lunes, 10 de junio de 2024

Mequinez: cerrada por obras

   11 de abril de 2024

    El Ramadán terminó antes de ayer martes por la noche; ayer miércoles fue la fiesta del fin del ayuno, mañana viernes es el día semanal dedicado a la oración y el sábado y domingo son días teóricamente no
laborales. Estamos en medio de un largo puente de cinco días durante los cuales muchos negocios y casi todos los centros oficiales permanecen cerrados. Si sumamos a esto que los monumentos religiosos (la Gran Mezquita, entre ellos) están vetados a los no musulmanes, que muchos de los edificios más significativos de Mequinez (madraza de Bou Inania, puerta de Al-Mansour, fonduk El Hanna, prisión subterránea de Kara) están en obras y que a los palacios reales no se puede acceder por motivos de seguridad, poco es lo que podremos visitar durante nuestra estancia. Para reforzar esa sensación de ciudad cerrada, las calles más comerciales de la medina y los principales zocos, que habitualmente están atiborrados de gente y con las mercancías cubriendo todas las paredes, estos días aparecen desiertas. Este efecto se refuerza por la inexistencia de escaparates, ya que las tiendas de la medina suelen almacenar todas sus existencias en el interior y colgar las mercancías más atractivas de las fachadas.

   Un paseante con ganas de charla me contó la explicación oficial del cierre por obras de tantos monumentos. En 1996 la Unesco declaró patrimonio de la humanidad la medina de Mequinez, seguida años después por las de las otras tres ciudades imperiales: Rabat, Fez y Marrakech. Sin embargo, no fue hasta veintitrés años más tarde, en 2019, cuando el gobierno marroquí decidió emprender un ambicioso plan cuatrienal para las restauración de estas ciudades. En el caso de Mequinez, el proyecto acumula ya un año de retraso y no tiene aspecto de estar próximo a finalizar. Han terminado, eso sí, las obras de derribo de cientos de viviendas adosadas al interior y el exterior de las murallas, pero calculo que a la reconstrucción le quedan varios años por delante.

   Uno de los pocos edificios que pudimos visitar hoy fue el museo Dar Jamai, un palacio construido en el siglo XIX por el gran visir del sultán Muley Hassan. Situado en el borde de la medina más cercano a la Villa Imperial, es una buena muestra del poder y las riquezas acumuladas por aquel alto funcionario. Su amplitud, sus fuentes, el jardín y la riqueza de la decoración contrastan con la estrechez y la falta de ventilación de muchas viviendas de la medina.

   La parte baja del palacio, con enormes salones en torno a un patio, era donde se desarrollaba la vida pública del visir: reuniones, fiestas y despacho de asuntos oficiales, mientras que en la planta superior, con una decoración todavía más recargada, se centraba la vida familiar. Allí vivían las mujeres y los niños: ningún extraño podía acceder al harén, palabra que, en árabe, tiene el doble sentido de “sagrado” y “prohibido”.

   

   En la actualidad, el palacio alberga una excelente exposición de instrumentos musicales. Allí pude enterarme de lo que era la música gnawa, que llegó a Marruecos de la mano de los esclavos negros procedentes de la zona que se extiende entre el Sahel y el golfo de Guinea (hausas, bambaras, mandingas…). Sus ritmos con repetitivos y en las letras en árabe insertan palabras de sus idiomas originales. Se cree que los primeros gnawa llegaron a finales del siglo XVI, y ellos se consideran a sí mismos árabes, no bereberes; no por su origen racial, sino por su cultura.

   Las cofradías gnawa cultivan una mística relacionada con el sufismo y utilizan la repetición de determinados movimientos y del nombre de Allah para llegar a un estado de trance que les facilita la comunicación con la esfera de la divinidad. Este mismo trance aparece también en otras religiones sincréticas procedente del África, como el candomblé brasileño o el vudú haitiano. Las prácticas gnawa son consideradas heréticas por los musulmanes más estrictos.

   En Dar Jamai aprendí que en Marruecos hay muchas otras cofradías relacionadas con la música. La Aisawa, fundada en Mequinez por el mítico Cheij el Kamel, reúne a miles de fieles en su procesión anual, en la que los participantes danzan al son de la taaruja, el bendir, la ghaita, el laut, el ttabal y la tassa. Los miembros de Hamduchia, otra cofradía también fundada en Mequinez, alcanzan el trance mediante la repetición incesante de alabanzas a Allah y a Mahoma.

   12 de abril de 2024

   Hoy hemos pasado parte del día en la ciudad francesa, al otro lado de una vaguada que la separa la medina. Íbamos a la caza de edificios decó, en especial del Cámera Cinema, construido en 1938 y cuyo vestíbulo está decorado con un inmenso mural de Marcel Couderc. En el mural, que recorre toda la escalera del cine y que pudimos admirar tranquilamente gracias a la amabilidad de una taquillera, contiene imágenes de todo lo que en los años treinta representaba la modernidad: Tenistas, trasatlánticos, música de jazz, cine, rascacielos, ciclistas, carreras de caballos, boxeadores, la Estatua de la Libertad, marineros franceses…

   Unos metros más allá encontramos el Hotel Majestic, perfectamente restaurado y que mantiene en su interior gran parte de la decoración y mobiliario Art Déco.

      El contraste con la medina se hacía cada vez más evidente. Me imagino las caras de los marroquíes de la primera mitas del siglo pasado, entre la admiración y el desprecio, al ver los cambios introducidos en su vida por los ocupantes franceses.

   13 de abril de 2024

   Para evitar un día más recorriendo una ciudad cerrada, hoy hemos ido a Volubilis. Es una excursión sencilla: una carretera en buen estado nos condujo hasta la entrada de la ciudad romana, a poco más de treinta kilómetros de Mequinez. Muchas familias marroquíes habían tenido la misma idea que nosotros.

   La ciudad se alza sobre una colina, en el centro de un valle muy fértil, cubierto de olivos y trigales. Estábamos contemplando un paisaje muy similar al que vieron los cartagineses hace dos mil trescientos años y los romanos seiscientos años después. A esa riqueza agrícola se debe la fundación de la ciudad; el mismo nombre de Volubilis deriva de Oulili, el nombre bereber de una flor silvestre, todavía muy abundante en toda la zona.

   No fue difícil esquivar a los guías que se ofrecían a enseñarnos las ruinas en el idioma que quisiéramos. Comprendo que necesitan ganarse la vida, pero prefiero leer en un libro unos datos más o menos fiables y —sobre todo— pasear a mi ritmo, que escuchar los posibles errores e invenciones de algunos guías. Lo digo con conocimiento de causa, porque en varias ocasiones he sido testigo de las tremendas patrañas que nos cuentan a los grupos de turistas. En Ceuta me hablaron de la visita de los Reyes Católicos, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y en la torre Tavira de Cádiz me han mostrado la calle San José del Toro, sin que valieran de nada mis protestas de que José del Toro pudo haber sido un buen alcalde, pero nunca alcanzó los altares. El único alcalde de Cádiz santificado por decisión popular ha sido san Fermín Salvochea.

   Dos horas y media estuvimos recorriendo los mosaicos que decoran muchos de los palacios de la ciudad, en medio de una luz deslumbrante y bajo un cielo intensamente azul que nos acompañarían durante casi toda nuestra estancia en Marruecos. Nos preocuparon las malas condiciones de conservación de los restos mosaicos; no creo que duren mucho tiempo si las autoridades no toman medidas. Nada protegía los mosaicos de las inclemencias del tiempo, nadie eliminaba los matojos que crecían entre sus grietas y nadie impedía a los visitantes saltar las endebles barreras y pisar directamente los mosaicos; solo un par de vigilantes provistos de silbatos intentaban inútilmente controlar a las docenas de turistas.

