viernes, 24 de noviembre de 2017

Blade Runner 2049



Ayer fui a ver  Blade Runner 2049 llena de esperanza, deseaba ver, por lo menos, otro Blade Runner. Pero ¡qué decepción! 





163 minutos perdidos en una cinta con una mínima de intriga.
Me pasé más de media película esperando a que saliera Harrison Ford a ver si se animaba algo el soporífero guion. Y, efectivamente, fue salir él y parece que algo cambio. No porque Ryan Gosling no sea buen actor sino porque no había ningún actor que le diera bien la réplica. Si exceptuamos las escasísimas escenas que se ve con  Robin Wright, que estuvo perfecta (momentos en que se come literalmente a Ryan),  nos quedamos en nada.

Entonces, cuál es el problema. De los demás actores prefiero no hablar, parecen robots sin expresión. Replicantes o robots he dicho, eso eran, pero suponíamos que se había producido el milagro, es decir: replicantes más humanos que los propios humanos. Huy que lio. Esto no disculpa a una mala actuación, al contrario, requiere una interpretación mucho más expresiva.
Muchas escenas de Ryan de aquí para allá llevando un larguísimo abrigo verde desteñido, con una mirada lánguida. Se veía que el chico sufría mucho, ni siquiera su novia imaginada podía consolarle. O sobran escenas o falta acción.
Si eliminamos el primer cuarto de hora y la última media hora, nos quedamos en muy poco.
Esta película no se parece ni de lejos con la Blade Runner de 1982 que nos fascinó su estética, su guion, Harrison Ford (siempre sabíamos qué pasaba por su mente, a donde iba y por qué se enamora) y qué final de huida, de esperanza, de elegir su propio destino.
Curiosamente los guionistas de ambas Blade Runner son los mismos. ¡Ay!, pero el director de la primera es Ridley Scott mientras que de la segunda es Denis Villaneuve…

Cuando Harrison Ford se queda frente a la cámara, lo dice todo. Siempre ha sido así, en todas sus películas. Ryan Gosling no tiene en esta película una de sus mejores actuaciones. Se queda como parado, petrificado, trasmite muy poco. Qué diferencia de actuación en esa buenísima película de George Clooney, Los idus de marzo.


En fin, si a pesar de todo lo dicho alguien decide ir a verla, por ser muy aficionados a la ciencia ficción, espero que añada  algún comentario a éste, que esclarezca nuevos puntos de vista.

sábado, 28 de octubre de 2017

Tres Periodistas en la Revolución de Asturias Manuel Chaves Nogales, José Diaz Fernández, Josep Pla Prólogo de Jordi Amat

Al hilo del centésimo aniversario de la revolución soviética viene a cuento la publicación por Libros del Asteroide de este libro en el que tres periodistas comentan en caliente los hechos acaecidos en Asturias en Octubre de 1934, solo 17 años después de los "diez días que conmovieron al mundo".

Entre los levantamientos y pronunciamientos que hubo contra la Segunda República Española entre 1931 y 1936 ninguno admite comparación con el balance de muerte y destrucción que dejó el "Octubre rojo en Asturias". Sorprendentemente estos hechos son ignorados por casi todo el mundo, o bien considerados como "menores", o incluso como necesarios intentos de parar al fascismo.

Debemos decir que José Diaz Fernández, además de periodista, era político de Izquierda Republicana, el partido de Azaña y Josep Pla pertenecía a la Lliga Regionalista de Cambó. Manuel Chavez Nogales no tenía "carné" de ningún partido político y escribía para el diario "Ahora", calificable como republicano moderado. Los tres son excelentes escritores.

El prólogo de Jordi Amar nos pone en situación del momento político y nos presenta a los autores.

El libro se lee de dos tragos, especialmente la vertiginosa narración de José Diaz. Tiene el valor del testimonio directo, de la cercanía a los hechos. Se puede decir que el entusiasmo, el horror, el asombro o la tristeza en el narrador provienen de lo que ven sus ojos y del contagio de los protagonistas directos. Personalmente cada vez aprecio más este tipo de narración.

En cada página se encuentran valiosas reflexiones absolutamente aplicables al "aquí y ahora". Propongo las siguientes para que el lector las busque, como un remedo del juego de las siete diferencias y animo a los posibles lectores a añadir otras nuevas:

  • como las revoluciones se devoran a si mismas y como los mas extremistas siempre se imponen en las situaciones confusas.

  • como una masa o grupo humano que cree en algo está dispuesta a todo antes de plantearse: primero si aquello en lo que cree es cierto, segundo cual es el precio a pagar y tercero si vale la pena pagarlo. (valor supremo de la propaganda)

  • como la justificación de "situación de opresión intolerable",  tan frecuentemente esgrimida es muy a menudo simplemente falsa y los estallidos sociales se producen en regiones y colectivos privilegiados.

  • Como al final nadie paga por los platos rotos, excepto la gente del pueblo. Como los responsables de los desmanes se escabullen y como los responsables de proteger la Ley prefieren terminar cuanto antes la faena, de la forma más rápida posible y mirar para otro lado evitando situaciones incómodas, (ni vencedores ni vencidos)

  • Como el final, esta política lleva a los delincuentes a pensar e incluso a decir sin sonrojo "hemos perdido esta vez, la próxima vez será"





miércoles, 25 de octubre de 2017

"Barcos y Cine": Sueños e ilusiones de un joven de 17 años en octubre de 1967



Queridos "Cinéfilos":
La ETSIN

Los que no seáis miembros del COIN (Colegio de Ingenieros Navales de España) no sabréis que está celebrando su 50º aniversario y que, con esta ocasión, nuestra Cinéfila compañera Belén, que es la Directora de la RIN (Revista de la Ingeniería Naval), me sugirió/pidió que escribiera un artículo sobre la relación de nuestra carrera y el Cine para publicarlo en la web del COIN con motivo del aniversario.

Mal que bien traté de imaginar algo original pero, finalmente, me incliné por reflejar una historia real que sucedió en los primeros días de octubre de 1967, con lo que rimaba cronológicamente con la fundación del Colegio.

Belén aceptó mi propuesta y el artículo resultante  está colgado desde la primavera pasada en la web del COIN, pero como amo tanto a la Construcción Naval, el ámbito profesional en el que os he conocido a la gran mayoría de vosotros, como al Cine, mi afición más destacada, creo que es congruente publicar esta doble declaración de amor en este Foro, que nació para tratar temas del Séptimo Arte. La única corrección que para ello he introducido en el artículo es incluir un pie de foto en la única que aparece, de fondo, en la versión de la web y añadir otras de mi vida para que podáis visualizar en ellas a algunos Cinéfilos los que aún no los conozcáis personalmente.

Dedicado a los Barcos y al Cine, Amigos.

Manrique


Estaba muy nervioso mientras caminaba desde la salida del metro de Moncloa hasta su Escuela en la ciudad Universitaria, la ETSIN, en la que esa tarde de principios de octubre de 1967 comenzaba sus estudios para llegar a ser ingeniero naval.


No era para menos. Tras once años en un mismo colegio, haber superado el duro curso de preu y el examen final que daba acceso a la universidad, ahora iba a sufrir un gran cambio entrando en una carrera que, según las noticias, era durísima, pero a sus diecisiete años y pocos meses la ilusión de forjarse un futuro profesional en el mundo de los barcos vencía todos sus temores.


Sin saber cómo, una duda le vino a la mente: “Si soy de Madrid, no tengo familiares marinos y sólo conozco los buques por mis vacaciones en Málaga o Alicante, ¿por qué me atraen tanto?” Inmediatamente encontró una respuesta: el Cine.


Como la inmensa mayoría de los niños españoles urbanitas de los cincuenta, sus amigos y él habían tenido durante la infancia y adolescencia el Cine como su afición estrella para los fines de semana, siendo lo habitual cada tarde de sábado ir a un cine de programa doble con sesiones continuas (con lo que disfrutaban de dos películas por cinco o seis pts, que poco a poco subieron hasta las diez o algo más ya a mediados de los sesenta), entrando cuando podían y abandonando la sala cuando querían. Con este régimen, más los extras de algunos domingos yendo a un cine de estreno en sesión numerada, veían anualmente bastante más de cien películas en la pantalla grande (la pequeña no llegó a la mayoría de sus hogares hasta ya empezados los sesenta).



