sábado, 29 de septiembre de 2012

Mi imprevisto encuentro con Lady Brandon


Mi ejemplar

Queridos Cinéfilos:

¿Cuántos de vosotros habéis tenido alguna vez un encuentro imprevisto que os haya dejado un recuerdo “perdurable”?. Rogelio ya nos confesó en estas páginas el suyo con Scarlett Johansson. Mi caso es mucho menos llamativo, pero, por si os pudiera interesar vivirlo en primera persona, lo que está al alcance de vuestra mano, paso a relatároslo:

Hace dieciséis años, el Día del Libro entré a comprar uno en un Vips donde, como gentileza por la fecha, regalaban por cada compra otro libro a elegir entre una selección de restos de ediciones. Tardé en escoger, ya que no parecía haber nada demasiado apetecible en aquel montón, decidiéndome finalmente por una novela que supuse era medio policíaca (incluía, en sus primeras páginas, el ramificado esquema de una noble familia inglesa de finales del siglo XIX y un croquis de una mansión victoriana) y, por la reseña de la contraportada, supe que su autor, totalmente desconocido para mí, era un sobrino de Virginia Woolf, Quentin Bell, que ahora sé que era uno de los adolescentes que aparecían en la película “Las horas” cuando Virginia Woolf se reunía con su hermana Vanessa en una casa de campo en verano). La novela era “El secreto de Lady Brandon” (mucho mejor su título original: “The Brandon Papers”, 1985).

Edición inglesa
Pasado un tiempo, me animé a leer aquel libro “no buscado” y me gustó mucho, muy mucho, desde luego infinitamente más que el que entré a comprar aquel día en el Vips … que ni siquiera recuerdo cuál fue. Conocí la extraordinaria vida de Lady Mary Brandon y me maravilló la educadísima e inmisericorde crítica de la farisea alta sociedad inglesa que se hacía en la novela, plena de frases de doble sentido y toques de humor británico, por más que, desde las cloacas, debajo de los elegantes trajes de las ladies y fracs de los gentlemen, estrictamente requeridos para las cenas, se filtrara un trasfondo de depravación nada ejemplar. Me imagino que esta visión crítica entroncaba muy bien con la asunción por Quentin Bell del espíritu reinante en el Círculo de Bloomsbury en sus años de juventud. Sin en absoluto ser un experto en literatura inglesa, yo diría que a Oscar Wilde le hubiera encantado esta novela.

Como sabéis, mi gran defecto es convertirme en divulgador incansable de los “hallazgos” que descubro y, por ello, me atreví a tomar la iniciativa de prestar el libro, entre otros, a varios de vosotros hace años y, el último junio, a José Ramón. Como siempre que dejo un libro le pido al lector que lo firme, puedo confirmar que este ejemplar lo han leído quince personas, al menos.
Quentin Bell

Este verano lo he releído y me ha encantado de nuevo, lamentando no haberlo podido hacer en inglés, ya que me imagino que, si se tiene un muy buen conocimiento de esa lengua, se podrá detectar matices que, seguro, yo no capté (a pesar de que la traducción de Montserrat Serra Ramoneda es muy buena). Me ha comentado Belén que lo ha conseguido en su versión original. Estoy seguro de que, con su dominio del inglés y afición a la lectura, nos dará una opinión más profundamente basada sobre esta novela, que hoy os aconsejo como una pequeña joya escondida.

Podéis encontrar una crítica inglesa a la publicación de la novela en:

una referencia biográfica de Quentin Bell:

y, en el New York Times, un muy bien elaborado obituario del autor:

Buena Literatura, Amigos

Manrique

PD: De todas maneras, he de confesar que hubiera preferido encontrarme a Scarlett Johansson, como le pasó a Rogelio, …especialmente si hubiera tenido (yo) 30 años menos. 

viernes, 3 de agosto de 2012

“Ultimas tardes con Teresa” y “El embrujo de Shanghai” de Juan Marsé


Queridos Cinéfilos:

La mítica portada que cito
El curso prácticamente se ha acabado. Quedaría la repesca de septiembre, pero antes de que nos demos cuenta llegará un nuevo curso … si es que para entonces no nos han intervenido ya y nos aplican el calendario alemán y en un par de décadas más … el chino (parece que inexorablemente “La China è vicina”, como Marco Bellocchio tituló su entonces famosa película, un año antes de la movidilla del 1968).

¡Seamos optimistas!: Los Cinéfilos seguiremos aquí y yo seguiré perorando en el desierto contra los Farrelly, los Wachowski, los albóndigas y Telecinco (si algún día me despierto al otro lado del espejo, a lo peor descubro que soy insoportable). Bueno, hoy trataré ser discreto con este “hasta mañana” en una noche que durará 30 días.

