sábado, 29 de septiembre de 2012

Mi imprevisto encuentro con Lady Brandon


Mi ejemplar

Queridos Cinéfilos:

¿Cuántos de vosotros habéis tenido alguna vez un encuentro imprevisto que os haya dejado un recuerdo “perdurable”?. Rogelio ya nos confesó en estas páginas el suyo con Scarlett Johansson. Mi caso es mucho menos llamativo, pero, por si os pudiera interesar vivirlo en primera persona, lo que está al alcance de vuestra mano, paso a relatároslo:

Hace dieciséis años, el Día del Libro entré a comprar uno en un Vips donde, como gentileza por la fecha, regalaban por cada compra otro libro a elegir entre una selección de restos de ediciones. Tardé en escoger, ya que no parecía haber nada demasiado apetecible en aquel montón, decidiéndome finalmente por una novela que supuse era medio policíaca (incluía, en sus primeras páginas, el ramificado esquema de una noble familia inglesa de finales del siglo XIX y un croquis de una mansión victoriana) y, por la reseña de la contraportada, supe que su autor, totalmente desconocido para mí, era un sobrino de Virginia WoolfQuentin Bell, que ahora sé que era uno de los adolescentes que aparecían en la película “Las horas” cuando Virginia Woolf se reunía con su hermana Vanessa en una casa de campo en verano). La novela era “El secreto de Lady Brandon” (mucho mejor su título original: “The Brandon Papers”, 1985).

Edición inglesa
Pasado un tiempo, me animé a leer aquel libro “no buscado” y me gustó mucho, muy mucho, desde luego infinitamente más que el que entré a comprar aquel día en el Vips … que ni siquiera recuerdo cuál fue. Conocí la extraordinaria vida de Lady Mary Brandon y me maravilló la educadísima e inmisericorde crítica de la farisea alta sociedad inglesa que se hacía en la novela, plena de frases de doble sentido y toques de humor británico, por más que, desde las cloacas, debajo de los elegantes trajes de las ladies y fracs de los gentlemen, estrictamente requeridos para las cenas, se filtrara un trasfondo de depravación nada ejemplar. Me imagino que esta visión crítica entroncaba muy bien con la asunción por Quentin Bell del espíritu reinante en el Círculo de Bloomsbury en sus años de juventud. Sin en absoluto ser un experto en literatura inglesa, yo diría que a Oscar Wilde le hubiera encantado esta novela.

Como sabéis, mi gran defecto es convertirme en divulgador incansable de los “hallazgos” que descubro y, por ello, me atreví a tomar la iniciativa de prestar el libro, entre otros, a varios de vosotros hace años y, el último junio, a José Ramón. Como siempre que dejo un libro le pido al lector que lo firme, puedo confirmar que este ejemplar lo han leído quince personas, al menos.
Quentin Bell

Este verano lo he releído y me ha encantado de nuevo, lamentando no haberlo podido hacer en inglés, ya que me imagino que, si se tiene un muy buen conocimiento de esa lengua, se podrá detectar matices que, seguro, yo no capté (a pesar de que la traducción de Montserrat Serra Ramoneda es muy buena). Me ha comentado Belén que lo ha conseguido en su versión original. Estoy seguro de que, con su dominio del inglés y afición a la lectura, nos dará una opinión más profundamente basada sobre esta novela, que hoy os aconsejo como una pequeña joya escondida.

Podéis encontrar una crítica inglesa a la publicación de la novela en:

una referencia biográfica de Quentin Bell:

y, en el New York Times, un muy bien elaborado obituario del autor:

Buena Literatura, Amigos

Manrique

PD: De todas maneras, he de confesar que hubiera preferido encontrarme a Scarlett Johansson, como le pasó a Rogelio, …especialmente si hubiera tenido (yo) 30 años menos. 

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