Y repasó mentalmente entre aquellas películas las de aventuras marinas que tanto le habían impactado a lo largo de su joven vida: la versión cinematográfica de la primera “novela” de viajes, con Odiseo (Kirk Douglas) amarrado al mástil de su nave para no caer en la trampa que, con sus cantos, le tendían las pérfidas sirenas (“Ulises”); de batallas navales en la antigüedad clásica (nadie superaría jamás la incluida en “Ben-Hur”); de los drakker airosamente navegando con su vela cuadra a franjas rojas y blancas amenazando las costas del occidente europeo (“Los Vikingos”); de piratas “de verdad” en el Mar Caribe, no fantasmillas rizosos y rijosos (“El temible burlón”, irreemplazable Burt Lancaster); de la fallida expedición inglesa de la Bounty al Pacífico en búsqueda del árbol del pan (“Rebelión a bordo”, con sus increíbles secuencias para intentar doblar el Cabo de Hornos); de los combates navales en las guerras napoleónicas (“Motín en el Defiant”, con el mando de su comandante socavado permanentemente por su segundo a bordo, un memorable duelo interpretativo entre Sir Alec Guinness y Dirk Bogarde, excelsos actores ); de goletas mercantes que competían en el tráfico desde Alaska a California (“El mundo en sus manos”); o la lucha a muerte del enloquecido capitán Ahab con su particular Leviatán (“Moby Dick”), ambas películas protagonizadas por Gregory Peck; de una profética aventura imaginada por Julio Verne (“20.000 leguas de viaje submarino”, Nemo-James Mason frente a Ned-Kirk Douglas) y aún de otra historia suya, con su protagonista, Phileas Fogg (David Niven), comprando en pleno viaje el buque mixto Henrietta y ordenando a su capitán que, agotado el carbón, desguazara toda la madera de su superestructura y la quemase en las calderas para poder llegar a tiempo a su destino y ganar su gran apuesta (“La vuelta al mundo en 80 días”); del más recordado naufragio de un trasatlántico (“La última noche del Titanic”, lógicamente muy inferior en el trucaje a la última “Titanic”, pero con un guión 100 veces superior a ésta); del audaz raid en el Atlántico Norte, durante la Segunda Guerra Mundial, del más famoso acorazado alemán de la Historia perseguido por la práctica totalidad de la Home Fleet británica tras haber hundido al orgulloso Hood en un combate épico (“¡Hundid al Bismarck!”); de la inimaginable, pero real, singladura en corso del germano crucero auxiliar Atlantis involucrando decenas de buques de guerra ingleses en su búsqueda (“Bajo diez banderas”); de la encarnizada caza de un submarino alemán por un destructor americano (“Duelo en el Atlántico”); de las batallas navales entre la U.S. Navy y la Flota Imperial japonesa en el Pacífico (“Primera victoria”)…


Pero no, esas películas le habían ilustrado el mundo de los barcos, mayoritariamente de los buques de guerra, a lo largo de la Historia, pero la que consideró más le había inclinado a tratar de ser ingeniero naval fue el caso de “Misterio en el barco perdido” (“The Wreck of the Mary Deare”), producción británica de 1959 dirigida por Michael Anderson con un dos protagonistas sobresalientes, Gary Cooper, en una de sus últimas películas, y Charlton Heston, en la cumbre de su carrera, acompañados por un novel que se estrenaba en ella en un papel secundario, el posteriormente muy famoso Richard Harris.

Narraba un intento de estafa a una compañía de seguros marítimos mediante el autohundimiento de un viejo buque “tramp”, un antiguo Liberty en la película, al que subrepticiamente su armador le había “aligerado” de su valiosa mercancía de motores de aviación en su último puerto de escala previa, trama que daba la oportunidad de rodar escenas muy descriptivas del buque abandonado navegando sin gobierno con mala mar y su difícil abordaje por el equipo de un remolcador de salvamento, así como la posterior encuesta legal y técnica por la presunta pérdida del buque y su cargamento, concluyendo con las operaciones para reflotar el carguero encallado en los bajos de los Minkies, al sur de la isla de Jersey en la entrada del Canal de la Mancha, una vez que se constataba que no se había hundido… pero que podría serlo intencionadamente en aguas profundas camino a su reparación, temas todos ellos que le parecieron fascinantes y reforzaron su atracción por los buques mercantes, lejos de escenarios bélicos.

La película le impactó cuando la vio con unos diez años, la volvió a ver meses o semanas más tarde en un cine de sesión continua y hasta una tercera vez mucho después, cuando la emitieron en la única cadena de televisión existente en esa época.

Sí, ésa fue la película que más le influyó a la hora de ir pensando elegir carrera, por más que en ella no se tratara del proceso de la construcción naval en sí, tema que no consta haya inspirado ningún guión de película conocida hasta la fecha.


Y ahí acabó la remembranza, porque mientras había revisitado aquellas películas acababa de llegar a la Escuela y esa tarde empezó sus estudios…


Allí, con la necesaria aportación de esfuerzo, más sudor y casi lágrimas durante los dos primeros cursos, fue aprobando asignatura tras asignatura, pero simultáneamente descubriendo y aprendiendo los conocimientos teóricos necesarios para su futuro laboral y confirmando, con enorme satisfacción, que no se había equivocado a la hora de elegir carrera.


Y también tuvo la oportunidad de vivir unas muy específicas “prácticas” de navegación: los veranos de 1971 y 72 los dedicó a cumplir las primeras fases de su servicio militar, entonces obligatorio, en la Milicia Naval Universitaria de la Armada, incluyendo una formación específica y práctica, a menudo muy interesante, y lo que más apreció en esos meses fue una singladura de dos semanas a bordo de un buque de guerra (no muy moderno ni impresionante, el LST L-13 Conde de Venadito, construido en 1955, participante activo en la guerra de Vietnam y recién vendido a la Armada por la US Navy) por el Mediterráneo occidental y costa atlántica andaluza, donde tuvo ocasión de hacer unas cuantas guardias diarias de puente o de máquinas, e incluso participar en una práctica de fuego con sus montajes dobles de 75 mm, que inmediatamente le recordaron escenas de combate artillero vistas en Cine una década antes.



Compañeros de la Promoción en la jubilación de Felipe, inolvidable bedel de la ETSIN
Pero lo mejor que sacó de su paso por la Escuela fue el grupo de amigos, compañeros de curso y varios también de los dos veranos de mili, con los que estableció una ligazón de confianza mutua y solidaridad que sigue inalterable 50 años después.

El 25 de septiembre de 1973, habiendo superado los cinco cursos de la carrera y teniendo pendiente de terminar y presentar su proyecto fin de carrera, como era lo habitual, entró a trabajar en un astillero y casi simultáneamente se afilió como precolegiado estudiante al COIN, descubriendo que éste se había fundado sólo unos meses antes de que él iniciara sus estudios en la ETSIN.


Sintió un ramalazo de orgullo cuando muy pocos años después, tras presentar y aprobar su proyecto fin de carrera, obtuvo su título de Ingeniero Naval y consecuentemente la categoría de colegiado de pleno derecho en el COIN.



Compañeros del DT de ASTANO (dos Cinéfilos: José Mª de Juan y yo)
Pasó catorce años trabajando en un astillero, donde también se integró en un equipo de compañeros que se convirtió en círculo de amigos, viviendo en directo como los cálculos, planos y documentación constructiva en cuya realización tomaba parte se transformaban en grandes buques petroleros, OBOs y graneleros que se elaboraban, prefabricaban, montaban, botaban, terminaban su armamento a flote, realizaban las pruebas en muelle y, antes de su entrega, viajaban a su varada en un dique suficientemente amplio para el repasado y pintado final de su obra viva previo las pruebas de mar que, casi sin excepción, se realizaban en los días de viaje de vuelta al astillero, pruebas que el ya menos joven ingeniero consideró siempre una oportunidad de oro para descubrir nuevos aspectos de la carrera más atrayente de toda la politécnica. En aquellos viajes, de vez en cuando se acordaba del vetustísimo Mary Deare que le enamoró tanto un cuarto de siglo atrás como para inducirle a dedicarse a la Ingeniería Naval.

Y ya con 37 años le “movilizaron” desde el astillero a las oficinas centrales de la Compañía en Madrid, lo que él, influido por su afición a la Historia y al Cine, siempre consideró que era como pasar “del frente ruso a Berlín”, para bien y para mal, comentario que no siempre fue apreciado por sus superiores.



IZAR, izq>dcha: Rogelio 4, Rocío 5, yo 7, Juan 8 y Antonio 9
Veinte años después tuvo el honor de ser elegido vocal de la Delegación Territorial del COIN en Madrid y, dentro de las actividades de ésta, propuso y fue aceptado por la Junta Territorial que se hicieran sesiones de Cine-Fórum relacionadas con el ámbito de la Ingeniería Naval, en las que se proyectaba una película y se invitaba a un colegiado o experto en el tema técnico naval más relevante de la cinta en cuestión para que diera una charla a la que seguía un pequeño debate con el público invitado. Ni que decir tiene que el ya muy maduro ingeniero presentó la candidatura de “Misterio en el barco perdido”, realizándose el correspondiente Cine-Fórum el 19 de octubre de 2009, incluyendo una conferencia impartida por la Directora de SASEMAR, actividad que batió el nivel de asistencia previo a dichas sesiones y alcanzó un notable éxito.

