de la isla a la que puede acceder un coche no registrado, y es el aparcamiento municipal disuasorio de Palete. El sistema de pago del aparcamiento tiene que haber sido diseñado por un informático con una mentalidad perfectamente lógica y unos resultados incomprensibles para una persona normal. Todos los días se formaban ante las máquinas de prepago largas colas de turistas desesperados, intentando una y otra vez pagar hasta que aparecía alguien con cierta experiencia que explicaba los esotéricos pasos a seguir.

   ¿Por qué el proceso de pago comenzaba pulsando la tecla “CANCEL”? ¿por qué en un momento determinado había que apretar la tecla “CREDIT CARD”, si el sistema no admitía otra forma de pago? Al segundo día me tocó a mí explicar el proceso a las tres personas que me precedían en la cola, ayudado por otro cliente que traducía mis explicaciones del inglés al italiano. A nuestro lado, varias personas sin hogar intentaban dormir.

   En cuanto deshicimos el equipaje nos lanzamos a una primera toma de contacto con Ortigia, merecidamente declarada Patrimonio de la Humanidad. Varias cosas sorprenden en esta islita: su limpieza, su ausencia de ruido y su casi absoluta turistificación.

   La limpieza, muy superior a la de las demás ciudades italianas que he visitado, se explica en parte por la existencia de un ambicioso plan de separación de residuos, que por lo que pude observar se cumplía con bastante rigor. En nuestro apartamento teníamos cinco contenedores: Papel y cartón, vidrio, plásticos y envases, restos orgánicos y ”secco”, denominación que engloba al resto de residuos domésticos. Cada atardecer bajábamos la bolsa que correspondiera ese día y la dejábamos en uno de los contenedores del portal. Por la noche pasaba un camioncito eléctrico que vaciaba los contenedores. Los bares y restaurantes tenían recogida diaria y no se veían bolsas de basura abandonadas en las aceras.

   El silencio de las calles se debía, en gran parte, a las restricciones de tráfico privado, compensadas en parte por la existencia de un autobús gratuito que recorría frecuentemente la isla de extremo a extremo. Pero había algo más, la absoluta educación de los conductores, tan poco frecuente en Italia. Muchas calles eran peatonales, pero incluso en las llamadas de plataforma única compartida, en las que no cabían simultáneamente un coche y un peatón, no se oía un bocinazo. Los conductores esperaban pacientemente a que circulasen los peatones, que a su vez procuraban resguardarse en un portal para dejar paso a los coches. Ni un camión ni furgoneta circulaba por esas calles estrechas, y el reparto se realizaba con carretillas o motocarros, muchos de ellos eléctricos.  


El verdadero problema de Ortigia es a la vez su principal recurso: la turistización, cuyas consecuencias empezamos a ver en Cádiz. La demanda de viviendas turísticas dispara los precios de compra y alquiler y expulsa a los residentes originales, que se ven obligados a mudarse a la nueva Siracusa. A la vez, los bares, restaurantes y tiendas de recuerdos desplazan a los comercios tradicionales. No era sencillo encontrar una ferretería, una copistería ni un supermercado. A cambio, aunque desconozco las estadísiticas, supongo que un porcentaje muy alto de los residentes se dedican a la hostelería, el alquiler de apartamentos y otros servicios relacionados.

   A la mañana siguiente salimos dispuestos a  recorrer los principales monumentos de la isla. Comenzamos, como es habitual en nuestros viajes, por el mercado municipal, que en esta ocasión me resultó algo decepcionante. El bonito edifico del mercado estaba cerrado permanentemente, y a su alrededor se levantaban filas de puestos callejeros, muchos de ellos respaldados por bajos comerciales minúsculos. Carnicerías, pescaderías, fruterías, charcuterías y tiendas de especias se mezclaban sin orden ni concierto con otros tenderetes dedicados al menaje de hogar o a los recuerdos turísticos. Nosotros queríamos comprar queso, embutido, fruta y verdura para cenar en el apartamento, pero en casi todos los puestos nos trataban como lo que éramos, turistas, y —en opinión de una de mis compañeras— pretendían engañarnos en el precio o en el peso. No le quito la razón, aunque la verdad es que desconozco a cómo está en España el kilo de pistachos. Las compras, los regateos y las explicaciones de los vendedores nos ocuparon un par de horas.

   Nuestro siguiente paseo comenzó, a pocos pasos del apartamento, por la Via Giudecca, corazón de lo que en su momento fue uno de los barrios judíos más importantes de Europa. Desgraciadamente, los judíos fueron expulsados de Sicilia en 1492, a la vez que de España. No en vano reinaba en la isla el católico Fernando II de Aragón, que también mandaba en Nápoles, Cerdeña y Navarra.

