jueves, 15 de junio de 2017

El Regreso - Coming Home

Jon Voight se abre paso a gritos en un pasillo atestado de mutilados en sillas de ruedas. Grita pidiendo que le cambien la bolsa de los orines. Se dirige de frente, decúbito, el pecho sobre una camilla y haciéndola avanzar a golpe de bastones asidos fuertemente en cada mano. Inolvidable. Es la imagen de un hombre joven gritando lo básico de la existencia, que le vacíen la bolsa de la orina. Es la rabia a garrotazos y a golpes con todos y todo. Inolvidable.

La música suena en todas las escenas, como en la vida.

Si las imágenes del comienzo son impactantes, no lo son menos las finales. La ceremonia del final se guarda en el recuerdo para no olvidar jamás. Imborrable.


- ¿Volverías a hacerlo? (Eterna pregunta tras el éxito o el fracaso e inevitable después de haber experimentado el miedo).
- ¿Cuál es esa buena razón que te haría volver a hacerlo? (Imperiosa necesidad de justificar la necedad de lo que hicimos y de asimilar la pérdida de todo lo que ya no tiene remedio).


Alguna vez me he preguntado si los que se entrenan para la guerra realmente se preparan para la muerte de sus vidas. Si son conscientes de lo que supone el regreso de la batalla, si es que lo hay.


Coming Home – El Regreso – Es una de las películas que me han acompañado en el recuerdo desde que apenas alcancé la mayoría de edad. No había tenido ocasión de volverla a ver hasta que días atrás me hice con ella y me preparé para, nuevamente, abrir los ojos. Las mismas sensaciones de rechazo a la violencia que tuve en aquél verano del 79 las he tenido en éste del 17, eso no ha variado en absoluto. Sally, una mujer capaz de dar una oportunidad a su vida para hacerla girar en alguna dirección que dé sentido a su existencia. Una mujer que se expone a que todo cambie y que busca la ocasión para comprobar que realmente la vida es vida. En algunos pequeños detalles, gestos o palabras provoca cambios sin vuelta atrás; en otros grandes, como el cambio de casa a un entorno tangencial o la compra de un coche característico de un estilo de vida vital. Los pechos tras las camisetas y sin sujetador suponían en aquéllos años un gesto de libertad en las mujeres que pretendíamos cambiar el concepto de las cosas; suponían un alarde de libertad. El corte de pelo, determinante siempre, la vestimenta y, para culminar, las palabras, esas palabras que una vez fuera de tu boca te comprometen a una vida que no volverá a ser lo que has vivido. Jane Fonda exige cortésmente que no la traten mal y exhibe una  mirada feminista propia de mujer valiente.


Los regresos no sé si siempre son necesarios. Sé que siempre son distintos a lo esperado. Y sé que existe un antes y un después de esos regresos. Luck ha regresado parapléjico, beligerante y perdido aunque conservando la capacidad de superación frente a cualquier cosa y con la inteligencia de saber aprovechar las pocas oportunidades de volver a recuperar la vida a golpe de adaptación y de humildad. Es delicioso ver cómo se hace de su autonomía nuevamente desde una silla de ruedas y con una sonrisa barbuda de intensos ojos azules y pelo seductoramente desaliñado. Luck, un hombre que aún tiene fuerzas para intentar evitar la muerte de otro hombre. Que tiene agallas para manifestarse solo encadenándose a la fortaleza destructora de una Base Naval. Y que le sobran argumentos para arengar a los chavales para que no cometan el error de alistarse por una obligación moral o por una curiosidad de una guerra que les hará morir hasta en vida.


En un espacio de sufrimiento físico y mental se reencuentran Luck y Sally y reconstruyen una vida donde caben la sinceridad, complicidad, compromiso, respeto, igualdad, generosidad, felicidad, ternura, sexo, amistad y una enorme sensualidad. Una inmensidad de ingredientes que harían de cualquier pareja un nexo envidiablemente indestructible.


Dos personas expuestas a llenar sus vidas y las de otros. Dispuestas a hacer que los regresos sean mejores de lo que han resultado ser.

Regresa también Bob que marchó con determinación al frente y que se mantuvo corriendo sobre la línea sin separarse de ella, sin pestañear. Bob regresa roto. Su regreso es la ruptura del mundo que se formó con su marcha. Bob sabe que regresa vivo pero ya no tiene la vida que dejó. Bob cojea. Bob no sonríe. Bob ya no es Bob. Bruce Dern no reconoce lo que ve. Rápidamente sabe que su vida ha muerto y, tras la ceremonia de dejar todo colocado y bien ordenado, se dirige hacia el mar con la misma determinación y firmeza con que se dirigió hacia la guerra.

El Regreso no asegura que las cosas y las personas sigan siendo lo que dejamos al marchar.

Once I was a soldier
And I fought on foreign sands for you
Once I was a hunter
And I brought home fresh meat for you
Once I was a lover
And I searched behind your eyes for you
And soon there'll be another
To tell you I was just a lie
And sometimes I wonder
Just for a while
Will you ever remember me
And though you have forgotten
All of our rubbish dreams
I find myself searching
Through the ashes of our ruins
For the days when we smiled
And the hours that ran wild
With the magic of our eyes
And the silence of our words
And sometimes I wonder
Just for a while
Will you ever remember me
Una vez fui un soldado
Y luché en arenas lejanas por ti
Una vez fui un cazador
Y traje a casa carne fresca para ti
Una vez fui un amante
Y ahondé en tus ojos por ti
Pronto habrá otro
Para decirte que sólo fui una mentira
Y a veces me pregunto
Sólo por un momento
Si alguna vez te acordarás de mí
Y pienso que has olvidado
Todos nuestros sueños de basura
Me encuentro a mí mismo buscando
Entre las cenizas de nuestras ruinas
Los días en que sonreíamos
Y las horas en que llovía salvajemente
Con la magia de nuestros ojos
Y el silencio de nuestras palabras
Y a veces me pregunto
Sólo por un momento
Si alguna vez te acordarás de mí

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