Entre los miles de recomendaciones de lectura que os bombardean, por si os apetece leer este verano, me permito añadir a mis blue chips predilectos (Vargas Llosa, Auster, Muñoz Molina y otros que os he metido por las orejas) un autor del que, me parece, nunca hemos llegado a hablar en este Foro (une vez, escribiendo sobre “El Sur”, sí hice una referencia sobre él): Juan Marsé, entre otras cosas, Premio Cervantes 2008.

Cuando los Space Cowboys éramos jovenzuelos no había prácticamente librerías donde te dejaran hojear un rato los libros que, la mayoría de las veces, no ibas a comprar (salvo en la Casa del Libro, El Corte Inglés, Galerías Preciados o en las casetas de Feria del Libro). En 1965 Juan Marsé publicó “Últimas tardes con Teresa” que consiguió el premio Biblioteca Breve de ese año y, la verdad no sé si entonces o, posiblemente, un par de años más tarde, ya con 17,  cuando entré en la Escuela, quedé prendido de ella en los escaparates de las librerías, donde indefectiblemente siempre me paraba a verla, por su magnética portada y atrayente título: no era para menos la imagen en “picado” de una seductora chica al volante de un inusual descapotable blanco (¿un Triumph 4?) que con la cabeza levantada te miraba directamente a los ojos. Creo que los franceses le llaman un “Coup de foudre”, aquí flechazo, que suena más carpetovetónico.

Leí la novela pocos años después, lamentablemente en una edición del Círculo de Lectores cuya portada tenía el sex appeal de un cuadro de Mondrian, y entonces descubrí la (¿neo?)realista versión de la España social que me contaba Juan Marsé. Hasta entonces no había leído nada semejante (sí, ya conocía varias obras “adultas”, desde el primer KO con “Un mundo feliz” a los 15 años, pero nada de “ahora y aquí”, como luego dijo Llach). En el 84, Gonzalo Herralde la llevó al cine, con resultado mediocre, aunque visualmente atractivo (eso sí, se reproducía al milímetro la famosa foto de la portada, con Maribel Martín en el papel de “Teresa”). La novela era mucho mejor.

Marsé y su novela
Vicente Aranda ha llevado al cine otras tres obras, que no he leído, de Juan Marsé, en mi opinión con muy flojo resultado: “La muchacha de las bragas de oro”,  “Si te dicen que caí” y “El amante bilingüe”. Otro director rodó “La oscura historia de la prima Montse”,  peor aún.

Pero hoy nos centramos en la Literatura y, en esta área, aconsejo vivamente “El embrujo de Shanghai” (Premio de la Crítica 1993), novela que tanto por su estilo y trama, como por su muy original construcción, me encantó. Y la boca se me hizo agua cuando posteriormente me enteré de que mi director español favorito, Víctor Erice, un perfeccionista nato, estaba escribiendo un guión sobre esta novela, guión que publicó con el título “La promesa de Shanghai”.

Guión, no rodado, de Erice
Entonces llegó el tremendo fiasco: como Víctor Erice quería hacer una muy buena película, como siempre ha hecho, su presupuesto no fue aceptado por el productor, que la fastidió con “j” encargando nuevo guión y dirección a Fernando Trueba, responsable final de un bodrio del que únicamente cabe salvar la actuación de Fernando Fernán Gómez (aunque un poco tópica), la fotografía y la ambientación barcelonesa de los finales 40, eso sí, con una pésima dirección de los actores adolescentes y peor actuación del ¿protagonista? Antonio Resines.

Mucho mejor: ¡la leéis!, … si os apetece, claro.

Por último un dato no superfluo: Marsé (con otros escritores catalanes, principalmente junto con Eduardo Mendoza) tienen para mí el mérito de no haber actuado servilmente con el gobernante nacionalismo catalán, atreviéndose a escribir en castellano, lo que les ha valido que la horda de aquél señor que jugaba y hacía bromas con una corona de espinas en Jerusalén, cuando ha estado en el poder les ha negado el derecho a presentarse en ferias internacionales de Literatura dentro de la representación catalana. Claro que Marsé no es de los que se calla y así ha escrito:

“No me fío de los nacionalismos ni de sus banderas, no me fío de los himnos, ni de la historia oficial, ni de sus monumentos, ni de su mística patriotera; me parecen formas larvadas de racismo, petulancia y desdicha. En su nombre se dicen sandeces, cuando no se cometen atrocidades.” Más en:

Reportaje en Informe Semanal de TVE (07.04.1984) con motivo del estreno de la película (Dir. Gonzalo Herralde) sobre su más famosa novela “Ultimas tardes con Teresa” (1965):

Un comentario sobre “El embrujo de Shanghai” en:

Amplio, ilustrado y muy bien documentado comentario de Celia Romea Castro en Cine de Literatura:

Entrevista con motivo del premio Cervantes:

Bueno, chicas y chicos cinéfilos, tanto Space Cowboys como del Brat Pack o de la tercera vía intermedia: que paséis unas magníficas vacaciones con buen Cine, Música y Literatura (y viajes, playa, montaña, tute, ajedrez, gastronomía, etc.).

Manrique

viernes, 27 de julio de 2012

Historias para no dormir: “El Regreso” y “El Asfalto” de Narciso Ibáñez Serrador

Queridos Cinéfilos:

 Hace pocos días ha fallecido un actor habitual en los espacios dramáticos de TVE en los años 60 y 70: Paco Morán. En los últimos 30 o 35 años se había dedicado únicamente al teatro en directo, muy especialmente en Barcelona, en obras cómicas digamos que, presuntamente, no demasiado apreciables.


Pero no vamos a criticar en absoluto una vida dedicada al teatro, ya que su buen hacer y amor al oficio se traslucía en sus actuaciones en los inolvidables “Estudio 1” (programa que semanalmente emitía un montaje de producción propia, oportunidad única para el alto porcentaje de españoles que residían fuera de Madrid, Barcelona y unas pocas grandes ciudades más, para ver algo de teatro, alternando en su programación desde Sófocles, Lope, Shakespeare y Calderón a Wilde, Arthur Miller, Anouilt, Buero, los hermanos Quintero, Tenessee Williams, Pirandello, Priestley o Jardiel Poncela, un auténtico “baño” de amena cultura para los espectadores … y enormes posibilidades de trabajo para los actores, que no eran fijos de plantilla, aunque algunos salían muy a menudo: José Bódalo, el clan Gutiérrez-Caba, Fernando Delgado, Nuria Torray, Luisa Sala, Agustín González, María Luisa Merlo, Fernando Guillén, Gemma Cuervo, Concha Velasco, etc. Como sostiene un gran amigo mío, nada partidario de aquél régimen: “En la última década de Franco, casi toda la programación de TVE era mucho mejor que la actual de todas las cadenas, …. salvo los telediarios”).


Ayer por la noche, naturalmente en TVE2 y con escasísimo preaviso, como homenaje a Paco Morán emitieron un capítulo de la recordadísima serie de terror “Historias para no dormir” que protagonizó junto a Irene Gutiérrez-Caba y José Orjas: “El regreso”, originalmente emitido el 15 de diciembre de 1967.


Esta añorada serie (que debió durar tres o cuatro temporadas en los finales 60, con un fallido remake de cuatro o seis capítulos ya en el 82)  fue dirigida por Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador, también autor de los guiones (firmados con el pseudónimo Luis Peñafiel) basados generalmente en cuentos o historias cortas de otros autores.  En el caso de “El regreso”, el autor del cuento original era Fernando Jiménez del Oso, psiquiatra y periodista español especializado en temas de misterio y parapsicología, que ha seguido actuando en esas áreas en revistas y radio (al final en “La Rosa de los Vientos” en las madrugadas de sábados en Onda Cero) hasta hace pocos años, que murió.


Cabe destacar que con el capítulo “El asfalto” (magnífico, protagonizado por Narciso Ibáñez Menta, padre de Ibáñez Serrador … y con decorados de Mingote) de “Historias para no dormir” ganó TVE su primer premio importante (Ninfa de Oro en el Festival de Montecarlo en 1966).

Para concluir quiero señalar que Ibáñez Serrador dirigió dos películas, naturalmente de terror, “La residencia”, que no estaba nada mal, y la excelente “¿Quién puede matar a un niño?” (de la que compré el DVD, que os puedo prestar) que han emitido en el programa de Cayetana Guillén Cuervo de cine español, afirmando ella que batió en recaudación en Italia el año de su estreno a su contemporánea “Tiburón”. Luego Ibáñez Serrador se lió con el éxito interminable de “Un, dos, tres” … y se acabó el cine y el terror.

Respecto a “Historias para no dormir”, hay 14 capítulos “visionables a la carta” en la web de TVE, estando “El regreso”  (55 min) en:

aunque  me quede con “El asfalto” (34 min), más original y profundamente kafkiana:

Si lo veis, espero que os guste.


