domingo, 23 de diciembre de 2012

TRILOGÍA POLICÍACA (3/3): “LOS CRÍMENES DEL MUSEO DEL PRADO” DE TOMÁS GARCÍA YEBRA


Queridos Cinéfilos:

Cierro la “Trilogía policíaca” con este comentario sobre el tema, cambiando completamente el escenario, el tono y la actitud ante la vida: lo que en “Asesinos sin rostro” era gris pesimismo e infelicidad generalizada en un entorno sueco, crecientemente nihilista pero con genes calvinistas heredados, que compagina un alto nivel de vida y bienestar social con una elevada proporción de suicidios, en “Los crímenes del Museo del Prado” (2007) es un ambiente, ¿como lo calificaría?, católicamente carnavalesco, restallante de color en el que, camuflados en una delirante trama policíaca (en la que sólo falta la “TIA”, aunque no la aparición de una imagen de Mortadelo, no es broma) edulcorada con hispánico sentido del humor, se nos suministran, como el que no quiere la cosa, gotas de amarga reflexión sobre nuestros más profundos vicios patrios, todo ello trufado, que diría el Sr. Guerra, de múltiples guiños culturales sobre Pintura (se nota que el autor es un muy buen conocedor, incluso enamorado, del Prado: nos habla desde Van der Weiden, El Bosco, Rafael, Patinir, El Greco  y Velázquez, a Goya y otros muchos llegando a … Federico Madrazo, contemporáneo éste del protagonista de la novela, ¡ya en el siglo XXI(!?), pero mejor no dar demasiadas pistas) y Literatura e Historia de España en el periodo romántico del XIX (por ejemplo, yo no tenía ni idea de quién era Patricio de la Escosura, que en la trama también hace su cameo como amigo del protagonista, pero constaté su realidad histórica consultando wikipedia, como sospeché desde que sale a escena).

Una breve sinopsis de la novela: Madrid, primera década del presente siglo. Un joven y anacrónico periodista, Mariano Larra, sin “de”, y su compañero, reportero gráfico, el mujeriego Fran Kapa, que han realizado un reportaje sobre el enorme éxito de público de una exposición monográfica de Velázquez en el Museo del Prado, son testigos de un asesinato en una de sus salas cuando la víctima se extasiaba delante de “El triunfo de la Muerte” de Brueghel y, como perfectos buitres de presa de la prensa amarilla, azuzados por su director para obtener una serie de reportajes exclusivos, no cejarán en su investigación hasta desentrañar el misterio con todas sus retorcidas ramificaciones y desenmascarar al asesino. La guinda de la narración está compuesta por un par de sorprendentes guiños finales: uno para concordar con la Historia (¡Ay, Dolores Armijo!, yo no sabía de ti, “cherchez la femme”, dicen los franceses) y una boutade que, me imagino, le hubiera encantado a Woody Allen o a Tim Burton si hubieran podido realizar una película sobre esta novela … pero para eso era condición necesaria que tuvieran un buen conocimiento del entorno madrileño en que se desarrolla (un ejemplo de localización puntual: paso varias veces a la semana por delante de “La tienda del espía” donde los protagonistas compran unos gadgets) y del carácter celtibérico de los personajes que en ella aparecen. Si alguno tenéis trato con Alex de la Iglesia, avisadle; a él, responsable de “La comunidad” o “El día de la bestia”, sí que le vendría como anillo al dedo esta novela como base para el guión de una de sus películas más típicas o mucho me equivoco.

Voy a hacer una confesión: tras dejar pasar unas semanas después de haber devorado “Los crímenes del Museo del Prado” y tratando de ser honesto, puedo asegurar que no soy capaz de recordar ningún libro que al leerlo me haya producido una explosión tal de endorfinas, serotonina o lo que sea que dictaminen los biólogos como causa de una pura y dura mejoría de estado de ánimo. El caso es que, en varias ocasiones, llegué a estallar en carcajadas en solitario, cuando creo que esto sólo me había ocurrido leyendo “Sin noticias de Gurb” de Eduardo Mendoza, en menor grado en otras dos novelas suyas, “El laberinto de las aceitunas” y “El misterio de la cripta encantada”, y también en algunas páginas de “La conjura de los necios”, el magnífico pulitzer y bestseller póstumo de John Kennedy Toole. Y sin hacer estúpidas comparaciones, he de decir que Tomás García Yebra me ha recordado en no pocos detalles al Mendoza de esas novelas, lo que estimo que es una gran alabanza para aquél cuando consideramos que este último estaba en el nº 12 de la lista de posibles ganadores del Nobel de Literatura de este año que elaboraron las casas de apuestas inglesas.