Cuando ahora me afeito cada mañana frente al espejo no puedo dejar de extrañarme por no reconocerme físicamente como aquel joven que inició sus estudios de Ingeniero Naval en 1967, pero si cierro los ojos recorro de nuevo el camino entre la estación del metro y la Escuela y siento el escalofrío de emoción cuando atravesé su puerta de entrada, pregunté dónde estaba la clase y hasta me tomé un café en la minúscula cantina que regentaba Josefina, porque, por mucho que la envoltura esté muy obsoleta, mi espíritu sigue invariable.



Antonio, Josechu, Marga, José Ramón, Rogelio y yo
En estos 50 años transcurridos desde la fundación de nuestro Colegio, y de mi casi simultánea entrada en la Escuela, hasta la época actual he seguido amando el Cine y he disfrutado de algunas películas destacadas que en mayor o menor grado tienen una temática relacionada con la Ingeniería Naval, como la clásica y famosísima cinta dirigida por Eisenstein en 1925 sobre el estallido prerrevolucionario ruso en la flota del Mar Negro en 1905, “El acorazado Potemkin” (que no había visto de estudiante); la alemana y técnicamente definitiva “El submarino”; la muy buena ilustración del desafío de la Copa de América en “La fuerza del viento”; las tramposillas “La caza del Octubre Rojo” o “Marea roja”; dos películas sobre sendas tempestades extremas, “Tormenta blanca” y “Tormenta perfecta”; la técnicamente inmejorable “Titanic” de James Cameron; la excelente “Master and Commander”…

Sí, sin duda muchas de ellas son técnicamente superiores a “Misterio en el barco perdido”, pero ésa fue, ha sido y creo que siempre seguirá siendo mi película en relación con mi carrera, Ingeniero Naval.



jueves, 19 de octubre de 2017

El encargo de Maqroll

Estoy bien jodido. Quedan tres personas delante de mí, y enseguida tendré que abrir la bolsa delante del aduanero, sobre ese mostrador oscuro que seguro que ha visto mil historias más tristes que la mía.

Sudo como un pollo. Los ventiladores, que chirrían mientras giran cansinos, no logran refrescarme. ¿Por qué habré aceptado el encargo de Maqroll? Hay que estar loco. De esta me caen veinte años. Y ya no tengo edad para escapar.


Pero no pierdo la esperanza, aún me queda una oportunidad, hay una persona que puede librarme de mi destino. Si me atreviera a hablarle a la monjita, si no fuera tan angelical…

miércoles, 11 de octubre de 2017

Escritores catalanes nacidos en Barcelona 1

Escritores catalanes nacidos en Barcelona 1

Eduardo Mendoza, Ana Mª Matute, Juan Marsé, Francisco González Ledesma, Manuel Vázquez Montalbán,  Mercé Rododera y Carmen Laforet.
Entre ellos hay tres premios Cervantes y aunque no soy muy entusiasta de los premios literarios, en estos casos, me parecen tan acertadamente otorgados que no puedo dejar de alegrarme.

Todos escriben o han escrito en castellano menos Mercé Rododera y por ésta voy a empezar.
 Leí casi toda su obra a raíz de un interesantísimo seminario sobre mujeres escritoras, en una Universidad privada de Madrid.
No fue fácil la vida de nuestra escritora, vivió la guerra civil y conoció el exilio, pero la literatura la salvó. Escribir fue su liberación y su huida. Decía: “Siempre he necesitado la soledad, para el trabajo y para la vida; la gente me cansa” “El exilio deshace el alma, lo deshoja de su orgullo” “En una guerra da igual quién gane o quién pierda. En una guerra todos pierden” Esta frase la he hecho mía.
Fue creciendo como escritora por su auto exigencia. “Mi vida se autoalimenta de mis ficciones”
Maestra en la creación de personajes femeninos, llenos de fuerza y afán de superación.
“Si hubiera vivido constantemente en Barcelona no hubiera escrito La plaza del diamante ésta es producto de una inmensa nostalgia, es la añoranza que siento por mi país” “Para mí el exilio ha sido una lección de vida”
En 1960 escribe La plaza del diamante, en 1966 La calle de las camelias y en 1967 Cristina y otros cuentos.
En 1972 regresa a Barcelona, acaba de morir Obiols, su amante  desde 1939   (en Paris, Burdeos y Ginebra). Escribe Espejo Roto en 1974 y en 1980 Cuanta, cuanta guerra. Murió en 1983, a los 75 años, en Romanja de la Selva, Gerona, época en la que decía: “Mi vida es mía” y no concedía entrevistas.
Desde luego su obra cumbre es La plaza del diamante, pero tiene otras novelas igual de interesantes: La calle de las camelias y los Cuentos. Todas ambientadas en Barcelona, casi siempre son mujeres las protagonistas, que luchan para salir adelante. La guerra la hacen los hombres sin contar con las mujeres, a las cuales sólo les queda  sufrimiento y dolor. Este pensamiento es una constante en sus novelas. En Cuanta, cuanta guerra, el protagonista es el joven Adriá Guinart, que sale de su casa a hacer la guerra, sin saber muy bien a donde va.

 Ana Mª Matute era bastante más joven que Mercé Rodoreda, ya que nació en 1926; recibió numerosísimos premios. Premio Nadal 1947 con Los Abel, Premio Café Gijón 1952 con Fiesta al Noroeste, Pequeño teatro Premio Planeta 1954, En esta tierra y Los hijos muertos, Premio de la Crítica 1958 y Nacional de Literatura 1959. Primera memoria, Premio Nadal 1959.

Precisamente me voy a referir a esta última novela, la primera que leí de esta escritora y la primera de la trilogía, compuesta  por Los soldados lloran de noche y La trampa. Es importantísimo leerlas las tres seguidas para ver la evolución de los personajes. En la primera novela son niños con una peligrosa maldad y después se convertirán en frívolos adultos. La trampa consiste en que no podrán ser felices a causa de lo que ocurrió en su infancia y que les perseguirá siempre. Lo mejor de Ana Mª Matute son sus personajes infantiles. La mayoría de los niños son malvados, no existe inocencia, saben que están haciendo el mal y son capaces de mentir cínicamente. No son ajenos al ambiente de sus mayores, al contrario, lo sufren y actúan en consecuencia, copiando lo que aquellos hacen; por tanto, la guerra les sirve como imagen a imitar.
Cuenta Ana Mª que su vocación literaria empezó en el cuarto oscuro de su casa. “Me inventaba cuentos que me libraban de mi oscuridad. Escribir es magia”.
A los trece escribió su primer cuento y a los quince su primera novela.
“He tenido una infancia desgraciadísima” “Tenía terror a mi madre” Este miedo le originó tartamudez. Fue a las “Damas negras” “Las monjas eran terribles” “Todas se reían de mí” “Si no hubiera sido por mi padre y por mi tata Anastasia, me hubiera muerto de angustia”
El padre le fomentaba la capacidad de fantasear. Sin embargo su madre guardaba todo lo que escribía. Todos esos escritos están en la Universidad de Boston. Justifica así que sus temas estén centrados en la infancia.
De manera similar a Merce Rododera el matrimonio fue desgraciado. Se dedicó a viajar y de la depresión salió convertida en una escritora completamente diferente, dedicándose a la novela fantástica: Olvidado rey Gudú, es una de las novelas de esta etapa, aunque ella confesó una vez que la tenía escrita hacía años.
Desde luego yo prefiero las novelas de su primera etapa, las he leído todas y constituyen un documento importantísimo para conocer la sociedad de la posguerra.
Su estilo es de una gran riqueza de adjetivos, metáforas, sinestesias (cruce de dos sentidos, vista y olfato, etc.) muy barroco.
Los personajes femeninos difieren bastantes de los de Mercé Rododera,  son débiles, marcadas por la guerra y maltratadas. Llama la atención el desamor de la madre, madre castrante. En Mercé, simplemente la madre no existía, la habían perdido por uno u otro motivo; Colometa (la protagonista de La plaza del Diamante) se lamenta de que no tiene una madre a quién consultar.
Las novelas de Matute están relacionadas con el estilo gótico: retórica de las metáforas, imágenes impresionistas y expresionistas, lo que hace que la prosa sea muy pictórica. Cromatismo de imágenes que no  esperas. Ha sido muy valorada su obra en EEUU.
Recibió el premio Cervantes, el único que le faltaba, en 2010. Falleció en 2014 en Barcelona donde había nacido.