   Un padre de familia, incluso, se encaró con mi cuñada cuando ella le reprochó que pusiera a sus hijos a posar en el centro de un mosaico ubicado en una zona de acceso prohibido.

   Sorprende el contraste entre las dimensiones de algunos palacios, de hasta cuatro mil quinientos metros cuadrados, y el exiguo tamaño de los dormitorios de servicio. Peor vivirían, estoy convencido, los esclavos y colonos que trabajaban las tierras de los nobles, y de cuyas chozas no ha quedado ningún vestigio.

   […]

   Merece la pena hablar de los riad, los alojamientos tan de moda últimamente. Influidos por varios artículos en revistas de viaje y por nuestra experiencia previa en Tánger, habíamos decidido alojarnos, siempre que fuera posible, en establecimientos de este tipo.

   Descubrimos,  a nuestra costa, que los riad suelen ser más bonitos y con mucho más encanto que los hoteles tradicionales, pero también bastante más incómodos. Escaleras estrechas y empinadas, habitaciones pequeñas y sin ventanas a la calle, mala cobertura de la red Wifi y cercanía excesiva a las mezquitas resultaron ser rasgos comunes a la mayoría de ellos.

   En el caso del Riad Mama, el que habíamos reservado en Mequinez, estas deficiencias se veían agravadas por la mala gestión. Nada más llegar, el encargado, que hablaba un francés muy elemental,

pretendió cobrarnos en metálico. Cuando le mostramos la reserva, en la que indicaba claramente que admitían tarjetas de crédito, se limitó a llamar al dueño por teléfono para que habláramos con él. El dueño nos prometió solucionarlo, pero no tuvimos más noticias suyas hasta cuatro días después, cuando nos pidió que retrasáramos nuestra marcha un rato, hasta que él llegara con un datáfono nuevo.

   El encargado se pasaba el día fumando canutos con un colega en la azotea del edificio; a veces hasta le costaba bajar las escaleras para abrir la puerta. Cuando nos quejamos porque no nos habían arreglado las habitaciones, volvió a ponernos con su jefe, el cual se disculpó y prometió solucionarlo. Era inútil preguntarle nada a Abdelganí, que así se llamaba el encargado. Era más fácil dirigirse a la cocinera, una señora mayor que no pretendía hablar francés pero al menos se esforzaba en entendernos. Si se acababa el papel higiénico, Abdelganí afirmaba estar désolé, como cuando protestábamos porque el pan o los bollos del desayuno eran del día anterior o se cortaba el funcionamiento de la WiFi, pero en ningún caso hacía nada para solucionar el problema.

   Se iba acabando el largo puente y los turistas brotaban de nuevo, como las setas tras las lluvias de otoño. También reabrían las tiendas de los zocos, mucho más amplios y modernos que los de Tetuán. Las principales calles de la median estaban cubiertas por unas techumbres de madera con celosías a los lados, para proteger a los caminantes del sol a la vez que dejaban circular el aire para refrescar un poco el ambiente.

   Aprovechando las circunstancias, a la vuelta de Volubilis pudimos cumplir uno de los dos ritos ineludibles para todo turista que visite Marruecos: comprar una alfombra. Es casi tan inevitable como la diarrea del viajero; puedes tomar precauciones, prometerte a ti mismo que no caerás en la tentación, pero, al final, todos acabamos pasando por el aro.

   El pecado lo cometimos en una tienda aneja al restaurante “Au gout de Meknès”, en cuya agradable terraza habíamos comido un par de veces. En el local, que el camarero nos describió primero como una cooperativa y luego como un negocio familiar, dormitaba el abuelo. Apareció luego el padre del camarero y, por fin, su hermano, que era quien en realidad llevaba el negocio.

   Por suerte, yo tenía muy claro lo que quería, lo que al vendedor le evitó extender por el suelo los cientos de alfombras que almacenaba y a mí me privó de gran parte del espectáculo. Yo quería un kílim tejido, no una alfombra de nudo, lo que reducía mucho el rango de precios. Las dimensiones que buscaba, unos setenta por cien centímetros, contribuían a cerrar el abanico, igual que los colores base (rojo o azul) y el diseño que buscaba, muy sencillo y basado en motivos bereberes.

   Los kílim marroquíes no tienen los dibujos entretejidos con la urdimbre, como los turcos y de otros países de Oriente Medio, sino bordados, lo que los hace menos resistentes pero permite una elaboración mucho más rápida.

   Cuando el dueño se convenció de que no iba a lograr vendernos sus productos más caros, las alfombras de nudo de dos o tres metros de largo, y se resignó a enseñarme lo que yo pedía, el ambiente se relajó notablemente y pronto encontré uno que me gustó. Casi igual de rápido fue el regateo, lo que me dejó con la impresión de que mi primera oferta había sido demasiado alta. Pero ya sabemos que el precio justo es el que satisface tanto al vendedor como al comprador, por lo que no me quejo en absoluto de mi compra. Espero que el kílim me acompañe largos años..

   14 de abril de 2024

   Marruecos no me parece un país preocupado por su futuro; muchos jóvenes están convencidos de que su vida será mejor que la de sus padres, pero creo que esa idea es más producto de la fe que del razonamiento. La población, muy concentrada en el noroeste del país, crece a un ritmo ligeramente decreciente del 1% anual, mientras que el PIB, una vez superada la pandemia, sube algo por encima. Sin embargo, la inflación, actualmente en un 6% anual, hace que el nivel de vida esté descendiendo. El 27% de la población tiene menos de 15 años, frente a un 13% en España; este dato objetivo coincide con mis impresiones subjetivas: las calles están llenas de niños. Es verdad que la tasa de desempleo (en torno a un 9%) está por debajo de la española, pero esa cifra no reconoce el subempleo ni la economía informal. Los jóvenes, con un paro cuatro veces superior, del 36%, están por encima de la media española.

   Por otra parte, la corrupción permanece incrustada en la sociedad. Aunque la situación parecía haber mejorado con el nuevo rey, la posición de Marruecos en el ranking mundial ha empeorado en los últimos años. No nos engañemos: Marruecos no disfruta de una verdadera democracia, sino que vive bajo un régimen autoritario y teocrático, en el que el rey, como Carlos de Inglaterra, es también la máxima autoridad religiosa del país.

   Mención aparte merece la situación de las mujeres, aunque, como turistas, no tiene en nosotros más consecuencias directas que el que los camareros, independientemente de quién pague la cuenta, me traigan siempre a mí la vuelta. Pero ver a esos jóvenes con ropas deportivas y peinados hipster junto a sus parejas, cubiertas desde la cabeza hasta los pies; a muchas niñas de pocos años con el hijab ocultando sus cabellos o a alguna mujer mayor con un litam tapándole la cara, excepto una estrecha ranura para los ojos, me revuelve las tripas. También en esto el nuevo rey trajo cierta esperanza. Su boda con Halma Sellami, que siguió teniendo vida pública después del matrimonio, parecía mostrar un ligero cambio de mentalidad, pero su casi desaparición (llegó a rumorearse que estaba secuestrada) tras su divorcio han mostrado que era un espejismo.

   Al día siguiente salimos para el desierto, pero esa es otra historia.

Para leer otros capítulos de este cuaderno, pincha sobre el nombre.