Descanse en paz Paco Morán y reconozcamos a Chicho Ibáñez Serrador su ingenio y originalidad.

Muy buenos PROGRAMAS, amigos.

Manrique

lunes, 23 de julio de 2012

Histeria (Hysteria) de Tanya Wexler

Queridos Cinéfilos:

He dejado pasar un tiempo antes de opinar sobre “Histeria”, asombrado de su escaso éxito de taquilla (a pesar de que, en mi función, el público pareció salir encantado) y falta de atención de los críticos, pero, tras reposar mi primera impresión, sigo pensando que es la más ácida (no picante, no nos confundamos) y divertida comedia que he visto en las, digamos, dos últimas décadas, muy bien dirigida por la, para mí, perfecta desconocida, Tanya Wexler, con un elenco de espléndidos actores profundamente reconvertidos en educadísimos gentlemen & ladies del Londres de finales del siglo XIX: Maggie Gyllenhaal (hermana de Jake, ambos hijos de Stephen Gyllenhaal, director de la sobresaliente “El país del agua”, “Waterland”, no confundir con la insoportable “Waterworld”), Hugh Dancy, Rupert Everett, Jonathan Pryce, Felicity Jones … y los demás.

El tema no podría ser más potencialmente escabroso (tápense los oídos las pudibundas damiselas y conservadores pater familiae), la invención del primer vibrador (al final de la película se indica que el argumento está basado en hechos ciertos): Un famoso médico londinense trata, con gran éxito, en su clínica a señoras de alto nivel social (y económico, requisito fundamental) que padecen “histeria”. Ante la creciente demanda, opta por contratar a un joven colega, que se convierte en su ayudante, trasladándose a vivir a la casa del doctor anexa a la clínica. Una de las dos hijas del afamado doctor es una furibunda militante feminista de izquierdas, enemistada con su padre y …

Me puedo imaginar el tipo de película que con este tema podrían haber hecho los hermanos Farrelly (con Cameron Diaz en el casting, como no).  Pues nada de nada, esto no tiene nada que ver con semejante posible basura. Citando un título (real) de antigua película inglesa, yo diría: “No more sex, please. We are British”.

La directora consigue una muy notable comedia que durante dos horas nos hace olvidar la maldita crisis omnipresente... y a veces reír abiertamente. Todo ello, con el tacto y el acento (fundamental verla en VO) propio de un sobresaliente colegial de Eton, sin el menor detalle de mal gusto. Y remacho: según mi experiencia personal de la censura franquista, esta película, salvo segundas lecturas de las límpidas expresiones victorianas, hubiera sido calificada como 2 (aclaro para miembros del Brat Pack: la escala iba de 1 = todos los públicos, a 4R = gravemente peligrosa para mayores de 18 años, con reparos, como, por ejemplo, calificaron “Esplendor en la yerba”).

Por todo ello, aconsejo firmemente verla y, si es antes de septiembre, todavía con IVA reducido

Buen (y divertido) CINE, amigos.

Manrique

PD: Como me consta que al menos una Cinéfila de la banda del Brat Pack la ha visto, le digo: ¿ya podrías contrastar su opinión con la mía en este Foro?.


Información general:  http://www.hysterialapelicula.es/

domingo, 24 de junio de 2012

“Kiseki” (Milagro) de Hirokazu Kore-Eda



Queridos Cinéfilos:

En Diciembre de 2009 alabé en este Foro la primera película que veía de Hirokazu Kore-Eda: “Still walking”. Ahora paso a comentaros la segunda que conozco (de nuevo en los Cines Golem, antiguos Alphaville): “Kiseki” (Milagro).

La actual película me parece inferior a la anterior en un aspecto esencial: su guión (también de Kore-Eda). Para mi gusto no está “podado” de escenas reiterativas, o al menos superfluas, y eso es un no despreciable defecto a la hora de calificarla. Por otra parte la trama es mínima, lo que en sí no sería descalificante incluso para asignarle una muy buena crítica, pero con 126 minutos de película…. Hasta aquí lo negativo.


Todo lo demás es muy bueno, constituyendo una extraordinaria introspección en la vida de dos hermanos (12 y 10 años),  hijos de un matrimonio roto, viviendo el mayor con su madre y abuelos en Kagoshima, mientras el menor lo hace en Fukuoka, a varios cientos de kilómetros, con su padre, rockero nada tradicional. Los niños ansían reunificar la familia y para ello elaboran un plan en sus diarias conversaciones a través de sus móviles, siguiendo una superstición japonesa que mantiene que, si se desea algo mientras se observa cómo se cruzan dos trenes (en este caso trenes-bala Shinkansen, simétricamente salidos de las respectivas ciudades de residencia  y dirigidos a las del otro) el deseo se hará realidad. Con ocasión de la inauguración de una nueva línea directa de tren, deciden probar suerte y reunirse (acompañados de sus respectivos amigos más íntimos) en la mitad del camino para que se produzca el milagro ...