Francisco González Ledesma nacido en 1927 pertenece a la misma generación que Matute pero es un escritor diametralmente opuesto. Su primera novela, Sombras viejas, escrita con tan solo 21 años y por la que recibió el Premio Internacional de Novela, fue prohibida por la censura franquista. Trabajó en la editorial Bruguera entre 1947 -1966. Mientras, escribía novelas del oeste con seudónimo y también novelas románticas. Abogado y periodista trabajó en El Correo Catalán y en La Vanguardia, llegando a ser redactor jefe.
En 1983 publicó Expediente Barcelona en la editorial francesa Gallimard lo que le proporcionó  prestigio y fama en la capital francesa, inaugurando la  serie del inspector Ricardo Méndez. En 1984 recibió el Premio Planeta por Crónica sentimental en rojo. En el 2002 premio Hammett por El pecado o algo parecido. En el 2007 Premio Internacional de novela negra RBA, por Una novela de barrio.


Leí todas las novelas del inspector Méndez en el verano del 2015, unos meses después de fallecer nuestro admirado escritor. La Barcelona que pinta González Ledesma es la de los barrios bajos: prostitutas, marginados, personajes que sobreviven como pueden y que no son mucho peor que los burgueses de los barrios acomodados de la parte alta de la ciudad. A veces unos y otros se encuentran en situaciones comprometidas.
Méndez es un inspector de oficio, que se empeña en hacer su trabajo concienzudamente. Busca al asesino, no importando si la víctima es o no un personaje importante, a menudo son mujeres marginales. Cuando encuentra al responsable no puede probarlo o es  tan importante socialmente que no puede acusarle, viéndose así él mismo comprometido con su jefe. Esta impotencia la lleva Méndez con profesionalidad; se suele consolar en aquellos bares, bien conocidos por él, en los que además le proporcionan información valiosa.
Por último, una novelita que escribió en el 2002: El adoquín azul, es una historia de amor marcada por la política. Un amor que perdurará a lo largo de los años a pesar de las dificultades y sinsabores de la vida.

Juan Marsé nació en 1933 y es un escritor que se ha hecho a sí mismo, sin formación universitaria pero con las ideas muy claras de lo que quería escribir. Sus novelas reflejan una sociedad clasista, cerrada y provinciana. Separada y diferenciada por barrios que, tan sólo paseando por ellos, puedes adivinar quién vive detrás de las ventanas y de las puertas. Algunos personajes son duramente castigados por la dictadura,  intentando sobrevivir. No hay mucha esperanza para los que perdieron la guerra. Nadie, nadie puede salirse de su clase social. Pesimismo y fatalismo es lo que reflejan sus novelas, como La oscura historia de la prima Montse, Ultimas tardes con Teresa o Si te dicen que caí.
Además, tiene otras novelas como El embrujo de Shangai, en las que el tono narrativo se hace más fresco, sin dejar de lado el dramatismo del argumento.
En  los Cuentos completos es donde lanza la crítica más feroz a la sociedad.
Recibió el merecidísimo premio Cervantes en el 2008.

Manuel Vázquez Montalbán, 1939-2003, divertidísimo narrador, también periodista, injustamente criticado mientras vivía. Son famosas sus novelas del detective Pepe Carvalho, pero también tiene otras importantísimas novelas, algunas  históricas como Galindez, por la que recibió el Premio Nacional de Literatura 1991. Jesús Galindez, representante del Gobierno vasco, fue secuestrado en Nueva York en 1956, a partir de este hecho, el escritor construye su novela entre realidad y ficción.
El pianista se centra en el barrio chino de Barcelona, donde él nació. Era un barrio de trabajadores e inmigrantes y era también el otro lado oscuro y sórdido de la ciudad burguesa, como centro de la vida nocturna, los cabarets y los antros de prostitución y delincuencia. Dividida en tres épocas distintas: la primera entre el 2 y el 3 de junio de 1984, la segunda en el mismo lugar en abril de 1946 y la tercera en Paris entre junio y julio de 1936, la novela es un recuerdo a la generación de sus padres, a los que vivieron la guerra, a los que no pueden olvidar. La novela se articula entre la memoria y el deseo. Los personajes viven de los recuerdos.

El premio es una novela sobre los premios literarios, hay que recordar que en Barcelona se conceden dos importantes premios: el Nadal y el Planeta. Aparece el detective Carvalho para meterse en este mundo de crímenes, intereses financieros y poca muy poca literatura.

Pepe Carvalho  es un detective atípico, no he encontrado paralelismo con ningún otro en la novela negra. Escéptico, individualista, sólo tiene una debilidad: la gastronomía. Tiene una novia prostituta, Charo, que le consuela y le quiere, y un ayudante, Bromuro, limpiabotas y otros oficios. El éxito de este personaje es que su creador le ha despojado de su posible condición de héroe. Con  Los mares del sur se alzó con el Premio Planeta 1979.
En todas sus novelas recrea Barcelona, convirtiéndose en la protagonista indiscutible.

Eduardo Mendoza el más joven, 1943, entre mis favoritos escritores catalanes. ¿Qué puedo decir de Mendoza que no se haya dicho en este foro?
Fue intérprete en la ONU mientras que escribía sus primeras novelas. Parece que el distanciamiento de su ciudad natal inspira a todos estos escritores. Su primera novela: La verdad sobre el caso Savolta, novela histórica,  recrea la tensión revolucionaria de Barcelona en el periodo 1917-1919, cuando la capital fue escenario de choques violentos entre obreros y patronos. La ciudad es la auténtica protagonista de la obra (como en todos estos escritores), se nos presenta como una mezcla de fiestas sociales, vida nocturna y ambientes tabernarios, de bombas y flores, asesinatos y amoríos, le consagró como un extraordinario narrador por la que recibió el Premio de la Crítica 1975.
Me interesa comentar  esta novela de Mendoza por la importancia que tiene para conocer Barcelona. Es una novela coral, narrada en continuos flash back, lo que supone  una cierta dificultad de lectura, pero que una vez que avanzamos en la narración todo se va aclarando fácilmente. La trama está construida de manera que conoceremos los hechos más horribles de manera indirecta. El lector puede así dar rienda suelta a su imaginación, cosa que no ocurriría si el autor se lo diera todo hecho.
En el 2016 le concedieron  el Cervantes que recibió con orgullo y un magnífico discurso.



Como broche final he reservado una novela que me parece de Canon, imprescindible para cualquier español que se precie. Nada de Carmen Laforet. Fue la primera novela de esta escritora y recibió el premio Nadal en su primera edición, 1945. Tuvo una gran importancia literaria y social. De pronto aparecía una joven escritora que tenía muchas cosas que decir y cómo las decía. Abría así, el camino a otras jóvenes escritoras y, sobre todo, nuevas lectoras.
Andrea,  la protagonista de Nada, una joven de dieciocho años llega a Barcelona a casa de su abuela paterna, después de quedar huérfana, allí se encuentra con sus tíos: perdedores, violentos, dominantes y muertos de hambre pero que no tienen intención de trabajar, son artistas, uno de ellos pinta unos cuadros que nadie compra. La descripción del piso de la calle Aribau es propia de novela gótica. El título hace referencia a la respuesta de un personaje  cuando se le pregunta qué pasa. Nada, todo se oculta, secretismo es lo que prevalece. Andrea se moverá por la ciudad con una  absoluta libertad, metiéndose en diversos ambientes. Su amiga Enea representa la clase adinerada catalana, la acompañara en algunos de estos paseos o, simplemente, se encontrarán casualmente  donde no lo esperaban.

Nació Carmen Laforet en Barcelona en 1921 y falleció en Majadahonda en el 2004, de Alzheimer.
Se casó con el periodista y crítico literario Manuel Cerezales con quién tuvo cinco hijos. Se separó en 1970. Su hija Cristina escribió una maravillosa biografía de su madre (Música blanca) cuando ésta ya padecía tan terrible enfermedad.
Todos estos escritores están enamorados de su ciudad, la conocen bien y la describen con gracia, a veces con dolor, otras con ironía o con sentido del humor. Por todas estas cualidades son autores valientes, decididos y responsables. Una sociedad que se precie tiene que saber aceptar las críticas. A menudo, no vemos lo que pasa a nuestro alrededor y son los buenos escritores, grandes observadores, los que ponen el dedo en la llaga.

La literatura es el espejo de la vida. Lo que pueden decir los escritores con absoluta libertad sin que se les acuse de falsedad o de injurias. Por esto leer constituye una ventana abierta al mundo.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Qué bonito es Badalona.

Y ¡Cuántas veces he cantado eso de... qué bonito es Badalona !

A ritmo de pasodoble y con mi deje andalú... con esa carretera general y esos albañiles en zamarreta.... he cantado por las calles en infinidad de ocasiones aquéllo de... qué bonita es Badalona en invierno y en verano. Y así supe qué era una barretina, y a qué se refería diciendo lo de "con sus apellidos y sus nombres... y su carnet de identidad".

¡ Casi ná !