Tetuán de las Victorias:

Del vergel al desierto 

La arquitectura del barro 

Uarzazate, el Hollywood del desierto

Marrakech, una distopía inminente

Sidi Ifni

Essauira

Rabat, la república de los piratas

Fin de trayecto

viernes, 7 de junio de 2024

Tetuán de las Victorias

   8 de abril de 2024

   Mi primer viaje a Marruecos fue en la primavera de 1973. Yo tenía 20 años (no es necesario echar la cuenta, nací en 1953), el dictador aún vivía y parecía que iba a seguir así eternamente. Por aquellos años compartía un piso de estudiantes en el barrio de Tetuán, pero casi nadie recordaba que por allí estuvo la casa del dirigente anarquista Cipriano Mera ni que en el patio del colegio de la esquina con Bravo Murillo se había organizado el Quinto Regimiento. El Ministerio del Interior nos había recordado que la Asociación de Vecinos estaba obligada a conservar el nombre de Tetuán de las Victorias. Ninguno nos atrevimos a preguntar de qué victorias se trataba. Años después descubrimos lo que no nos contaban en las clases de historia: en 1860, después de una guerra más, el ejército de O’Donnell, que regresaba a España después de ganar Tetuán al sultán Mohammed IV, acampó allí, donde entonces solo había pastos y dehesas. No éramos conscientes entonces de que toda victoria se empareja con una derrota, que lo que los españoles llaman “el desastre de Annual”, para los marroquíes es “la victoria de Annual”, ni no habían contado que Mohammed IV recuperó la ciudad dos años después de la victoria de O'Donnell.

   No voy a hablar ahora de aquel viaje, donde las ganas de aventura y la inexperiencia de nuestros pocos años formó una combinación que pudo haber sido explosiva. Ahora, cincuenta años después, nos disponíamos a emprender un largo (en días y kilómetros) recorrido por Marruecos.

   Mi mujer y yo embarcamos en Tarifa en el ferry que nos llevaría a Tánger. Tarifa, además de ser una de las mecas mundiales del kite-surf y de marcar la interfase biológica entre el Atlántico y el Mediterráneo, es también la ciudad en la que, en el 711, desembarcaron nueve mil soldados de Tarif ibn Malik, un caudillo bereber al servicio de Musa ibn Nusair, más conocido en España como El moro Muza, gobernador del norte de África durante el califato omeya.

   Es evidente que muy pocos o ninguno de esos nueve mil soldados venían de la península arábiga, por lo que no podemos llamarles árabes; es más correcto escribir que eran musulmanes y, en su inmensa mayoría, bereberes.

   Casi cuatrocientos años tardaría Sancho IV de Castilla en recuperar el control de Tarifa, y otros cuatrocientos más los llamados Reyes Católicos en eliminar de la península ibérica todo vestigio de dominio musulmán.

   Ya antes de que el ferry soltase amarras, a la sombra del castillo de Guzmán el Bueno, fui testigo de una escena que me impresionó: docenas de mujeres marroquíes arrastraban fardos enormes desde la bodega del buque hasta unos camiones que esperaban pocos metros más allá.


Eran las porteadoras, empleadas por los comerciantes atípicos (que yo llamaría directamente contrabandistas) para transportar mercancías entre Marruecos y España, simulando que se trataba de equipaje personal. El trasiego era descarado, a la vista de los agentes de aduanas que, se supone, deberían luego inspeccionar los camiones. 

   Este mismo tipo de contrabando se realizaba abiertamente entre Marruecos y Ceuta y Melilla hasta octubre de 2019, cuando las autoridades marroquíes lo suprimieron unilateralmente, tomando como pretexto el fallecimiento de dos porteadoras en una avalancha. Las perjudicadas por esta decisión fueron, como siempre, las más débiles: las porteadoras marroquíes. En lugar de un recorrido andando de unos cientos de metros a través de la frontera de El Tarahal, que habitualmente repetían varias veces al día, ahora se ven obligadas a realizar la travesía del Estrecho (una hora en cada sentido), con esperas de al menos dos horas en Tarifa para tomar el ferry de vuelta. En estas condiciones, solo pueden realizar dos portes al día, por lo que sus ingresos se han reducido considerablemente.

   Desconozco qué artículos traerán a España estas mujeres; en sentido contrario suelen transportar pequeños electrodomésticos y otros objetos manufacturados en China o en Bangladesh.

   Nada más desembarcar en Tánger y emprender la ruta hacia Tetuán, recordamos la expresión Allah’ akbar (Dios es grande) que gritan los almuédanos para llamar a la oración. Veintiocho días, cinco oraciones al día y una media de tres veces en cada llamada me dicen que habré escuchado esta expresión unas cuatrocientas veinte veces en el curso de este viaje. Dios no es grande, sino inmenso, omnipresente y misericordioso, me repito cada vez que contemplo una de las numerosas infracciones graves que me encuentro mientras conduzco. No se explica de otra manera que al final del viaje, después de recorrer más de tres mil quinientos kilómetros, no hayamos visto ni un solo accidente. Conducir en Marruecos es un deporte de riesgo.

   ¿Qué puede hacer un conductor marroquí? Casi todo lo que se le ocurra, excepto, aparentemente, usar los intermitentes: pararse en medio de la carretera o en una glorieta, girar a la izquierda o a la derecha, saltarse las rayas continuas o las señales de Ceda el Paso, pitarte si te detienes ante un paso de peatones o un semáforo en rojo, pararse en un puente para hacer fotos, conducir muy por encima o muy por debajo de los límites de velocidad, saltar la mediana de la autopista para cambiar de sentido… Todo vale. 

   Quizás la explicación a este comportamiento esté en el concepto de maktub, “está escrito”. Si está escrito que vas a morir en un accidente de tráfico, es inútil conducir con prudencia, pues nada puede salvarte de tu destino. Y si no está escrito, ¿para qué preocuparse?

   Después de solo una hora de conducción, respiramos al dejar el coche en un aparcamiento subterráneo de Tetuán.

   En el recorrido de apenas doscientos metros hasta Dar Rehla, la casa de huéspedes donde nos alojaríamos, me sentí retroceder otros tantos años. Empezaba a atardecer, era el penúltimo día del ramadán y una multitud se afanaba en hacer las últimas compras para llegar a casa a tiempo de la ruptura del ayuno. Por las callejuelas de la medina circulaba más gente que por la calle Compañía un martes de carnaval. A duras penas conseguimos arrastrar nuestras maletas entre los mostradores de pastelerías, fruterías y carnicerías que se apilaban junto a la puerta de Bab Tout. Carros de mano, bicicletas, borricos y peatones competíamos por el espacio.

   Recorrimos luego la calle de los peluqueros, donde al menos una docena de establecimientos atendían a una numerosa clientela masculina. Frente al local más cool,


casi veinte jóvenes aguardaban turno en plena calle. Aclaro aquí que, en el caso de esta medina de trazado claramente medieval, llamo calles a las que tienen dos o más metros de ancho y que transcurren a cielo descubierto en la mayor parte de su recorrido, mientras considero callejones a las más estrechas o que discurren, a modo de túneles, por debajo de los edificios que las rodean.

   Dejamos el equipaje en nuestra habitación y salimos de nuevo a la calle. No queríamos perdernos nada. Siguiendo los consejos del dueño de la pensión, abandonamos la medina, donde no existía ni un solo restaurante. En los cafés del barrio español, los clientes, hombres en su mayoría, esperaban sentados frente a platos llenos de dulces a que el almuédano decidiera que ya no se distinguía un hilo blanco de uno negro y un cañonazo anunciara que podía romperse el ayuno. Nosotros, como viajeros, estábamos exentos del ayuno pero no de la abstinencia; sin embargo, por respeto, esperamos al cañonazo para comer y nos sentamos en el Café Ocho Ríos para tomar un “menú ruptura del ayuno”, formado por un tazón de harira, un huevo duro, un pestiño, cuatro dátiles y un bollo relleno de chocolate.