   En el sótano de unos de los palacios, transformado ahora en un hotel con encanto, se encuenta el "miqwè" (baño de purificación ritual judío) más importante y evocador de Europa, construido en la época bizantina. Cuando los judíos se vieron obligados a abandonar la isla, tapiaron el acceso a estos baños rituales para impedir su profanación. Su entrada no se descubrió hasta hace pocos años, con motivo de las obras de restauración del palacio.

   Se accede a los baños mediante una escalera excavada en la roca, que desciende a una pequeña sala rectangular situada a 18 metros por debajo del nivel de la calle, en el centro de la cual hay tres estanques en los que todavía brota agua procedente del rico acuífero de Siracusa, que también da vida a la Fuente de Aretusa. Los miembros de la comunidad judía de Siracusa se sumergían en él para borrar sus pecados. Otras dos salas porticadas contienen sendos baños de menor tamaño, que al parecer se usaban en los rituales previos a las bodas.

   Nosotros coincidimos en la visita con un pequeño grupo de turistas italianas, bastante escandalosas,  y con una anciana judía estadounidense, muy emocionada por ese retorno a sus ancestros y que no paraba de hacer preguntas, a muchas de las cuales la guía/vigilante no era capaz de responder.   

En este barrio de calles estrechas, muchas veces sin salida, en las que te puedes encontrar una dedicatoria tan bonita como esta, que mi amiga Soco ha traducido para quien no entienda el italiano: “A Luigi Capuana, maestro de crítica serena y precisa, investigador sutil de los ocultos trabajos humanos, poeta de la virtud ignorada del almas oscuras y dolientes”, se ubica la antigua sinagoga, construida poco antes de la expulsión de los judíos y transformada luego en iglesia de San Juan Bautista.

   A estas alturas del día el calor apretaba cada vez más, por lo que nos limitamos a una rápida visita a la iglesia de la abadía de Santa Lucía, la mártir a la que se suele representar con una bandejas en la que lleva sus ojos, arrancados durante las persecuciones del emperador Diocleciano por negarse a adorar a los dioses oficiales. Pero la verdadera razón de la devoción de los siracusanos por Santa Lucía no se debe a que haya nacido en esta ciudad ni a su defensa cerrada de sus creencias, sino a que en 1646, en medio de una larga hambruna, la santa desvió hasta el puerto de Ortigia dos naves cargadas de trigo. ¿Piratería?

   En la fachada de la iglesia se conservan, bien visibles, dos escudos de la monarquía española de principios del siglo XVIII, cuando en la isla reinaba Felipe V “el Animoso”. Por desgracia, el mayor tesoro de esta iglesia, un óleo de Caravaggio representando el entierro de la santa, ha sido trasladado a un museo.

   En la misma plaza se encuentra el palacio Borgia-Impellizzeri. Allí me enteré que Borgia era la versión italiana de un apellido de origen español, Borja. La familia Borgia/Borja se trasladó a Roma en el siglo XV, y dos de sus miembros llegaron a ser papas bajo los nombres de Calixto III y Alejandro VI.

   En esta plaza, verdadero corazón de Ortigia, se levantan también el Ayuntamiento, la sede episcopal y, sobre todo, la catedral, construida aprovechando la cimentación y las columnas del tempo griego de Atenea, que habían resistido más de mil años hasta que quedaron englobadas en la estructura de una iglesia cristiana. Los musulmanes convirtieron la iglesia en mezquita y los normandos la devolvieron al culto católico. Otros mil años después se derribó la vieja iglesia para construir la actual catedral, que sigue conservando las columnas romanas.

   Lo último que visitamos ese día, cuando el sol comenzaba a caer y con él bajaban las temperaturas, fue el Castello Maniace, en el extremo sur de la isla. El fuerte debe su nombre al comandante bizantino Giorgio Maniace, que a comienzos del siglo XII expulsó de la ciudad a los musulmanes, aunque solo por cinco años. Hubo que esperar cuarenta años a que llegaran los normandos y la ciudad pasara definitivamente a manos cristianas. Vinieron luego los suabos y los genoveses, hasta que Federico II de Hohenstaufen, poeta, soldado y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, mandó construir el actual castillo. Este personaje, conocido en su época como stupor mundi, el asombro del mundo, hablaba nueve idiomas y escribía en siete. Fundó la escuela poética siciliana y la Universidad de Nápoles, con lo que se convirtió en un precursor del Renacimiento.

   No podemos terminar este primer día en Siracusa sin recordar a uno de sus hijos más ilustres, Arquímedes. Nació y vivió aquí en el siglo III a.C., y fue un excelente matemático, físico e ingeniero. Además de descubrir el principio que lleva su nombre mientras se bañaba, calculó un valor muy exacto para el número Pi, desarrolló fórmulas para calcular el área y la superficie de una esfera, ideó varios artefactos de guerra contra las naves romanas que intentaban conquistar la ciudad, construyó el buque más grande de la época e inventó la rueda dentada y el tornillo de Arquímedes.

Al día siguiente comenzamos nuestro recorrido por Ragusa, pero esa es otra historia que podéis leer pinchando aquí.