Y todo eso era allá por los finales setenta y principios de los ochenta. Era cuando yo cantaba por las calles mientras caminaba y me bebía el aire. Hoy, tan modernos todos... sólo siento una enorme tristeza y un dolor punzante porque, sin ser tierra mía, es tierra de los de mi sangre. Y es tierra de mis libertades. Tierra de mis escapadas. Tierra de mis recuerdos. Tierra de mis pérdidas. Tierra de mis refugios. Tierra de mis aventuras. Tierra de mis osadías. Tierra de mis paseos. Tierra de los míos. ¿O es que sólo nos duele la tierra donde nacemos o pacemos?

La tierra se nos mueve debajo de los pies, a ver si nos enteramos. En cambio, para terminar con el amor hace falta que me saquen el corazón.




Marga. (Esa que no quiere separarse de nada ni de nadie nunca más. Esa a la que le duele que se separen de ella. Esa que no sabe estar donde no la quieren, con quién no la quiere. Esa que no quiere que esté con ella quien no la quiera.)

lunes, 25 de septiembre de 2017

"Los desafíos" en La 2 esta noche, 48 años después.



Queridos Cinéfilos:

Con 19 años empezaba a ser consciente de que estaba infectado de cinefilia crónica, hasta el grado de pensar simultanear mis estudios en marcha en la ETSIN,  donde ya llevaba dos años, con la aventura de intentar entrar en el nuevo curso en la EOC (Escuela Oficial de Cinematografía) para llegar a ser ... Director de Cine (desde luego ni hablar de considerar ninguna de las otras cuatro especialidades que allí se impartían: Guión, Montaje, ¿Cámara? y Decoración, creo recordar; la juventud nos hacía ambiciosos y poco realistas).

Afortunadamente para mi equilibrio mental, y hasta físico, futuro no aprobé el muy selectivo examen de entrada para conseguir una de las 12 plazas disponibles para unos 250 prematriculados (desproporción que sólo pude constatar tras pagar los derechos del examen de ingreso y salir las listas de convocados)... por lo que traté de combatir el correctivo a mi orgullo por el fracaso yéndome al cine, por supuesto a uno de los de "Arte y Ensayo" (de los que ya os he hablado, jovenzuelos del Brat Pack) y, por las fechas, con alta probabilidad pudo ser que entonces cuando viera "Los desafíos", película que ganó la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián de aquel verano de 1969, producida por Elías Querejeta y compuesta por tres episodios independientes, dirigidos respectivamente por los debutantes, provenientes de la EOC, Claudio Guerín, José Luis Egea y Víctor Erice (este último llegaría a ser una década o 15 años después, con "El espíritu de la colmena" y, sobre todo, con "El Sur", mi director español favorito y ... No lo voy a repetir, creo que yo os he hablado de él otras veces).

¿Que qué me pareció?. Con mi escasa experiencia de la época y todavía en los rebufos del 68 (en cuya "movida" no participé, como casi nadie de la ETSIN, que para eso estaba y está situada en la periferia de la Universidad, aunque parece ser que el 99 % del resto de los estudiantes de esa época sí lo hicieron, según presumen) lo primero que me llamó la atención fué la explícita carga política antiamericana que impregna la película, muy especialmente los dos primeros episodios, en los que colisionan la juventud, chulería y empuje de americano (yankee) con el orgullo de maduro macho hispánico, de ahí la congruencia con el título, con el catastrófico resultado que cabe suponer, especialmente cuando el coguionista común con cada uno de los tres jóvenes directores en sus respectivos episodios no fue otro que el maestro Rafael Azcona, experto dispensador de mala baba crítica. Tanto Guerín como Egea filman sendas historias con genes heredados de las pinturas negras de Goya.

He de admitir que Erice es el responsable de la historia menos explícita e hispánica, hasta permitiéndose dar un papel a un mono, literal, en el episodio que cierra la trilogía.

Actúan, muy bien, el matrimonio real Rabal-Balaguer y su hija Teresa, haciendo exactamente de los mismos, un matrimonio acomodado con una hija enamorada de un piloto americano de la base de Torrejón de Ardoz, en la primera historia, en la segunda Alfredo Mayo como dueño de una ganadería de toros bravos (perfecta metáfora) casado con Julia Gutiérrez Caba se enfrentan a una pareja americana de jóvenes mochileros que visitan España. En ambos episodios el americano es Dean Selmier.

Excelente la fotografía de Luis Cuadrado, el mejor cameraman de la época. Se quedó ciego y murió muy pocos años después. No fué el único: en 1973 también murió Claudio Guerín, con 34 años, al caerse de la torre de una iglesia en Noia, Galicia, cuando terminaba el rodaje de "La campana del infierno".

El caso es que hoy a las 22:00 en La 2, en el programa diario de la Historia de Nuestro Cine, con una rápida presentación previa de diez minutos, van a emitir "Los desafíos" y escribo esta opinión por la añoranza propia de un caduco Space Cowboy que trata de vender una película de hace 48 años. ¿Apreciable documento vintage o rollo trasnochado?.

Espero que más bien resulte lo primero, aunque sea la obra primeriza de tres jóvenes directores.

Manrique

sábado, 23 de septiembre de 2017

La vieja amiga

Tánger es para mí como una de esas amigas de toda la vida, con las que puedes pasar meses sin hablar pero que cuando te la vuelves a encontrar retomas la conversación como si solo hubieran pasado unos días. Una amiga a la vez familiar y extraña, previsible y sorprendente, que en cuestión de segundos puede pasar de ser absolutamente cálida a infinitamente gélida. Un día juras no volver a visitarla, y al poco estás deseando regresar.

Llegando de Cádiz, su hermana al otro lado del Estrecho, te entra una cierta tristeza. Son dos ciudades tan parecidas como diferentes, entre las que poco a poco va creciendo la distancia, la lejanía, el extrañamiento. Lo que antes era tan cercano como Ceuta se va haciendo cada vez más desconocido, más atemorizante ¿Perderemos algún día el recuerdo de nuestra ciudad vecina?

Hay quien dice que Tánger no cambia ni cambiará nunca, que sigue anclada en el pasado, de espaldas al futuro. Nada más equivocado, en mi opinión. Tánger me parece la encarnación del principio hindú de la Trimurti: Creación – Transformación – Destrucción. A la misma velocidad con la que surgen nuevos barrios, nuevas circunvalaciones, nuevos puertos (tres en pocos años) se transforma lo que ya existe.

Quizás la Kasbah, la antigua alcazaba, sea un buen ejemplo; después de pasar por sucesivos períodos de gloria y de miseria, está sufriendo un proceso de cambio que haría palidecer a los teóricos de la gentrificación. Por todas partes se mezclan los edificios en ruina inminente o en franco abandono con otros en los que cuadrillas de albañiles se afanan en consolidar cualquier vestigio del pasado o en reconstruirlo con más o menos imaginación.


Pero el destino de estas casas imposibles, llenas de escaleras empinadas, de patinillos mínimos, de zaguanes en zigzag, no es acoger a los habitantes tradicionales del barrio. En unos casos se transforman en viviendas de lujo para propietarios extranjeros, que les ponen nombre exóticos (Dar Zero, Dar Lola) y las visitan solo ocasionalmente; en la mayoría de las ocasiones pasan a ser alojamientos turísticos en sus diversas especialidades: hotelitos con encanto, apartamentos atendidos, pisos en alquiler informal vía internet…

Y allí se alojan, nos alojamos, los turistas de las viejas potencias coloniales: España, Francia, Inglaterra, Alemania… En cambio, los nuevos amos del imperio no se atreven a perderse por este laberinto de callejuelas. No verás por la parte alta de la ciudad a rusos, chinos ni norteamericanos, que en general llegan en cruceros y visitan la ciudad en grandes grupos. Grupos que adquieren el aspecto de un rebaño de ovejas, siguiendo obedientes a su guía-pastor y atemorizados por los lobos que los acosan tratando de venderles recuerdos horrorosos, de esos que desearías olvidar rápidamente; de arrastrarlos hasta algún restaurante “típico” de precios desorbitados; de meterlos en un taxi para llevarlos a otro sitio, el que sea, siempre más bonito y auténtico que el punto de partida.
Cuando se detienen en una plazuela como la del Zoco Chico, asustados, aturdidos, parecen una caravana asediada por los indios. Agrupados al máximo para presentar un frente compacto, con los miembros más débiles protegidos en el centro, mientras los comanches dan vueltas a su alrededor armados con camellos en miniatura, manos de Fátima y alfombras bereberes.