Y el milagro que se verifica delante de los espectadores es asistir a esta representación de la VIDA (que quizás resultará todavía más emocionante para los que ahora tenéis hijos en esa edad) y a la maravillosa interpretación que este director es capaz de obtener de semejantes debutantes en papeles protagonistas (el pequeño es un monstruo actuando, ambos intérpretes son hermanos en la realidad). Y todo ello en un ejercicio perfecto de realidad, sin el mínimo rastro de la truculencia o los excesos habituales en la mayoría de las actuales películas españolas.

Lo chocante que le ha ocurrido a esta película es que, en las apuestas en el Festival de San Sebastián, era la clara candidata para la Concha de Oro, que no le dieron. Y sí, en cambio, …. la de Plata al mejor(?!) guión. ¿Compensación por no haberle dado aquélla?.

Tenéis el tráiler en:


información general en:


y un comentario de Juan Luis Caviaro, desde mi punto de vista muy acertado, en:


Con el permiso de este último, cito sus últimas palabras, con las que estoy plenamente de acuerdo, para terminar: “Vida. El verdadero milagro es que Kore-Eda la plasma y parece fácil”.


Buen Cine, amigos.


Manrique

miércoles, 20 de junio de 2012

EDWARD HOPPER, PINTURA Y CINE






El museo Thyssen, bajo la excelente dirección artística de Solana y LLorens, presenta estos días la más importante exposición  del pintor americano Edward Hopper jamás organizada en Europa y que tenemos la oportunidad de ver en Madrid hasta mediados de septiembre, cuando se trasladará a París. Yo ya la he visto con una excelente profesora de arte y tengo que reconocer que me ha encantado.

Por una parte he descubierto un pintor figurativo, solitario, distante, alejado del mundanal ruido y el glamour de las estrellas, profundamente imbricado en el “american way of life”, capaz de representar como nadie en sus cuadros la personalidad de las ciudades, pueblos y el paisaje americano. Los personajes de sus cuadros impactan por su misterio, su languidez, su aislamiento, sus miradas largas y profundas y su incomunicación con el mundo exterior. La  técnica pictórica de Hopper impresiona por la excelente pincelada larga, los llamativos colores, el simbolismo de los objetos representados y su sorprendente encuadre, buscando siempre la distancia y el ángulo de ataque al objeto o personaje representado que más pueda ajustarse al objetivo buscado.
Hopper me ha parecido un excelente pintor, el de mayor calidad entre los americanos que yo haya visto y eso que el Thyssen tiene una muy buena colección de arte americano que incluye, al menos, tres cuadros de Hopper en su colección permanente. Magnífico pintor y magnífica colección de cuadros que solo por eso ya merece la pena recomendar.

Pero lo más sorprendente para mi ha sido descubrir  la estrecha relación existente entre Hopper y el cine y la influencia que el cine ha ejercido sobre su pintura y viceversa. Posiblemente esto sea lo que más se ajusta al interés de nuestro foro.

Hopper murió a mediados de los años 60 del Siglo XX y vivió siempre en EE.UU. salvo una corta estancia en el París de principios de siglo, a donde se dirigió atraído por el glamour de los pintores europeos más famosos del momento. Su obra pictórica se desarrolló en los EE.UU. en paralelo con el desarrollo de la industria cinematográfica más importante del mundo y el contagio entre ambos fue inevitable. Si Hitchcock convirtió una de las casas de Hopper en el Bates Motel de “Psicosis”, también muchos de los cuadros de Hopper están relacionados con el cine de los mejores directores de la época.

A principio de los años 30 a Hopper le debió apasionar el cine negro y su obra de esa época se puede ver en películas como “El sueño eterno” de Howard Hawks, “Dias sin Huella” de Wilder y “La ciudad desnuda” de Jules Dassin. Esta relación continuó en los años 40. La película de Robert Siodmak “Forajidos”, rodada en 1946 con Burt Lancaster  como protagonista, está inspirada en varios cuadros de Hopper y “El final de la violencia “de Wenders reproduce el cuadro de los “Halcones”, una obra  inmensa que, lamentablemente,  ha sido vetada por el Museo de Chicago  para su traslado a esta exposición.