   Durante la cena, las calles se quedaron casi vacías. Guardacoches, algún vendedor de lotería, desocupados en general y muy pocos turistas, por no decir ninguno, daban a Tetuán un aire apocalíptico. Un par de horas después, tras la oración de isha, la noche, las calles volvieron a animarse. Abrían los comercios, se instalaban de nuevo los vendedores callejeros, las familias paseaban y hacían compras como si fuera un día laboral a media tarde.

   A las cuatro de la madrugada me despertaron los altavoces de varias mezquitas del barrio anunciando la oración de fayr, el alba. Este despertar no deseado nos acompañó en casi todas las noches de nuestro recorrido por Marruecos.

   9 de abril de 2024

   Mientras recorríamos el barrio español de la mano del libro sobre arquitectura colonial española escrito por mi difunto amigo Julio Malo de Molina, recordé la intensa relación que Tetuán ha tenido con España. No solo fue la capital del Protectorado Español (desde 1912 hasta 1958), sino que en varias ocasiones ha sufrido las guerras con españoles y portugueses. Base de piratas y corsarios, fue atacada en 1399 por Enrique el Doliente y destruida por los portugueses treinta y ocho años después.

   Tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos, acogió a cientos de refugiados andaluces, tanto judíos como musulmanes. Durante el reinado de Felipe III recibió (de no muy buena gana) a gran parte de los moriscos expulsados de la Península.

   En la época del Protectorado, de allí salieron expediciones militares tanto contra el mafioso Al Raisuni como contra Abd-el-Krim, líder de la independencia rifeña. Entre esos conflictos transcurre la acción de La ruta, de mi admirado Arturo Barea.

   El 17 de julio de 1936 fue una de las primeras ciudades cuya guarnición se sumó al golpe militar contra la Segunda República. El bombardeo de la ciudad por parte de un avión republicano procedente de Sevilla estuvo a punto de provocar una rebelión popular contra el ejército español.

   En el trazado urbano de la ciudad se aprecia una notable diferencia con el de las principales ciudades del protectorado francés. En Tetuán no hay, como en Marrakech, Mequinez o Rabat, amplios espacios libres que separen racialmente los barrios. Aquí la medina, el barrio español y la mellah se unen en una plaza, que fue de España y ahora se llama El Mechouar.

   Una visita al antiguo Casino de Oficiales me devolvió a mi infancia ferrolana. Si no fuera por la presencia de algunos hombres con la vestimenta tradicional marroquí diríase que habíamos vuelta a la más pura y rancia esencia social del franquismo. Un público exclusivamente masculino, dedicado por partes iguales a contemplar la vida de la avenida Mohammed VI por los grandes ventanales, a leer el periódico y a dejar pasar el tiempo mirando al infinito. Unos carteles en árabe, de apariencia conminatoria, que supongo prohibían la entrada a los no socios (hace años habría sido a los indígenas). Unos periódicos atornillados a unos largos soportes de madera para que nadie tuviera la tentación de llevárselos a su casa. Un conserje tan anciano como los clientes, que toleró la invasión de tres turistas en la planta baja pero nos impidió la subida a la segunda. Una decoración de los años veinte, que más que modernista yo llamaría antigüista.


   De la ciudad española pasamos a la judía, que nos sorprendió por sus calles rectas y perpendiculares unas a otras, en contraste con la medina. Primero pensamos que sería de reciente construcción, pero luego encontramos el mismo patrón urbanístico en las mellah de otras ciudades. Se me ocurre una explicación para esta característica: durante las dinastías bereberes, los judíos vivían perfectamente integrados y no existían barrios específicos para ellos. Con las llegada de las dinastías de origen árabe (saadíes y alauitas) se decretó la segregación y los judíos se vieron forzados a abandonar las medinas medievales y mudarse a nuevos barrios, las mellahs, de trazado más acorde al siglo XVI en que se crearon.

   Lo que no queda es casi ningún judío en su antiguo barrio; al parecer, la mayoría ha emigrado a Israel.

   Decir que la medina de Tetuán es laberíntica sería un lugar común demasiado evidente. Ni siquiera con un buen mapa es sencillo orientarse y hasta la señal de GPS se pierde en los callejones más estrechos. Si no se quiere acabar en un fondo de saco conviene ceñirse a las calles más frecuentadas. Tampoco resulta demasiado útil preguntar a alguien por la situación de algún punto de interés. Cuando haces eso, es muy probable que se empeñe en acompañarte hasta su destino, sepa o no dónde está. Es una cosa que me sorprendió en Marruecos: la cantidad de veces que recibimos informaciones falsas o, al menos, claramente erróneas. A los pocos días aprendí a no creerme nada de lo que me decían y a tratar de corroborarlo por otras fuentes. Mi cuñada me tachaba de desconfiado. Cierto, pero es una desconfianza fruto de la experiencia, no de prejuicios. En el fondo, creo que no lo hacían por despistarnos, sino por su afán de ayudar y de quedar bien delante del extranjero. ¿Cómo van a decirle a un viajero que no conocen ese mercado indígena por el que pregunta, o, peor aún, que nunca ha existido tal mercado? Algo muy similar nos pasó en Japón, donde los paseantes nos rehuían si pensaban que íbamos a preguntarles algo, o en Indonesia, donde era mejor no hacer preguntas abiertas al preguntar por el camino a algún sitio.

   Durante gran parte de nuestro recorrido por la medina nos acompañaron Sarita, de unos tres años, y sus hermanos, algo mayores. Era enternecedor ver a los dos niños cuidando de su hermanita y a los artesanos, tenderos y paseantes pendientes de los tres chiquillos, regalarles alguna chuchería o un simple saludo cariñoso.

   La separación de gremios no es ahora tan estricta como hace unos siglos, pero todavía se detecta en algunas calles una especial concentración de pollerías, barberos, hojalateros o esparteros. Otro aspecto que diferencia la medina de la ciudad moderna son los ruidos. En los callejones de la medina no se escuchan bocinazos ni petardeos de escapes, sino cacareos de gallinas, rebuznos, salmodias de Corán en las madrazas, martilleo de los hojalateros, campesinas pregonando frutas o verduras frescas, almuédanos llamando a la oración, maullidos de innumerables gatos, pitidos de algún móvil o niños jugando a la pelota.

   Para finalizar nuestra exploración de la medina, ascendimos por entre barrios cada vez más humildes hasta la Kasbah, pero el antiguo Cuartel de Regulares estaba cerrado por reconstrucción.

   10 de abril de 2024

   Hoy se celebra Eid-el-Fitr, la fiesta del fin del ayuno y la abstinencia. Desde primera hora de la mañana, desde nuestra habitación escuchamos cantos y tambores. Un grupo de jóvenes, reunido en nuestra calle en torno a unas mesas adornadas con manteles blancos y flores, como para una boda, coreaba con mucho entusiasmo unas melodías sencillas acompañadas por el ritmo de las darbuka. Eran miembros de una cofradía. Más tarde, llegó otro joven con un equipo de sonido y dos buenos altavoces. Los cánticos desaparecieron, derrotados por el volumen de la música grabada. Se están perdiendo las tradiciones.

   Las calles estaban irreconocibles, con los comercios y oficinas cerrados, excepto alguna tiendecilla de conveniencia. Por la ciudad nueva no circulaba casi ningún coche y la gente paseaba estrenando ropa; había aumentado mucho la proporción de quienes vestían el atuendo tradicional. Los jóvenes, chicos y chicas por igual, presumían de peinado recién hecho; diríase que era el Domingo de Ramos en cualquier ciudad española.