[…]

Desde la azotea de nuestro hotel, convertida en sede de interminables desayunos y plácidas sobremesas, miro a través de las aguas siempre revueltas del Estrecho hacia las costas españolas que se acercan y se alejan según dictan la bruma, la calima y la política. Con un ferri cada hora, a solo cincuenta minutos de travesía, podrían servir de lazo de unión, de vínculo entre estas dos orillas simétricas. Pero año tras año las aguas se van haciendo más profundas, más oscuras, más mortíferas. En la actualidad resulta más viable transportar a través de ellas cien kilos de hachís que a una persona sin papeles. Se estima que unas trescientas mueren cada año tratando de cruzar, de escapar de la miseria y la violencia infinitas de África hacia la riqueza, aparentemente inmensa, de nuestra Europa cada vez más hermética e insolidaria.

[…]

En la medina de Tánger es más fácil fumarse una pipa de kif que beberse una cerveza, aunque el kif esté prohibido por la ley y la cerveza está permitida, al menos para los no musulmanes. Contra el alcohol juegan dos fuerzas poderosas, quizás las más poderosas del mundo: la religión y el dinero, pero no sé cuál de las dos es la responsable de la ley seca que funciona de facto en la mayoría de los establecimientos de hostelería. ¿No hay cerveza por los impuestos muy elevados o por la presión social de imames y vecinos fundamentalistas? Algunos datos nos pueden ayudar: El impuesto sobre el alcohol oscila entre 1 dirham por litro para la cerveza y hasta 60 para algunos destilados; las grandes cadenas de hipermercados han retirado el alcohol de sus estanterías “para facilitar las visitas familiares”. En la mayoría de los cafetines y restaurantes hay que conformarse con beber Oulmés, la omnipresente agua con gas.

[…]

Cualquier recorrido desde la Kasbah hasta el Zoco Chico trae un nuevo descubrimiento. Aunque en los últimos tiempos se han instalado flechas indicativas de los principales puntos de interés, nunca he conseguido reproducir exactamente el trayecto de la víspera. Tiendas que abren o que cierran, callejones desconocidos que te invitan a adentrarte por ellos, patios sin salida, cafetines donde hippies y ancianos fuman una pipa de kif; todo conspira para desviarte de tu ruta. Cien veces me he perdido en la medina, pero todas, absolutamente todas, he conseguido llegar a mi destino, o si no he encontrado un nuevo destino mejor que el original.

Solo hay un lugar, en el extremo noroeste de la medina, al que nunca he sido capaz de llegar: la tumba de Ibn Battuta. Tengo especial interés en rendirle homenaje a este infatigable viajero, nacido en Tánger en el siglo XIV y que viajó durante veinte años por el centro y norte de África, el sur y el este de Europa, Oriente medio, la India, Asia central, el sureste asiático y China, y que luego dictó sus recuerdos a un escribiente granadino para ilustración del sultán.

La tumba aparece señalizada en mapas y rótulos callejeros, pero el punto exacto, el callejón perdido en el que se supone que reposa el viajero, no lo he encontrado nunca. Hasta el GPS se volvía loco cada vez que aparentemente conseguía llegar a pocos metros de mi mítico objetivo.

No sé si la tumba distorsiona los campos magnéticos, o es que sobre mí pesa una maldición que, como a Ulises, me obliga a seguir buscando indefinidamente mi destino, pero me temo que nunca podré ver esa tumba que, según dicen, me sigue esperando en Tánger.

A donde sí que conseguí llegar al primer intento fue a otra de esas sorpresas que te depara Tánger en los momentos más inesperados: El Palacio de las Instituciones Italianas. Fuera de la ciudad vieja, a un kilómetro del Zoco Grande, se alza este centro cultural ubicado en un parque de más de treinta mil metros cuadrados. El edificio principal es un palacio construido hace más de cien años como residencia del ex sultán Moulay Hafid, y comprado en 1927 por el gobierno italiano para sede de la Escuela Italiana. El palacio impresiona por su tamaño y su rica decoración: Ordenado en torno a un amplísimo patio principal, cuenta con cincuenta habitaciones, nueve cuartos de baño, pabellones para invitados y, sobre todo, cuatro salones ricamente decorados al estilo árabe.

En 2006 se restauró el palacio, que en la actualidad es la sede de numerosas actividades culturales de alto nivel, como el Salón Internacional del Libro, el festival de música latina Tanjalatina, las Noches del Mediterráneo y el festival de jazz Tanjazz, verdadero motivo de este viaje organizado junto con un grupo de amigos.

El festival, al que este año han acudido nada menos que veintiséis grupos de diferentes países y que cuenta con un público fiel y entusiasta procedente sobre todo del norte de Marruecos y del sur de España, se reparte por siete escenarios dentro del complejo, más una carpa frente al puerto reservada para las actuaciones gratuitas.

Su alma es Philippe Lorin, un parisino de ochenta y ocho años que se instaló en Tánger en 1994, presidente de la fundación Lorin y verdadero agitador cultural. Creador del museo que lleva su nombre sobre la época internacional de la ciudad, fundador de Tanjazz de Tanjalatina y de un taller de música para la reinserción de niños no escolarizados, creador y actor de La Comedia de Tánger, hace años escribía sobre la ciudad a la que se ha dedicado en cuerpo y alma:

 “Esta ciudad ha caído a lo más bajo de lo más bajo. Pero yo amo las ciudades arruinadas como Tánger, Trieste o Alejandría”

Para sacar a Tánger de la apatía cultural en la que se había sumido, Philippe no ha dudado en aportar su tiempo, su esfuerzo y su dinero. Año tras año, al finalizar Tanjazz declara que es la última vez que organizará el festival; que si nadie lo releva lo dejará morir. Pero afortunadamente, también año tras año es incapaz de cumplir su amenaza y vuelve al pie del cañón, presentando impecablemente trajeado cada jornada del festival.

Pero Tanjazz no es solo un evento musical. Durante cuatro días el palacio se transforma en el centro de la vida tangerina, en el punto de encuentro de viejos y nuevos amigos, en el lugar en el que mirar y ser mirado. Nadie que tenga un papel siquiera mínimo en la vida cultural de esta ciudad puede faltar a la cita. La juventud más rabiosamente moderna, los hipsters más hipsters, la izquierda divina, los artistas de todas las especialidades y los viejos culturetas se dan cita aquí con la colonia extranjera al completo, con los amigos venidos para la ocasión del otro lado del Estrecho, con los activistas de todas las causas perdidas o ganadas.


Es un espacio de libertad al que por supuesto que se va a escuchar música, pero también a comer, a bailar, a beber, a ligar, a charlar. Desde las ocho de la tarde hasta ¿las 3? ¿las 4? ¿las 5? No conseguí averiguarlo, cada noche me rendía el cansancio mientras la fiesta seguía imparable.

[…]

El sábado, que pensábamos dedicar a recorrer los principales puntos del barrio judío, nos encontramos con un inconveniente insalvable: era sábado. El sabbath, el día que los judíos dedican a la oración, y en el que su religión les prohíbe cualquier actividad productiva. No pueden, por ejemplo, cocinar, y de las ollas que dejaban desde la víspera borboteando arrimadas al fogón, cociendo muy lentamente durante horas y horas, dicen que surgieron nuestros pucheros.

Lo malo era que tanto la sinagoga como el cementerio estaban cerrados, para nuestra sorpresa. En los países más rigurosamente cristianos si algo abre el domingo son precisamente las iglesias y los cementerios.

Como no hay mal que por bien no venga, en el tiempo ahora sobrante descubrimos un lugar donde pecar simultáneamente contra dos o tres religiones: una de las pocas tascas que quedan en Tánger, el antiguo Gregory’s Pub, reconvertido en bar de tapas y rebautizado como “La tasca de Pepe Ocaña”, en los bajos del edificio España. No en la fachada que da al céntrico y concurrido Boulevard Pasteur, sino en la otra, más discreta, la que se abre a la calle Jabha El Duatania. Un local mínimo, oculto tras una cortina de tiras de plástico, en el que nada más entrar nos sentimos como en casa: con algo del “Échate p’a allá” del Puerto (por el tamaño), del “Veedor” de Cádiz (por las tapas) y de cualquier pub de los de antes (por la escasa iluminación artificial y la total ausencia de ventanas). Sin música que te distraiga de la conversación y con la tele puesta a media voz en el noticiero de La Cuatro, por el que nos enteramos de la última bomba de Londres. Con la primera consumición, en mi caso un cabernet-sauvignon de elaboración marroquí, me ponen un platito de aceitunas variadas, seguido sin prisa pero sin pausa de otras tres tapas obsequio de la casa: media docena de pijotitas fritas, unas papas aliñás con piriñaca y una pavía de japuta. Y cada nueva copa de vino viene acompañada de una o dos tapitas más: paella, pinchito de pollo al curry, filetito de hígado a la brasa…

En la barra conviven sin problemas al menos tres idiomas: árabe, español y francés. No es difícil trasladarse con la imaginación a la época de la administración internacional, a los felices años veinte y a los no tan felices treinta.