Otros cineastas contemporáneos están influidos por la particular estética de Hopper; entre ellos hay que destacar a Michelangelo Antonioni y su representación de la soledad humana y el espacio infinito y David Lynch y su representación de los campos de trigo típicos de los estados de Wisconsin e Iowa en su cinematografía.

Lo dicho. Merece la pena ver esta exposición. Os la recomiendo tanto desde el punto de vista pictórico, como de aficionados al cine.
(JRL 20-06-2012)

sábado, 2 de junio de 2012

JOSEP PONS Y LA SINFONIA NUMERO 8 DE MAHLER


La Sinfonía número 8 en mi bemol mayor es una de las grandes obras corales de la historia de la música. Debido a que fue concebida para su interpretación con una gran cantidad de instrumentistas y coristas se la conoce con el sobrenombre “De los mil”, aunque, por motivos prácticos, normalmente se presenta con un número solo ligeramente aumentado de intérpretes sobre los habituales en las orquestas. Mahler la compuso en el verano de 1906 y fue la última obra que estrenó en vida, en Munich, en septiembre de 1910, con un éxito glorioso, según las crónicas de la época. Gustav Mahler murió en Viena en mayo de 1911.

La sinfonía número 8 de Mahler tiene una estructura poco convencional al sustituir los 4 movimientos típicos de cualquier sinfonía por 2 partes: La primera parte se basa en el “veni, creador, spiritus”, un himno cristiano del Siglo IX y la segunda en la escena final del Fausto de Goethe. La obra está impregnada en su totalidad de religiosidad cristiana con protagonismo en la Redención, el Espíritu Santo y la Virgen María. Es la gran obra cristiana de un compositor judío, que expresa el sentimiento cristiano en forma de música tierna, dulce y emotiva unas veces y fuerte, épica y todavía más emotiva otras.

Josep Pons ha sido Director de la ONE durante los últimos 9 años. Criticado por algunos, ha sido un innovador capaz de  abrir las ventanas para que entrara un poco de aire fresco en una institución con una estructura anquilosada heredada de los viejos tiempos de la dictadura. Para mi ha sido un magnífico director y lamento que haya decidido dejarnos y volver a Barcelona para ponerse al frente de la antigua Orquesta Ciudad de Barcelona, ahora con el más pomposo nombre de Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Le abordé en la calle hace unos días, le manifesté mi admiración por su trabajo y le pregunté por que se marchaba. “ 9 años son muchos y los directores de orquesta necesitamos cambiar para que se sigan acordando de nosotros” me contestó en respuesta supongo que sincera.

Pons ha dirigido hoy el primero de los 3 conciertos de la Sinfonía número 8 de Mahler con la que se despide como director titular de la ONE y ha querido hacerlo con broche de oro y vive Dios, como diría un clásico, que lo ha conseguido. Ha juntado 5 coros ( el Coro Nacional de España, el Coro de la Comunidad de Madrid, el Coro de la Universidad Politécnica de Madrid, el Joven Coro de la Comunidad de Madrid y la Escolanía del sagrado Corazón de Rosales),  8 solistas internacionales de primera categoría y la Orquesta Nacional de España al completo para ofrecernos el concierto mas impresionante que he oído en mi larga vida de aficionado a la música clásica. Cerca de 500 personas, aproximadamente 360 coristas y 120 músicos, llenaban el escenario, los asientos del coro y las butacas de tribuna del tercer anfiteatro. Pons los ha dirigido con una maestría y precisión solo al alcance de los mejores. El resultado ha sido extraordinario y el público ha compensado el esfuerzo con la mayor de las ovaciones que yo recuerdo haber oído en el Auditorio Nacional.

Mahler otra vez. Si no recuerdo mal hemos comentado La Sinfonía 3, la 1 y ahora la 8. Su música es fascinante y para mi garantía de belleza y emoción.