   Pese a la animación callejera, seguía siendo complicado encontrar un sitio para cenar. Comer en un restaurante no forma parte de la cultura marroquí, especialmente en los días de fiesta; solo come fuera quien, por motivos de trabajo o viaje, no tiene otro remedio. En una ciudad poco visitada, como Tetuán, solo hay un par de restaurantes, claramente orientados a los turistas. En la mayoría de los cafés no se sirven comidas, aunque no se oponen a que lleves unos pasteles de alguna patisserie cercana. Solo en los locales de comida rápida, como pizzerías o shawarmas, que a su vez son los únicos frecuentados por mujeres, se puede comer algo.

Mañana viajaremos hasta Mequinez, pero esa es otra historia.

Para leer otros capítulos de este cuaderno, pincha sobre el nombre.

Mequinez 

Del vergel al desierto 

La arquitectura del barro 

Uarzazate

Marrakech

Sidi Ifni

Essauira

Rabat: La república de lospiratas

Fin de trayecto





viernes, 31 de mayo de 2024

"LOS PERROS DE RIGA" de Henning Mankell: Wallander en la Letonia de 1990, que ansiaba liberarse del férreo cepo de la URSS.

 Queridos Cinéfilos:

Especialmente me dirijo a los que sois amantes de la literatura meta policíaca, esto es, la que produce novelas que no se limitan a describir el proceso de investigación de asesinatos u otros crímenes, sino que también incluyen un análisis más o menos profundo del contexto social y/o político en que están inmersos los personajes de dichas novelas, siendo este objetivo tan relevante como la resolución de los crímenes e, incluso, a veces más, modalidad policíaca que supongo se inició con la la llamada "novela negra" norteamericana. 

Ya en diciembre de 2012 desvelé aquí que en mi adolescencia, muy especialmente durante las largas vacaciones veraniegas de entonces y posiblemente por ser hijo único, "devoraba" novelas de Agatha Christie protagonizadas por el famosísimo Hércules Poirot, cuyo núcleo esencial era el esclarecimiento de casos de asesinato, incluyendo en ello, en tanto fuera necesario para su resolución, un análisis de la personalidad de los implicados, casi siempre pertenecientes a la burguesía o a la alta sociedad, junto con sus sirvientes, prestando casi nula atención a la problemática de las clases menos favorecidas o a los cambios sociales que fueron muy importantes entre las dos guerras mundiales, justo las dos décadas en las que se desarrollan las más célebres novelas de esa autora. Pero como sus tramas eran muy originales, endiabladamente complejas y yo todavía muy poco consciente de la problemática social, pronto llegué a considerar a Agatha Christie mi escritora favorita y, aún ahora, le debo el enorme reconocimiento de haberme hecho amar la literatura descubriendo el placer de la lectura cuando, ya preadolescente, había abandonado al Capitán Trueno. Y todavía ahora, confieso, cada pocos años leo o releo alguna novela suya.

Según fui madurando aprecié cada vez más las novelas meta policíacas y por ello retomo hoy a Henning Mankell, excelente novelista y director teatral sueco (además de yerno de ¡Ingmar Bergman!, nada menos) del que ya os recomendé aquí en 2012  "Asesinos sin rostro" su primera novela policíaca (con un muy fino comentario adicional de Belén, que también  podéis leer en ese mismo enlace), obra iniciática de la serie en la que presenta al inspector Kurt Wallander, personaje que supongo es su trasunto ideológico, que vive y trabaja en Ystad, pequeña ciudad de 20.000 habitantes a unos 50 kms de Malmö, en la región de Escania, en el extremo sur de Suecia.

Basta ya de introducción sobre el autor y su personaje, porque cuando Mankell falleció en 2015, Ana D. publicó aquí sobre él un análisis muy acertado como obituario, que a su vez fue apoyado por un comentario de José Ramón (accesibles los dos en este enlace) que, junto con el anterior citado de Belén, son absolutamente definitorios de Wallander y su contexto, por lo que vamos al objeto específico de hoy. 

He leído este otoño la segunda novela de la serie escrita por Mankell y protagonizada por ese inspector,  "Los perros de Riga", sobre un crimen cuando dos cadáveres de hombres asesinados arriban a la costa sueca en 1990 en un bote salvavidas llevado por corrientes y mareas, que rápidamente se constata corresponden a personas letonas, presuntamente provenientes de la orilla opuesta del Báltico, por lo que la policía sueca debe contactar y coordinar su actuación para resolver el caso con la policía de la República de Letonia, en esa época aún soviética y federada en la URSS, aunque ya en proceso de intentar recobrar su perdida independencia aprovechando la apertura de la Perestroika del nuevo Presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, existiendo en el país un movimiento pacífico de resistencia nacional letona contra la ocupación soviética que aumentaba día a día su activismo social para conseguirlo.

En las dictaduras, más aún cuando se da el caso de que el omnipotente Estado tiene la entidad de imperio multinacional, con una etnia o nacionalidad preponderante (como destacadísimamente lo fue Rusia en la URSS y, en menor grado, Serbia en Yugoeslavia), las estructuras administrativas de los poderes social, judicial y policial represor siempre están infiltradas/controladas por agentes al servicio del Imperio, "nomenklatura" que a lo largo de su existencia desdobla su actuación generando redes mafiosas de corrupción piramidal que incluso puedan supervivir en una hipotética futura desagregación del Imperio al independizarse de él  los países subordinados. Interesante entorno para la acción de esta novela, ¿no?  

Subrayo, por ser muy importante para entender el contexto en el que se desarrolla la trama, que los tres países bálticos menores, Estonia, Letonia y Lituania, fueron incorporados manu militari a la URSS, tras ser físicamente "intervenidos" en la primavera de 1940 por el Ejército Rojo para "asegurar su independencia" en la fase más expansiva de la Segunda Guerra Mundial, acción  "casualmente" simultánea con la exitosa invasión alemana de Holanda, Bélgica e inmediatamente Francia, mientras el ejército aliado franco/británico estaba siendo derrotado y ésta ocupada y rendida por Alemania, razón por la cual ninguna de las dos potencias occidentales tuvo la mínima oportunidad para auxiliar a los tres pequeños países bálticos "deglutidos" por la URSS, que no osaron defenderse, teniendo muy en cuenta la inmediatamente anterior experiencia de Finlandia, mayor que los tres juntos, que sí lo intentó heroicamente al ser invadida el 30 de noviembre de 1939, tras negarse a las exigencias de cederle territorio nacional y bases estratégicas, teniendo que rendirse tras tres meses de numantina resistencia ante un enemigo que disponía de una población y recursos 25 o 30 veces superior. Finlandia había tenido que aceptar, como mal menor, ceder el 10% de su territorio a la URSS, incluyendo la importante ciudad de Viipuri (que todo sigue formando parte de Rusia) y mantener una independencia tutelada por Putin. Perdón, por Stalin, quise escribir, que, recordemos, previamente había firmado con Hitler el ominoso acuerdo de amistad y cooperación de agosto de 1939 para repartirse Europa, empezando en septiembre por Polonia. Os refiero a mi comentario en este mismo Foro sobre la excelente y rigurosamente histórica "Katyn", del gran maestro polaco Andrzej Wajda, que en 2007 pudo exponer lo que nunca le fue permitido en la época dictatorial comunista en Polonia, a pesar de ser considerado ya entonces el director más internacionalmente reconocido de ese país.