[…]

Un paseo por el mercado municipal nos hace retroceder en el tiempo. Ya no hay aguadores, la exótica figura retratada por todos los pintores románticos que visitaron Marruecos, pero siguen en su puesto los carniceros con todo su muestrario de pezuñas, cabezas, corazones, tripas y otras vísceras cuyo nombre desconozco; los pescaderos con rayas y cazones, bonitos y morenas, congrios y cabrachos y las sardinas más frescas que he visto en mi vida; los especieros con sus montañas de colores cual paisajes de otro planeta, con cúrcuma y jengibre, pimienta y cardamomo, piel seca de granada y aceite de argán; las tiendas de encurtidos con no menos de veinte variedades de aceitunas aliñadas, con limones confitados, con tápenas y caparrones; los cesteros, los hojalateros, los pasamaneros, los vendedores de legumbres, de carbón, de huevos y de gallinas, a las que pesan en vivo y matan en directo para que te las lleves recién desplumadas y desangradas como manda el Corán.


[…]

El domingo nuestro grupo se dividió en dos; yo me apunté a recorrer el inacabable mercado de Casabarata, a cuatro kilómetros del centro, sobre el que ya he escrito en otras ocasiones y del que es difícil salir sin haber comprado nada. Uno de mis compañeros fue el primero en caer, y se llevó un juego de medidas de peltre, una colección de jarras de un litro, medio, cuarto y octavo, por el que el vendedor empezó pidiendo ciento cincuenta dírhams, para subir a doscientos cincuenta en cuanto insistimos en un descuento, y acabar aceptando a regañadientes dejarla en “solo” los ciento cincuenta iniciales.
Tentados estuvimos de comprar un sillón del más puro estilo Almodóvar. Inspirado en los modelos de Manolo Blahnik, reproducía en poliéster rojo y falso terciopelo negro un zapato gigante de taconazo y plataforma. Menos mal que desistimos, porque aunque estaba muy bien de precio y nos ofrecían el transporte gratuito hasta el hotel, no creo que nos lo dejaran pasar por la frontera de Tarifa. Más que nada, porque el aduanero nunca se creería que lo habíamos comprado como objeto decorativo, y sospecharía que era una simple tapadera para cualquier producto ilícito.

[…]

Justo debajo de la terraza del hotel está el nuevo puerto pesquero, aparentemente terminado pero misteriosamente pendiente de inaugurar. ¿Se habrá cortado la financiación de los Emiratos? ¿Se llegará a construir el teleférico entre el puerto y la Kasbah? ¿Y las mil doscientas plazas hoteleras en el antiguo puerto pesquero? La samah Allah! (Dios no lo quiera).

Quizás todo el problema esté en cualquiera de las innumerables trabas burocráticas que cuanto más corrupto es un país más dificultan su desarrollo. Si fuera periodista investigaría todo esto, aunque me imagino el resultado viendo lo ocurrido con TangerMed, el gigantesco puerto de mercancías inaugurado hace diez años a cincuenta kilómetros de Tánger, y que pretendía desplazar al de Algeciras en el tráfico internacional de contenedores. Previsto para mover ocho millones y medio de TEU al año, hoy en día se ha estancado en solo tres millones, mientras que el de Algeciras anda por los seis millones, y subiendo.

En cualquier caso, en la construcción de todas estas infraestructuras ha ganado mucho dinero mucha gente. La mayoría (del dinero, no de la gente) sin demasiado esfuerzo: empresas constructoras, bancos, políticos corruptos. Algo de todo esto puede haber pasado con la nueva, inútil y carísima terminal de contenedores de Cádiz.

Que por algo somos ciudades hermanas. Para lo bueno y para lo malo.

Nota: Si queréis leer mis notas sobre viajes anteriores a Tánger, podéis pinchar aquí o aquí.

jueves, 21 de septiembre de 2017

"Dunkerque” (2017): Christopher Nolan abandona los caballeros oscuros, los agujeros negros (lo que parecía imposible) y otras empanadas mentales para recrear magistralmente la evacuación militar de Dunkerque



Queridos Cinéfilos:

Christopher Nolan no ha tenido muy buenas críticas en este Foro. La primera vez en diciembre de 2006, vamos en nuestra prehistoria, Samuel opinó sólo regularmente sobre “El truco final” (The Prestige) y yo lo hice, muy negativamente, sobre “Interstellar” con ocasión de su estreno en 2014. No me consta que alguna otra vez le hayamos citado (o no lo encuentra nuestro “buscador” por su nombre).

El caso es que este verano, estando ya de vacaciones fuera de Madrid, me sorprendió la noticia del estreno de su última película, la gran producción “Dunkerque”, de cuya existencia yo no tenía la menor noticia previa, que obviamente narra la “exitosa” evacuación hacia Inglaterra (si tal calificativo le es aplicable militarmente, que parece que sí, al menos según el dicho “una retirada a tiempo es una victoria”) de los supervivientes (trescientos y pico mil hombres) del cuerpo expedicionario británico destacado desde meses atrás en el norte de Francia para ayudar al ejército galo contra un esperado ataque de la Wehrmacht, mas unos 80.000 soldados franceses, que en un inmediato futuro nutrirían la creación de las fuerzas de la Francia Libre al mando del General De Gaulle, cuando éste no aceptó la rendición nacional que firmaron, ante el Tercer Reich, las autoridades de la República Francesa con la aprobación del Mariscal Petain, héroe y máximo responsable, que fue, en la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial 22 años antes.

Tras este preámbulo, que casi nunca soy capaz de evitar, paso a calificar “Dunkerque” como técnicamente excelente, comparable y hasta superior en su descripción de la batalla (y destacadamente de los sentimientos y sufrimientos de los soldados y de los “cooperantes civiles voluntarios” ingleses) respecto a la también sobresaliente “Salvad al soldado Ryan”, comparación “simétrica” ya que esta última narraba en su arranque el desembarco aliado en Normandía mientras aquélla lo hace con el reembarco ocurrido casi exactamente cuatro años antes, en la operación bautizada por el alto mando británico como “Dinamo”.

Los medios técnicos empleados por Nolan, desde los aviones, los míticos cazas Spitfire de la RAF frente a los no menos famosos Messerschmitt BF109 y los bombarderos Heinkel 111 de la Luftwaffe en los combates aéreos, realistas a más no poder (superan a los de la también extraordinaria película de finales de los 60 “La Batalla de Inglaterra”), hasta la descripción de cómo se sufre (supongo, claro) un torpedeamiento desde el interior de un buque o el pavor ante los bombardeos en picado de los Stukas (que hasta llevaban incorporada una sirena para aterrorizar a sus objetivos, la apodaron "trompeta de Jericó"), se han aplicado con exquisita precisión y con un lujo de pequeños detalles de guión y figuración que, lamentablemente, no tengo nada claro que sea apreciado por un alto porcentaje de los espectadores poco expertos en temas militares.


El Me-109 "sevillano" listo para "Dunkerque"
No me resisto a señalar una anécdota respecto a los aviones que aparecen en esta película: Nolan ha querido utilizar lo mínimo posible la simulación numérica (que no “canta” en absoluto cuando se haya empleado, inserción que yo no he podido detectar, esta película no es “Pearl Harbor”, gracias a Dios) y para los combates aéreos ha contado con dos o tres Spitfire reales y sólo con un “casi” Me-109, fabricado en Sevilla en su día conforme a la licencia alemana de 1943 aunque, como fue de los últimos producidos, incorporaba algunas modificaciones, siendo la más importante montar un motor ¡¡Rolls-Royce!!, aparato que, tras ser dado de baja en el Ejército del Aire, fue adquirido en subasta por la firma Spitfire Productions en 1968 para utilizarlo en el rodaje de “La Batalla de Inglaterra” (en la que también participaron dos Heinkel 111 procedentes de nuestra aviación, de los que uno se estrelló con su tripulación española, noticia que recuerdo haber leído en la prensa de aquellos años). Los datos del citado caza “made in Spain” los he hallado en un curiosísimo artículo del ABC de Sevilla “Un avión sevillano se cuela en la película ‘Dunkerque’”


El yate de Rylance al rescate de soldados británicos 
Quizá el mayor homenaje contenido en la película lo sea a un relevante hecho perfectamente documentado: se rinde a los centenares de pequeñas embarcaciones civiles (pesqueros, yates, etc.) que, respondiendo a la llamada agónica del gobierno británico, acudieron desde la costa sur inglesa a Dunkerque como único y último medio para poder transportar a los centenares de miles de soldados a través del Canal de la Mancha, ya que con su muy escaso calado sólo ellas podían acercarse a las playas a embarcar “a sus chicos de vuelta a casa”, porque, bombardeado el puerto, tan sólo se contaba con un único espigón-muelle en las playas en donde podían atracar buques de cierto porte, no más allá de muy modestos mercantes y de destructor para abajo en el caso de los de guerra, por lo que resultaba absolutamente insuficiente para el enorme número de soldados a evacuar que, eso sí, tuvieron que abandonar todo el material militar en las playas, salvo las armas portátiles.