Para terminar, solo un ruego: Si podéis, no dejad de ir a ver mañana sábado o el domingo por la mañana este concierto en el Auditorio Nacional. No lo olvidaréis.
JRL ( 01-06-2012) 

sábado, 26 de mayo de 2012

“Entremeses barrocos” en el Teatro Pavón


Queridos "Cinéfilos":


He visto la representación de "Entremeses barrocos" (cuatro, de Calderón de la Barca, Bernardo de Quirós, Agustín Moreto y terminando con otro de Calderón, dirigidos respectivamente por Pilar Valenciano, Elisa Marinas, Aitana Galán y Héctor del Saz, versionados por Luis García-Araus) exitoso montaje de hace pocos años repuesto por la Compañía Nacional de Teatro Clásico en su sede "temporal" del T. Pavón (donde ya llevan  más de diez años, creo, mientras no acaban las eternas obras del Teatro de la Comedia), reposición que sólo ha estado programada cuatro semanas y termina mañana, por lo que, suponiendo que os interesara, tenéis un mínimo plazo para poder ir a verla (saqué las entradas sólo con dos días de antelación y entonces quedaban un 25% libres, en la función ya estaba lleno, lo que no me extraña con la subvención que permite precios tan contenidos en los Teatros Nacionales en montajes como éste, con 22 buenos actores y cuatro músicos en vivo).


Interesa verla  o no, esa es la cuestión. Por partes: Yo, en absoluto me arrepiento de haber ido y, si sirve para algo el dato democrático de base, la gran mayoría del público se lo pasó muy bien.


¿Cuál es el "pero"?: Pues el rompedor montaje que se ha hecho, muy especialmente para el primero de los cuatro entremeses ("Los degollados") donde se le ha puesto de música y hasta como estética parcial nada menos que rock duro-duro, eso sí, con un decorado, para mí, muy atractivo y audaces guiños, como cuando la desvergonzada y adúltera protagonista se traviste desde musa de Metallika (no sé si se escribe así) a dama atrevida del XVII con sólo ponerse por encima una falda con su guardainfante (o sacristán, que no me quedó claro). Y lo asombroso es que comprobé que ¡hasta resultaba creíble su nuevo aspecto!.


Los otros tres entremeses son más "realistas", aunque en el tercero, "El cortacaras", las vestimentas se han trasladado al romanticismo del siglo XIX. El cuarto entremés, "El toreador", está excelentemente representado, es visualmente muy atractivo y el que marca la cumbre del espectáculo (recuerdo haber visto al menos un par de comedias de Calderón, que me resultaron absolutamente divertidas, lo que parece chocante con la profundidad y trascendencia de sus Autos Sacramentales o de "La vida es sueño").

Todo el espectáculo tiene música en directo (salvo la del rock duro, que está enlatada) y la hora y tres cuartos de la representación de los cuatro entremeses, con sus correspondientes  "entresijos" intermedios, se pasa volando.


Buen Teatro, amigos.


Manrique

domingo, 20 de mayo de 2012

Gomorra

La vi hace algún tiempo cuando se estrenó en Madrid hará dos o tres años.
Vaya por delante que la película me decepcionó. Desde luego no es recomendable para aprender italiano ya que está hablada en gran parte en "dialetto" siciliano, idioma difícil de entender para el común de los italianos.
Como película me pareció pobre, comenzando con el ritmo. Tratándose de una película sobre la mafia, se espera mucha más acción de la que tiene pero llega al extremo de hacerse tediosa mientras intenta superar el lastre inicial de un argumento flojo. El color lo recuerdo apagado y triste, deficiente en una palabra, no puedo decir ahora si se debe al regusto general que me dejó la película o porque realmente es así.
Recuerdo también que se presentó en los medios como un gran golpe contra la camorra, una aportación personal y arriesgada de Saviano. Sin embargo la película no dice absolutamente nada sobre la mafia que no fuera, en el momento de su estreno, archiconocido o archiprevisible. Esta fue mi mayor decepción, quizás provocada por una publicidad dañina. Casualmente hace unos pocos días he leído en algún sitio que Saviano, o el productor pagó a la mafia la correspondiente exacción - impuesto revolucionario oye - para que le "permitiese" rodar la película.
Es justo reconocer que tiene un valor documental al ofrecer imágenes realistas sobre los barrios y el ambiente miserable en que la mafia recluta cachorros y en los que se desenvuelve la acción
Desde que ví la película he leído alguna cosa de Saviano y he seguido en lo que he podido su trayectoria como activista anti-mafia, mi opinión personal es que Saviano es una persona honrada y comprometida en la lucha contra el crimen organizado pero debo decir que a la salida del cine no lo tenía tan claro.
Espero haber despertado vuestro interés en ver la película.

viernes, 18 de mayo de 2012

The Way We Were

Todo sucede tan deprisa que nadie se está parando a pensar nada. Todo se escapa de las manos tan efímero, tan caduco, tan pasado de fecha que una no llega a hacer nada como debiera. Ese vértigo me tiene atrapada. Las exigencias de fechas que me comprometan me llegan de todas partes. Hasta cualquier carpintero es capaz de atarme un compromiso y ya sólo mi peluquero me atiende cuando acudo a él sin previo aviso. No sé lo que me va a durar ese imprevisto remanso de paz en una peluquería en donde, ya, ni leo las revistas manoseadas para atender mensajes al móvil y donde debo ser la única que no pide tintes, ni permanentes, ni nada que no sea un sanear rápido un pelo al aire, al viento, con mis trasquilones que me cobijan, que para eso son pelos.