Como soy muy aficionado a la Historia, quizás me he extralimitado en las referencias, pero, ¿de verdad todos conocíais estos antecedentes acerca del papel libertador del Ejército Rojo en los inicios de la Segunda Guerra Mundial cuando actuaba coordinado estratégicamente con la Wehrmacht nazi devorando la  Europa libre simultáneamente? 

Reitero que ese odio/temor anti ruso que impregnaba a la gran mayoría silenciada de la población letona en 1990 (temor que, aunque disminuido, siguen manteniendo ante las amenazas del actual Zar/Presidente ruso) es un elemento esencial en la trama de la novela, hasta el punto de que cuando se edita un año después de la fecha en que la escribió Mankell, él añadió una nota final muy reveladora del curso de la Historia que fue y la que pudo ser en ese plazo. Chapeau!  

Y no creo que sea necesario añadir nada más para respaldar mi consejo de que leáis a Mankell, ahora que empieza la Feria del Libro en Madrid, ya sea las novelas de Wallander, empezando por la primera, la ya aquí muy comentada "Asesinos sin rostro" y siguiendo con esta segunda, "Los perros de Riga", o con una totalmente desconectada de este personaje, que el "Cinéfilo" Antonio R. me aconsejó y me gustó mucho, aunque sea de tema triste, "Zapatos italianos", de la que tan sólo di aquí una mínima referencia.

Muy buena e interesante Literatura, Amigos.

Manrique


viernes, 26 de abril de 2024

"ORDET" (1955): Rendimos homenaje a Carl Theodor Dreyer este mes de abril de 2024 desde nuestro Cinefórum

Queridos "Cinéfilos":

Tuve la oportunidad de anunciaros aquí, en febrero pasado, que ¡por fin! habíamos conseguido fundar en mi parroquia (Nuestra Señora de la Consolación, de Madrid) un Cinefórum mensual dedicado al CINE (con mayúsculas) en cuyas películas se traten problemas de ética y/o valores humanos, no necesariamente religiosos.

En la sesión inaugural proyectamos y debatimos "Paradise Now" (que aquí comenté en 2015), en marzo la excelente  "En un mundo mejor" de Susanne Bier (que efusivamente os recomendé en 2011) y para la tercera sesión, del 8 de marzo, decidí proponer "Ordet", del  patriarca del Cine danés Carl Theodor Dreyer, con la que obtuvimos un gran éxito, lo que trasmito aquí porque ¡ya es hora que también nosotros le rindamos un homenaje desde nuestro Foro, Cinéfilos, a este gran director!  y es lo que pretendo hacer ahora comentando esta magnífica película y la mejor manera de hacerlo es copiar aquí el comentario del programa de mano que preparé para dicha sesión de Cinefórum. Helo:

Por estar celebrando la Pascua de Resurrección, programamos para la 3ª sesión de nuestro Cinefórum esta excelente película, cuyo guion alcanza una relación con aquélla. Elegida en Filmaffinity como la mejor película nórdica de la historia, sólo nos consta que se haya emitido en TV abierta por J.L. Garci en su programa “Qué grande es el Cine” de La 2 hace años.

Basada en un drama de Kaj Munk, pastor luterano y dramaturgo asesinado por la Gestapo en 1944 durante la ocupación alemana, su trama se desarrolla en los finales 20s en un pueblo danés donde dos facciones de fieles protestantes opuestas han convertido sus diferencias teológicas en enemistad, llegando a coexistir sin convivir, por considerar sus respectivos dirigentes ser los poseedores de la Verdad. Pero existen personas como Inger y el “demente” Johannes, respectivamente nuera y segundo hijo del líder de la facción religiosa moderada… 

Inger, con Mikkel y Johannes
¿Por qué aconsejamos ver “Ordet”?: 
  • Porque, aunque se desarrolla en un ambiente tradicional y muy religioso, trata de un tema ético universal, la concordia buscando el bien común frente a la intransigencia radical, y lo hace a través de una espléndida parábola, que como tal debe ser entendida. Sería saludable que muchos políticos españoles aceptaran nuestra invitación para asistir a este Cinefórum. 
  • Porque es la gran obra maestra de Carl Theodor Dreyer, sin menospreciar las espléndidas “La pasión de Juana de Arco” de 1928, o “Dies Irae” de 1943, mítico director y ejemplo para un grupo de brillantes alumnos daneses actuales, destacadamente Lars Von Trier, Gabriel Axel, Billie August, Thomas Vintenberg, Lone Scherfig y nuestra ya conocida Susanne Bier. Confío que dentro de unos meses dos joyas de Von Trier causarán el máximo impacto en este Cinefórum. 
  • Porque técnicamente es magnífica y por ello ganó, a pesar de su modesta producción, actores desconocidos fuera de Dinamarca y profundidad de su tema, el Globo de Oro a la Mejor Película de Habla no Inglesa, el León de Oro en el Festival de Venecia y otros más, despertando el interés mundial para el posterior Cine nórdico de Ingmar Bergman: “El Séptimo Sello”, “El manantial de la Doncella”, “Persona”, “Gritos y susurros”, “Fanny y Alexander”… 
  • Porque Dreyer es el auténtico mago de la luz blanca en sus obras y muy especialmente en ésta, cuyas últimas secuencias tienen un formato visual magistral en la Historia del Cine. 
  • Y, como siempre, “porque creemos que seguirán la historia narrada en esta película con gran interés y, tras verla, apostamos a que se podrá producir un clarificador debate sobre la problemática expuesta, que enriquecerá el desarrollo de esta sesión de Cinefórum”. 
Gracias por asistir a esta 3ª sesión del Cinefórum, porque “Ordet” lo merece y mucho.

Para todos los Cinéfilos que no conociendo "Ordet" (con una muy alta calificación media de 8,2 según más de 12.000 votantes en Filmaffinity) deseéis verla, un pequeño obsequio de vuestro colega: facilitaros el enlace para verla desde YouTube con buena definición, completa y doblada a español (mientras esté disponible, claro), en https://www.youtube.com/watch?v=DYLKPwlkZ9k

Y por último, un interesantísimo aviso: Esta noche, en TRECE TV a las 21:45, José Luis Garci en su programa semanal de CINE "Classics" va a presentar, emitir y comentar "Dies Irae" (1943), que antes he señalado como otra de las grandes obras de Carl Theodor Dreyer (calificación en Filmaffinity 8,1).

¡¡Muchas Gracias!!, TRECE TV y José Luis Garci.

Que conste que ya hemos hablado muy bien de ti, José Luis, en este Foro. Mi gran colega y amigo Rogelio nos contó el 18 de noviembre de 2007, en nuestros inicios, su pequeña charla contigo a la salida de ver tu "Luz del domingo", y un servidor rindió homenaje a tu mítica película sobre la Transición "Asignatura pendiente" en un comentario que hice el 13 de abril de ese mismo 2007, nada menos que compartiendo entrada con "La Dama de Shanghái" de Welles y "La última carga" de Richardson.

Estaría bien, José Luis, que vinieras invitado de honor a una sesión de nuestro Cinefórum o, al menos, publicaras algo en nuestro Foro. ¿Hace?

Buen CINE, Amigos.

Manrique

lunes, 15 de abril de 2024

Marc Chagall

Exposición de Marc Chagall en Madrid

Bielorruso, de origen judío y exiliado, primero en Francia y después en Estados Unidos, vivió las situaciones más convulsas del siglo XX, sus sentimientos, desilusiones y esperanzas, amores y pasiones impregnan toda su obra. La exposición de la Fundación Mapfre, que está recibiendo numerosos visitantes esta primavera en Madrid, se abre con un enorme cuadro: El vendedor de ganado . Colores intensos, disposición arbitraria de los personajes, fantasía, animales alados. No se puede dar más simbolismo en un sólo cuadro. Pero para Chagall la fantasia no era una evasión de la realidad sino penetrar en las profundidades de la realidad. Un magnífico comienzo que resume el estilo pictórico de Chagall. 