Un par de pequeños “peros” a la trama: el artefacto homicida me parece demasiado avanzado tecnológicamente hasta para 007 (bueno, mucho mayores licencias se tomó Allen en "La Rosa Púrpura del Cairo", para él y para mí su obra maestra,… y nos encantó)  y la aparición de la imagen de Mortadelo, como cachondez, sublime, pero un poco pasada de rosca y perfectamente prescindible para la historia, claro que comparada con “Sin noticias de Gurb”, la novela de García Yebra resulta hiperrealista (mi siguiente lectura, cuando consiga acabar la plomizamente profunda novela que estoy leyendo, va a ser “El enredo de la bolsa y la vida”  de Eduardo Mendoza, al que le debemos en este Foro un comentario específico, que preferiría que escribiera  Ana Díaz, que me consta que lo ha leído bastante más que yo) y ofrece, al menos para mí, una divertidísima, imaginativa y original farsa policíaca, con toques de crítica social, excelente documentación, algunos chistes espléndidos e, incluso, un par de recetas gastronómicas que Fran Kapa cocina cuando trata de alcanzar a través del mantel las sábanas de la joven danesa a la que ha invitado a cenar en su casa.

Pero debo reconocer que tengo un defecto, bienintencionado, pero grave: cuando algo me gusta tiendo a extrapolar que le debería gustar a todo el mundo, pero puedo prometer y prometo que es porque no imagino disfrutar de ningún placer en solitario y, por ello, no puedo dejar de aconsejaros leer esta novela que me ha hecho pasar unas horas deliciosas.  

Por último, en plan contraportada, la presentación del autor: Conocí literariamente a Tomás García Yebra (1956, licenciado en Historia del Arte y periodista) ya que pertenece a una familia navera y publicó “Historia secreta de las Navas del Marqués” hace más de una década, absoluto bestseller en ese pueblo, al que siguió una segunda parte en 2005, y como algunos sabéis allí veraneo desde hace casi 40 años, por ello leí ambas misceláneas (hechos históricos, recuerdos vividos, anécdotas, personajes naveros…) que me resultaron entrañables e interesantes. 

Este verano me enteré de que había instalado una especie de museo-librería en el barrio de la estación, abierto los fines de semana. Lo visité y le conocí personalmente. Tras charlar con él no más de un cuarto de hora, me di cuenta de que es una persona extrovertida, de amena conversación y ¡cinéfilo!: Ya en un capítulo de “Historia secreta de las Navas del Marqués” narra su no superado terror infantil al ver la primera película que recuerda, “El cebo”, inusual y excelente coproducción hispano-suiza-alemana del director húngaro Ladislao Wajda, en cuyo guión coparticipaba nada menos que Friedrich Dürrenmat (es pecado mortal que no hayamos publicado nada sobre ella en el Foro). Y allí, entre libros, carteles de películas, carátulas de vinilos, una gran maqueta de tren eléctrico pasando por Las Navas, etc., compré el ejemplar de “Los crímenes del Museo del Prado” que he leído. 


Siento a la vez ganas y temor, por el respeto y admiración que tengo por la película original de 1958, de leer la nueva novela, “El cebo”, que ha publicado recientemente García Yebra, adoptando como portada  la imagen de un dibujo infantil similar a uno esencial que aparecía en la película de Vajda y creo que la acción se desarrolla en Las Navas (cuyos amplios pinares recuerdan a los bosques suizos de la película). ¿Habrá salido bien el experimento?. Desde luego en el Ateneo ya han presentado la novela el mes pasado, como en uno de los enlaces que anexo podéis comprobar. Ya lo veré. Lo que no hay duda es que García Yebra es un cinéfilo de pro.

Reseña y datos del autor en la Editorial Funanbulista:

Sinopsis de “Los crímenes del Museo del Prado” en:

Larra es presentado a Dolores Armijo:

Reportaje sobre la tienda-museo del Autor en Las Navas del Marqués:

Artículo de García Yebra “El Museo del Prado que no se ve” publicado en El Ideal de Granada:


Perdonadme el rollo, pero he creído necesario avisaros de la existencia de esta novela no promocionada en absoluto (cuando algunas auténticas basuras copan los mejores puestos de las listas de ventas) que divierte, divulga cultura y mejora el bienestar mental del lector, al menos a mí, Amigos.

Y de paso, os deseo que mañana tengáis una entrañable Nochebuena, seguida de una familiar Navidad y que 2013 no se comporte como sus dos últimos dígitos amenazan. ¡Al menos el mundo no se acabó el viernes!. Algunos lo celebraremos viendo la siempre maravillosa “¡Qué bello es vivir!”

Manrique

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo que tengas que decirnos, nos interesa. Gracias.

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.