Mark Rylance a la caña de su yate
Y en esa subtrama es donde interviene el mejor actor en toda esta coral película, al menos en mi opinión: Mark Rylance, vamos el que representaba al agente soviético en “El puente de los espías”, película que aquí comentamos Ana, Arturo, José Ramón, Rogelio y yo, con la que Rylance (hasta entonces no muy conocido, por lo menos por mí) ganó muy merecidamente su Oscar como actor secundario. En “Dunkerque” es el patrón de un pequeño yate de madera, ferviente patriota que, con su hijo y un joven grumete, no duda en echarse a la mar cruzando el Canal para rescatar a una docena de soldados, o todos los que muy apretados quepan en su poco más que bote. Se puede argumentar que posiblemente su carácter se pinta demasiado prototípicamente ejemplar, pero es que lo que cuenta la película es realmente inusual: que una masa de pequeños barcos se arriesgaran a meterse en aquella peligrosísima aventura bélica para salvar a “sus muchachos” y, claro, para que éstos les defendieran en el muy previsible siguiente round del combate, el intento de invasión de las Islas Británicas por parte del ejército nazi. De las 933 embarcaciones de todo tipo que participaron en la evacuación, fueron hundidas 236 y 61 fueron seriamente dañadas (Popular Mechanics).


James D'Arcy y Kenneth Branagh en el espigón
Es necesario subrayar que la generalidad de los numerosos actores (no hay actrices, tan sólo cuatro o cinco figurantes femeninas como enfermeras o auxiliares que no actúan más que unos segundos, sin casi una frase en el guión) del numeroso elenco coral lo hacen muy bien y que incluso algún famoso actor (y director), Kenneth Branagh, acepta participar en un pequeño papel como capitán de fragata de la Royal Navy al mando de las operaciones de embarque en el citado espigón de la playa de Dunkerque (como curiosidad: a su interlocutor del ejército de tierra lo representa el actor James D’Arcy, que hacía de segundo de a bordo de la fragata Surprise en “Master and Commander”).

Voy a exponer mis escasos “peros” a la película:
  • Echo de menos que no haya una enriquecedora y necesaria secuencia en la que se mostraran las dudas del gobierno británico y de su recién nombrado primer ministro, Winston Churchill, a la hora de decidir cómo resolver esa dramática situación y recalcar la absoluta excepcionalidad de la angustiosa medida de enviar todos los barcos disponibles para no perder a más de 300.000 soldados ya entrenados y con experiencia en el frente.
    Tres Spitfire de la RAF hacia el combate
  • En los combates aéreos da la sensación de que unos cuantos cazas de la RAF batieron por goleada a los cazas alemanes, supuestamente mucho más numerosos. No había tal desproporción de fuerzas de cazas, sino más bien casi al revés, ya que los británicos tenían sus bases aéreas de toda la vida en el sur de Inglaterra (que era por donde a ese país siempre le habían amenazado todos sus enemigos, razón por la cuál la mayoría de su fuerza aérea estaba basaba en el sur) y consecuentemente muy cercanas al área de combate, mientras que los alemanes acababan de invadir Holanda, Bélgica y Francia y, por lo tanto, seguían operando desde sus bases habituales, mucho más lejanas, siendo la autonomía de los cazas en esa época bastante limitada. Cuando mes y medio después Hitler decidió invadir Inglaterra y ordenó como paso previo indispensable que la Luftwaffe barriera del cielo del sur de la Isla a la RAF, comenzando la llamada Batalla de Inglaterra, los aviones alemanes ya volaron directamente desde bases en el norte de Francia y Bélgica acondicionadas a marchas forzadas. A pesar de ello, sobre los cielos ingleses siguió habiendo un mayor número de cazas de la RAF intentando derribar los bombarderos de la Luftwaffe que los de su correspondiente escolta, especialmente porque los pilotos británicos (más algunos franceses, polacos y voluntarios americanos que se les habían unido) podían operar casi desde el mismo momento de su despegue sin gastar tiempo y combustible en desplazarse desde mayores distancia y además eran capaces de reincorporar a sus pilotos derribados, si sobrevivían en buen estado, mientras que sus contrincantes eran hechos prisioneros en el suelo y para ellos se acababa la guerra. Si conseguís ver “La Batalla de Inglaterra”, lo que aconsejo firmemente, creo que os interesará mucho.
    Colas de infantes británicos esperando embarcar
  • No tengo nada claro que ni un 10% de los espectadores tengan previamente una información básica de los antecedentes inmediatos de la situación militar y por qué y cómo se había formado una bolsa con 400.000 soldados cercados contra el mar. Desde luego, la información que ofrece la película al respecto es absolutamente insuficiente.
  • En la película se cita en un momento un hecho que, incluso actualmente, no tiene respuesta clara: ¿por qué Hitler tomó la inaudita decisión de ordenar a sus fuerzas acorazadas que detuvieran el ataque contra la bolsa permitiendo el reembarque?. La posible respuesta que da la película es inverosímil, ya que las fuerzas británicas estaban totalmente derrotadas y sin material ni posibilidad de establecer defensas fuertes contra los panzer alemanes.
  • Finalmente, creo que es una carencia importante del guión no haber introducido alguna intervención, naturalmente minoritaria, de personajes alemanes.

Y no debo omitir destacar unos méritos adicionales de la película:
  • Su magnífica fotografía, montaje y ritmo.
    Ken Sturdy, veterano de Dunkerque
  • La “verosimilitud” y fidelidad histórica que parece tener la el guión. Algunos veteranos, todavía vivos, de esta evacuación han tenido la oportunidad de verla. Según “Global News”, Ken Sturdy, veterano combatiente en Dunkerque, de 97 años, galés, actualmente residente en Calgary, declaró tras ver el film: "Nunca pensé que lo vería de nuevo. Fue como estar allí otra vez. No tenía mucho diálogo. No necesitaba de ningún diálogo porque contaba la historia visualmente y era muy real".
  • La excelente musica original de Hans Zimmerman y la ambientación sonora, absolutamente envolvente e impactante.
Unas últimas consideraciones:
  • Aclaro que esta película creo que es la cuarta rodada específicamente sobre la retirada de Dunkerque, tras: “Dunkerque” GB 1958, “Fin de semana en Dunkerque” Francia 1964 y “De Dunkerque a la victoria” Italia 1979. No he visto ninguna de las tres, aunque la primera parece ser la más prometedora.
  • En la interesante película, aquí comentada, “Expiación” de Joe Wright GB 2007, se incluía un pasaje relevante de la historia que se desarrollaba en la playa de Dunkerque durante la batalla.
  • Y ya desde mi particular punto de vista como muy aficionado a la Historia, quiero subrayar que considero como muy trascendente para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial esta acción militar ya que, sin haber podido repatriar a los baqueteados hombres de su Cuerpo Expedicionario en Francia, basándome en lo que he leído estimo que el ejército británico hubiera sido absolutamente incapaz de presentar una mínima resistencia en tierra a una invasión de la Wehrmacht, claro que para que ésta hubiera podido pasar a Inglaterra necesariamente la Luftwaffe habría tenido que eliminar previamente a la RAF … y neutralizar o mantener alejada a la Royal Navy. 
Nolan dirigiendo

Resumiendo, Christopher Nolan abandona los caballeros oscuros, los agujeros negros (lo que parecía imposible) y otras empanadas mentales para recrear magistralmente la evacuación militar de Dunkerque, mostrando el horror de la guerra y la generosidad y entrega de los civiles que se lanzaron a rescatar a sus soldados. Por mí merece un 9/10.


Finalizo, como siempre, insertando enlaces de la Crítica profesional:
Una muy completa presentación en “Días de Cine” en La 2 de TVE (7 min), aunque, lamentablemente, incluya un enorme error en el primer párrafo de su texto hablado “En mayo de 1949 (sic)…” :

Entrevista en ABC con Christopher Nolan en la que explica su ligazón familiar con la retirada de Dunkerque

Comentario de Federico Marín Bellón en ABC “Dunkerque: Medios,ambición y talento”.
“Puede que el mayor milagro haya sido rodar, a estas alturas, una película bélica distinta a todas las anteriores” ★★★★★

Crítica de Carlos Boyero en El País: “Horror por tierra, mar y aire”.
“En la película de Christopher Nolan hay pocos diálogos; no los necesita ya que el lenguaje visual es muy poderoso”

Crítica de Luis Martínez en El Mundo “Dunkerque: El tiempo por dentro”

“Christopher Nolan consigue con 'Dunkerque', su película más sencilla y redonda, un revelador y subyugante estudio de la angustia ante el vacío, ante la guerra” Puntuación: ★★★★★


Buen CINE histórico, Amigos.

Manrique