Pero Chagall es mucho más que esta pintura de colores expresionistas o simbolistas, aquello que descubrió en su primer viaje a Paris, en 1910. Chagall, muy joven 1907 y 1908, comenzó dibujando y pintando en San Petersburgo, cuadros de tema trágico en un estilo realista y colores oscuros: La muerte, El hombre de la cabeza del revés. Estilo al que volvería años después de la guerra (1917), motivado por la tragedia de ésta y el desencanto de la revolución rusa. De esta época es La casa gris, formas geométricas, grises cubismo en una palabra. 
 
Conoce a Bella Rosenfeld, su mujer y su musa, la retrata flotando como una ensoñación, colores expresivos. Doble retrato. Chagall se retrata junto con Bella, unidos en vertical, ingrávidos y felices. 

El violinista en el tejado es de su época cubista, inspirado en el fauvismo de Gauguin. Violín naranja, personaje que vuela. En el culto judío el violín tiene un especial significado, fue creado por un judío en Italia en el siglo XVII. Chagall estuvo muy implicado en el judaísmo: Rabino en blanco y negro, rezando sus oraciones por la mañana el Torá, Candelabro de rosas blancas o Soledad son algunos de los cuadros dedicados a sus recuerdos de la infancia. 
Impresionado por la figura de Cristo realiza tres cuadros con el crucificado en el centro. Representa lo que está sucediendo al pueblo judio. 


Viajó a Jerusalén, donde recogerá el paisaje necesario para crear numerosos dibujos de temas bíblicos, todos del Antiguo Testamento: Dios concede las tablas a Moisés, Sacrificio de Isaac o Milagro de Moisés, son algunas que se pueden ver en esta exposición. Podría sorprender esta serie de aguafuertes en un pintor moderno. Pero Chagall elige aquellos episodios por los que se siente especialmente motivado. Los patriarcas: Noé, Abraham, Isaac, Jacob y José. La historia de Moisés y el éxodo de Egipto con un lenguaje personal que no deja indiferente.

 
 Finalmente, es importante recordar el encargo que recibió para las vidrieras de la ONU, la Paz, en 1964. 
Una exposición que abarca casi toda la obra de un artista, que creó un lenguaje pictórico y que tenemos la suerte de conocer en la Fundación Mapfre, hasta el 5 de mayo.

jueves, 29 de febrero de 2024

HAROLD PINTER: ESPLÉNDIDO GUIONISTA, DRAMATURGO Y... PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2005

 Queridos Cinéfilos:

Harold Pinter en los 70s
Yo no soy el gurú de nuestro Foro ni tengo autoridad para dictaminar inequívocamente qué películas son buenas o deleznables, tan sólo puedo opinar sobre ellas, pero sí puedo hacer una cosa astuta: citar opiniones de grandes maestros del CINE con las que estoy de acuerdo y así convenceros de mi posición. Vamos, como hacen los abogados americanos en los mil juicios que hemos visto en la pantalla cuando apoyan una argumentación en un antecedente legal aceptado por un juez 30 años antes en un condado de otro estado. Vamos a ello:

El gran director Akira Kurosawa dictaminó (copio y pego lo que ya os he escrito simplificadamente muchas veces):

"Con un buen guion, un buen director puede llegar a producir una obra maestra; con el mismo guion, un director mediocre puede hacer una película encomiable. Pero con un mal guion, incluso un buen director es incapaz de realizar una buena película."

Como estoy al 100% de acuerdo con ello, quiero hoy saldar una deuda pendiente del conjunto de los Cinéfilos con uno de los mejores guionistas que "detecté" en películas que me han parecido admirables, Harold Pinter, al que le dedico este mínimo homenaje póstumo, pero con 15 años de retraso porque falleció la Nochebuena de 2008, tres después de ganar el Premio Nobel de Literatura, además de otros muchos, teatrales y cinematográficos con anterioridad. 

Solamente daré una referencia social/política suya: parece claro que en toda su obra, mejor dicho, al menos en la que conozco, se muestra muy crítico con la clases alta  y burguesa de la sociedad inglesa, más que británica, por la estructura de castas muy segregadas, no solamente desde un punto de vista económico sino también cultural,  existentes aún después  de la Segunda Guerra Mundial y de la pérdida de  las colonias, que etiquetaba a las personas según su educación y dinero, vasos muchas veces comunicantes, posible restos lógicos de la herencia de casi  tres siglos imperiales como primera potencia mundial  bajo la Corona de su Graciosa Majestad. Parece claro que Pinter se convirtió en el guionista más destacado del movimiento cinematográfico británico de los "Jóvenes airados" (Angry young men) que en sus películas  daba voz a las clases baja y media-baja.

Obviamente no voy a recordar más que unas pocas películas suyas porque pretendo no escribir un rollo enciclopédico/crítico sobre su obra, tan solo haceros, ilustres podencos, olfatear el olor de las presas para que os lancéis a conseguirlas y así veréis buen CINE con guiones de Harold Pinter. Ahí van, en orden cronológico:

  • "El sirviente" (GB 1963) de Joseph Losey:  Impactante película con una extraordinaria interpretación de Dirk Bogarde como el único servidor para todo de un joven adinerado (bien interpretado por el entonces debutante James Fox, que llegaría a ser un excelente actor) al que irá sumiendo en una dependencia total. Magnífica. Mi hija Virginia, a la que ya los analistas la han diagnosticado como afectada de cinefilia crónica, la descubrió hace unas semanas y quedó KO. He sabido que alguien ha dicho que esta película podría ser un antecedente de "Parásitos". No estoy de de acuerdo, es infinitamente más sutil y profunda "El Sirviente".
  • "Accidente" (GB 1967) de Joseph Losey: No tan impactante como la anterior, pero con secuencias muy conseguidas, como las de los juegos, realmente desafíos, entre los jóvenes machos alfa de la clase alta. Dirk Bogarde de nuevo, aunque en un papel mucho más coral que en la anterior.
Mi ejemplar de la novela
  • "La mujer del teniente francés" ("The French Lieutenat's Woman" , no "Wife", aclaro, GB 1981) de Karel Reisz: Para mí una auténtica obra maestra, con uno de los mejores guiones, podría ser el mejor, que he disfrutado. Permitidme que me explaye.
He leído la novela homónima de John Fowles, que es muy buena... pero yo lo hice años después de haber visto la película y he de decir que, aunque casi ninguna película puede reflejar todos los episodios de la trama  original porque entonces tendría que durar bastantes horas y, otro problema, en el cine es muy difícil verter pensamientos o escritos de los personajes, que se explicitan muy bien en un libro, me parece mucho más ingenioso y rompedor el guion que la novela porque duplica la acción, ya que en éste se trata especularmente del rodaje de una película sobre la obra original, en el que los personajes de la trama del siglo XIX siguen la trama de Fowles pero sus intérpretes viven fuera de las horas del rodaje su propia peripecia  "paralela". Para mí un guion GENIAL, que acaba con un "match point", que diría Woody Allen: El actor principal del rodaje cinematografiado (Jeremy Irons) llamando a la actriz protagonista del mismo, su amante fuera de ese rodaje (Meryl Streep), ¿con qué nombre? 

Como hoy sólo hablamos del guion de Pinter, no hace falta añadir que la película está extraordinariamente bien realizada en todos sus aspectos y termino referenciándoos al muy personal y sutil comentario sobre ella que aquí escribió Marga.


