viernes, 20 de diciembre de 2019

El Corazón de Inglaterra


Me decidí a leer esta  novela, publicada por Anagrama en 2018, por tres razones: siento curiosidad por todo lo británico desde que leí las aventuras de Guillermo y los Proscritos hace ya algún tiempo, la mencionó  Mariano Rajoy en una entrevista que le hicieron recientemente en televisión y me resultó facil encontrarla en formato digital en la biblioteca de la que soy socio.

Como era previsible por las referencias, su calidad literaria debe superar solo ligeramente a la del diario Marca, y digo 'debe' porque no leo prensa deportiva. Nadie busque aquí las cualidades que adornan a Crimen y castigo, Moby Dick o La Regenta. Pero seamos justos, la novela se lee con facilidad y el ritmo impuesto por el autor nos lleva de un personaje a otro manteniendo en el lector la llamita de la curiosidad, lo cual, visto lo que hay por ahí, no es poco.

La novela narra los acontecimientos que llevaron al referendum del Brexit en  el Reino Unido en Junio de 2016 y como la idea fué impulsada por David Cameron confiando en que el sí jamás tendría éxito. Por sus páginas desfilan otros personajes políticos de la época como Nick Clegg o Jeremy Corbyn.

Pero el verdadero protagonistas es un grupo de personas normales y corrientes  nucleadas en torno a una familia que el autor convierte en una muestra de la sociedad británica. Principal atención merece el tema de la inmigración. Poco a poco se muestra como la idea dicotómica del referendum profundiza en las grietas de una sociedad ya previamente dividida y no solo por el sistema de clases sociales.

En resumen, me atrevo a recomendar esta lectura a cualquiera que tenga curiosidad por alguno de los temas que he mencionado, aunque ya anticipo que si el lector va a buscar alguna semejanza entre la Inglaterra de Guillermo Brown y la actual no la va a encontrar.

Por último es posible que el lector encuentre paralelismos entre la situación social descrita en el libro y la española, sobre todo si proyectamos el presente a los próximos tres o cuatro años. Y me gustaría poder añadir ¡ o no !

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