No sé, todo sucede rápido, nadie se para a pensar, a reflexionar, a saborear el regusto, a reconocer un arrepentimiento, a dejar el tiempo pasar (like the corners on my mind). No sé, todo va demasiado rápido para mí. Yo voy demasiado rápido. No sé.

Que ahora hay cosas que no son como eran y que no sé cómo vivirlas ahora, que me atropellan las decisiones de otros y mis reacciones no me acompañan, que no sé dar la talla, que los frenazos son peores que los tirones y que las varadas no sé cómo me sientan una vez que he perdido las capas que me protegían, que ahora las cosas son distintas y yo no sé cómo son.

Si, al menos, supiera por qué han de ir tan deprisa las cosas, podría prepararme para vivirlas fugazmente. Lo cierto es que no. Una tiene sus tempos. La necesidad de asimilar lentamente no se ha esfumado con los tiempos rápidos, más al contrario, necesito bancos donde sentarme a descansar a ratitos o a valorar lo andado porque de lo contrario me veo abocada a sentarme en los arcenes.

Cuando he estado sentada en el arcén me he sentido tranquila. Es curioso. Los arcenes no son sitios apropiados para nadie, pero siempre me ofrecieron un refugio en el que descansar y retomar el camino aún sin saber en qué dirección.

Despacio, despacio, por favor, despacio. Que no sé correr, que sólo sé vivir tal como soy, tal y como puedo. Que la vida se escapa, que se esfuma todo. Que una no sabe si lo que vive es sueño, si el sueño es vida, que toda la vida termina en nada, que estamos ya al final de todo lo que podemos ser. ¡Dios!

Despacio, que el mundo se pare, que nos deje saborear el momento, que podamos interiorizar lo vivido de forma que nos quede en el recuerdo, ese recuerdo (memories light the corners of my mind) que quiero que me invada cuando la vida ya no me ayude a seguir. Por lo que más queráis, dejad de correr, que las cosas han de ir despacio, quiero darme tiempo para pensar en ti, para pensar en lo que soy, para pensar en lo que fuimos, en lo que pudimos ser, en lo que ya no seré nunca, en lo que quiero ser, en lo que quiero que me quieras, en lo que puedo quererte (smiles we gave to one another). Dejadme un tiempo para recapacitar, para saber hasta dónde son las cosas, para prepararme para lo que pueda ser. No sé. No sé. Necesito parar ahora. Pero tú no pares, sigue viniendo hacia mí (for de way we were).

Todo exige respuesta rápida, todo apremia, todo sucede sin dejar ni posos en los que reconocer ni los restos de un fracaso (scattered pictures). Cada pluma que pierdo se la lleva el viento tan rápidamente que no me deja ni saber que ya no la tengo. Could we? Sí, yo podría, y tú también. Podemos pensar aún qué éramos y si somos tal y cómo éramos o ya somos otra cosa. Yo era de una manera, he intentado seguir siendo así al pasar de los años y de las cosas que han sucedido. Creo que sigo siendo de la misma madera. Soy así, tal y como soy y cada vez que esté contigo tú y yo seremos lo que somos; a veces, uno. De mi memoria no se borrará nada porque todo soy yo. Todo permanecerá porque fui como era, tal y como era y cuando estuve contigo, a tu lado o dentro de ti o sintiéndote en mis adentros... seguí siendo como era, tal y como éramos. Como quiero que seamos. Como te quiero o como te voy a querer. Despacio.

Marga.

La vi de estreno en Cádiz, en el cine Municipal de la plaza de El Palillero. Debía ser el 74. Debía tener a la sazón 14 ó 15 años. Me vi en Katie. El mar no tendría muros. Qué frágil. Miro hacia atrás y veo a tantas Katie de pelo moreno, rizos indomables de veinticinco años, de treinta y cinco, de cuarenta, de cincuenta..., de ayer, en mí.

If we had the chance to do it all again, tell me, would we? Could we? Siempre que la vuelvo a ver me entrego a ella, atiendo a cada detalle, la sigo con interés, la entiendo y conservo la esperanza de que esa vez el final sea otro, hasta el último momento en que me giro y continuo repartiendo octavillas.

Al final, siempre es el mismo final.