Y termino pasándome al Teatro: Sólo he visto una obra suya, "Viejos tiempos", representada en la sala Margarita Xirgú del Teatro Español de Madrid en junio de 2012, que me gustó sin entusiasmarme, con un reparto de sólo tres personajes, interpretados por Emma Suárez, Ariadna Gil y José Luis García Pérez, montaje del que aquí tenéis una muestra en vídeo. Tenéis alguna obra suya en el mítico espacio semanal, durante una o dos décadas, de teatro "Estudio 1" de TVE accesible en rtve.es, al menos "Tea party". 

Un último dato: John Fowles fue el autor de una excelente novela novela que he leído hace pocos meses, la que se rodó una extraordinaria película que me impactó a mis 16 años  y yo diría que fue, junto con la magnífica "Becket", muy diferente, que debí ver con 14 años, las dos primeras películas "adultas" que me infectaron de cinefilia por vida. 

Pero "El coleccionista" se merece un comentario específico, se lo debo y ya lo tendréis.

¡Viva el gran CINE! ... necesariamente con excelentes guiones, Amigos.

Manrique


jueves, 1 de febrero de 2024

¡¡INAUGURAMOS UN NUEVO CINEFÓRUM PRESENCIAL!!, mañana en Madrid

Queridos "Cinéfilos" miembros de este Foro y Amigos asimilados:


Sabed que mañana, viernes 2 de febrero, a nuestro casi veinteañero Foro de este blog le va a nacer un hermano pequeño, pero presencial, dedicado exclusivamente al CINE, pero siempre con mayúsculas, porque en mi parroquia de Nuestra Señora de la Consolación lo vamos a inaugurar en la sesión de esa tarde con el objeto de que personas  de todas las generaciones, tanto si son cinéfilas previas como las que no sepan quien fue Ingmar Bergman, cristianas o no, pero buena y civilizada gente, para que puedan descubrir, o disfrutar de nuevo, sobresalientes películas, 
con inteligentes guiones que traten con profundidad y amenidad interesantes temas éticos, sociales, históricos y/o trascendentes de la existencia  humana, siempre desde una mirada honesta, para lo que intentaremos elegir aquéllas que no estén condicionadas radicalmente por visiones confesionales ni partidistas políticas.

Nuestro objetivo es ofrecer una sesión de cinefórum mensual a las 6 de la tarde de viernes, en la que proyectaremos una película para debatir sobre ella a continuación entre todos los asistentes, no sólo sobre su calidad técnica, sino fundamentalmente sobre su temática y tratar de extraer enseñanzas cuya aplicación presuntamente puedan mejorar nuestro mundo.

Vamos a inaugurar el Cinefórum con una película que ya comenté muy positivamente en este Foro el 26.11.2015, "Paradise Now" (Hany Abu Assad 2005), por lo que refiero a ese enlace sobre sus grandes méritos (sólo recordaré que quedó entre las cinco finalistas al Oscar a la Mejor Película de Habla no inglesa, ganó el Globo de Oro de esa categoría y el Premio del Público del Festival de Berlín) que ahora no  voy a repetir. Desgraciadamente puedo subrayar la absoluta oportunidad de escoger esta película en estos momentos por la situación actual de guerra cruel en la franja de Gaza tras el indiscriminado y salvaje ataque terrorista del 7 de octubre pasado, con más de mil asesinados de indefensos civiles judíos, a los que ya hay que sumar bastantes miles de civiles palestinos muertos como víctimas colaterales de la posterior demoledora reacción militar de Israel. Si unos y otros hubieran visto esta película, singular producción palestino-israelí-franco-alemana-sueca, quizás esta barbarie podría haber sido evitada. 

Termino, "Cinéfilos" y Amigos asimilados que estéis en Madrid y no tengáis mejor plan para mañana por la tarde, ofreciéndoos que seréis bienvenidos si queréis asistir a esta sesión inaugural del nuevo CInefórum, en nuestra parroquia, sita en la calle Juan Esplandiú 2 (en el límite norte del Parque de Roma, que separa el Barrio de la Estrella de nuestro  vecino  Pirulí, que se alza en la acera opuesta de O'Donnell, siendo relativamente fácil aparcar al lado de la iglesia por ser una zona residencial sin comercios. Estación de metro de Sainz de Baranda a 10 min andando.

Esta película  (83 minutos y máximo interés en su trama) no sólo es muy buen CINE, sino "necesaria" para entender algo más qué es lo que pasa en Gaza desde una visión asombrosamente honesta y constructiva. FilmAffinity concluyó: "Un atrevido y siempre interesante desenmascaramiento de injusticias y sinsentidos y, sobre todo, de la inutilidad del fanatismo." Apuesto que  interesará mucho a los que mañana la descubran. Os espero... a los que vengáis, Amigos.

Manrique 

PD: Os enviaré por mail una copia de la presentación a los que vivís en Madrid

sábado, 6 de enero de 2024

Rey Melchor: Te pido que me traigas "El coleccionista" ("The Collector" GB 1965), la última obra maestra de William Wyler

 Querido Rey Melchor:

Antes de pedirte que me traigas algo por esta Noche de los Reyes Magos, te pongo en contexto para que entiendas por qué es tan importante para mí.

Vi "El coleccionista" en el Cine Callao de Madrid allá por 1966, dirigida por el gran William Wyler, que ya contaba sus tres Oscar de dirección ("La Señora Miniver", la excelente "Los mejores años de nuestra vida" y "Ben-Hur", la película más oscarizada de la Historia) y con otras nueve nominaciones como director (entre ellas por "La loba", "La heredera", "Horizontes de grandeza" .... y "El coleccionista", por supuesto). 

Con 16 años y ya diagnosticado de cinefilia crónica, me dejó KO, tanto por su argumento, original e impactante, como por la excelente dirección, realización en general (obteniendo un gran éxito de crítica y premios) y por la extraordinaria interpretación de los dos actores protagonistas absolutos, Samantha Eggar y Terence Stamp, previamente casi desconocidos, lo que no impidió  que ganaran los premios a mejores actores en el Festival de Cannes y ella el Globo de Oro a Mejor Actriz además de la nominación al Oscar correspondiente. 

Es una película que, según creo, sólo una vez he tenido noticia de que la emitieran en TV. Tuvo que ser necesariamente, estoy seguro, en el verano de 1991 o, más probablemente, en el de 1992, en una noche de nuestras vacaciones en Las Navas del Marqués. 

Conseguí, increíble pero cierto, que mi sobrino Jaime y mi hija Marta, ambos del 1976, vamos con los mismos años que yo cuando la vi, aunque menos infectados de cinefilia, la vieran conmigo aquella noche (hasta creo recordar que iba a haber un eclipse de Luna a las dos de la madrugada, pero de este dato no estoy seguro, ¿te acuerdas, Jaime?).  

Mi maltrecho ejemplar
He buscado mucho su dvd  para comprarlo estos últimos años y he sido incapaz de conseguir uno nuevo o con garantía de calidad.

Lo que sí conseguí es la homónima novela original que sirvió de base para el guion, obra de John Fowles, el autor de otra novela llevada la Cine con un magnífico resultado, "La mujer del teniente francés",  comentada muy favorablemente en este  en este Foro por Marga.

Leí la novela este otoño y es magnífica, pero ya me estoy enrollando en exceso para dar un contexto. Perdóname, Rey Melchor.

En la noche de este día de los Tres Reyes Magos, te dirijo un ruego:  Que me traigas esa película  y yo la compartiré con mis Amigos Cinéfilos.

Como soy un fervoroso monárquico creyente en Vosotros, confío que no me defraudarás.

Respetuosamente.

Manrique