martes, 3 de enero de 2012

“La conspiración” (The Conspirator) de Robert Redford

Queridos Cinéfilos:

Creo no equivocarme si afirmo que Robert Redford llegó al conocimiento popular en España como actor con su papel en “Dos hombres y un destino” (“Butch Cassidy and the Sundance Kid”, 1969; todos conocéis la canción, aunque algunos no seáis conscientes de ello: “Raindrops Keep Fallin' on My Head”, ¿verdad?, space cowboys) con Paul Newman de compañero hasta la muerte, pero años atrás ya había participado en un papel secundario (aunque relevante en la trama) de la magnífica “La jauría humana” (1966) y como protagonista en la comedia “Descalzos por el parque” (1967), en ambas formando pareja con Jane Fonda, entonces mucho más famosa que él. Incluso hubo alguna película anterior (“La rebelde”) pero le dejo a José Mª de Juan que hable de ella.

Volviendo a Redford, su encumbramiento total como actor (sumamente atractivo para las chicas de entonces … y para sus madres) creo que llegó con tres películas consecutivas: “Tal como éramos” (The way we were”) con Barbra Streisand (1973), la inolvidable “El golpe” en ese mismo año, de nuevo con Paul Newman, y “El gran Gatsby” (1974) emparejado con Mia Farrow. Fue un auténtico bombazo… Y entonces nos dio la sorpresa de ponerse tras las cámaras (“Él no sale”, se quejaban sus admiradoras) para rodar “Gente corriente” (“Ordinary People”) … y ganar el óscar al mejor director con esta sensible película sobre una familia que recibe el mazazo del destino. Así nos enteremos de que no sólo era una cara bonita que sabía actuar. Siguió participando como actor en varias películas, entre ellas la muy admirada y amada “Memorias de África”, y dirigiendo otras, fundó una escuela de Cine y creó el festival de Sundance (les dio el nombre como homenaje a su personaje en “Butch Cassidy and the Sundance Kid”) como escaparate para películas off Hollywood, donde han brillado tantas que aquí hemos alabado (por decir sólo una: “Pequeña Miss Sunshine”, nada menos).

Hasta aquí, las referencias, por si alguien las necesitaba (la verdad es que temo repetirme como el abuelo batallitas… cosas de la edad y del amor al Cine) y en línea con su última película como director (y actor no principal) “Leones por corderos” (2007, de la que ya se ha escrito aquí, una defensa clara de los derechos sociales frente a la maquinaria de poder de los halcones del Partido Republicano, actualmente encuadrados tras las banderas del Tea Party) ahora Redford reitera su defensa de las libertades con la reconstrucción del juicio por el asesinato del Presidente Abraham Lincoln en las postrimerías de la Guerra Civil Americana (1865), aplicando un zoom en los “manejos” del Secretario de Guerra Stanton que, al frente de los “duros” del Gobierno y ante una opinión pública yankee que reclamaba un castigo ejemplar, se encargó de allanar todas las dificultades legales para juzgar militarmente (lo que no estaba claro que fuera constitucional) a un grupo de acusados, entre los que se encontraba Mary Surratt, sureña y católica (datos que parece que el guionista considera relevantes), patrona de una casa de huéspedes en Washington donde se reunían los conjurados, uno de ellos hijo suyo. Según la tesis defendida por el guión de la película, aquello fue un “arreglo” legal que acabó….(lo dejamos en blanco) … y que tuvo varios epílogos legales sumamente trascendentes que se relatan al final de la película.

Para el que quiera informarse más sobre el caso en sí, he encontrado un link que me ha parecido interesante:


Pero concentrándonos en el aspecto cinematográfico de la película de ahora: “La conspiración”. Creo que es una buena película, muy bien realizada formalmente: dirección, fotografía, montaje, interpretación, sobre todo la de Robin Wright como Mary Surratt y la de Kevin Kline como el Secretario Stanton (huelen a óscar); confieso que a éste no lo reconocí hasta que leí los títulos de crédito, antes le llamábamos el reparto, al final de la película; todo ello en un guión que se concentra en la descripción de los antecedentes, el juicio y los tejemanejes políticos durante el mismo. Por tratarse de un tema de 1865 puede parecernos mucho menos impactante que el caso mucho más inmediato de la Guerra de Afganistán y las actitudes personales de unos pocos jóvenes americanos “éticos y trascendentes” en “Leones por corderos” frente a un rampante político conservador, pero la verdad es que el tema troncal de “La conspiración” es el de la defensa de los derechos individuales frente a la todopoderosa maquinaria estatal, que puede gobernar hasta la Justicia. En conciencia, no creo que pueda haber muchos temas más trascendentes para la democracia. A mí me ha interesado e, incluso, su guión me parece más sólido que el de “Leones por corderos”, por más que aquél resultara más efectista. Al de esta película quizás le falte un poco de garra que nos “emocione”.

Varias críticas en:

De Rodríguez Marchante, el crítico con el que más suelo coincidir (incluye trailer):

De Carlos Boyero, con el que en este caso coincido bastante, aunque yo mejoraría su nota global de la película:

Poniendo por las nubes la interpretación:

Buen CINE, amigos.

Manrique

1 comentario:

  1. He visto "La Conspiración" ayer, siguiendo los consejos de Manrique, cinco años después de que escribiera este comentario.

    Poco se puede añadir a lo que dices: La película plantea la lucha de la defensa los derechos individuales de Mary Surrat, cuya participación en la conspiración para asesinar al Presidente Lincoln es incierta, contra la maquinaria estatal empeñada en una operación de castigo y muerte en la horca contra todos los participantes en el atentado, como método de calmar al país y evitar nuevas conspiraciones de los sudistas en el futuro. La película se orienta claramente a favor de la defensa de los derechos individuales frente al poder del Estado y poco se puede decir en contra de eso.

    Sin embargo, me gustaría añadir un par de matizaciones.

    La primera es que, cuando ocurren los hechos, el país está en guerra y no se yo hasta que punto es lógico juzgar desde la paz actuaciones tan graves ocurridas en tiempo de guerra. Vamos, que es muy fácil para el millonario Robert Redford hacer de "progre de salón" 150 años después juzgando con severidad la actuación de funcionarios de sueldo escaso que solo tenían el objetivo de lograr la pacificación y normalización del país frente a un grave crimen de estado, como es el asesinato del Presidente de la República.

    La segunda es que, restituida la figura del jurado popular unos años después del fin de la guerra, el jurado popular que dictaminó la culpabilidad o inocencia del hijo de Mary Surrat, de cuya participación en el atentado no había ninguna duda, lo declaró inocente. Esto no merece una película, pero a lo mejor si una reflexión.

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